Esta crónica es continuación de la verdadera historia de la relatividad. Colocada por Liomardo el 9 de febrero de 2012.
lo engañoso de la imagen en el otro universo
En las postrimerías de la infructuosa travesía terminaron por alimentarse de frutas, o cualquier otra cosa que encontraran en el camino, pues los pemigos de carga fueron sacrificados, y faltos de experiencia en el arte de conservar la carne la consumieron a la bartola, o sin ninguna previsión para almacenarla. Finalmente, termino el hambre por mellar tanto sus fuerzas como su espíritu. Como resultado de la extraordinaria necesidad se gestaron varios altercados y se dispersaron, menos Loarno, a diferencia de los otros se mantuvo firme al lado de su jefe. Estando familiarizado con la región, se supuso que en un postrero esfuerzo intento devolverse en busca de ayuda, pero la ingente extensión lo supero y las energías le fallaron, derrumbándose seguramente a pocos días de camino.
Transcurridos varios años de búsqueda Beatório y dos hermanos más encontraron finalmente el cuerpo de Esíonio, sepultando solamente la osamenta, que fue lo único que quedo, después que los animales se saciaron de él y la exposición de varios años a los inexorables elementos dejaron poco rastro del fiel servidor. Los despojos fueron reconocidos porque en los jirones de la ropa se le encontró su documento de identificación. Desde ahí en adelante, nadie más oso emprender una travesía de tal magnitud en tan poca compañía, y cuando los herederos quisieron revisar los limites de la hacienda, cargaron con ellos varios potentes binoculares, estuvieron seguros de ubicar los puestos de control espaciados por distancias suficientes, para que los desniveles del planeta no los cubrieran totalmente. Adicionalmente verificaron que la comunicación no se perdiera, corrigieron otras más acciones que fueron pasadas sin cautela y que terminaron por desatar la ruina de la expedición.
Fue este un relato cuyo origen se podría suponer como producto de la leyenda, pero también de la historia. Los hechos se perdían en el tiempo, de tal modo que saber si sucedió o no era imposible. Como sea, manifestaba las dimensiones que se apreciaban en el planeta. Algunos la tildaban de ficción, pues parecía inverosímil que alguien al verse superado no hubiese dado media vuelta y regresado, pasara por alto tan evidentes cálculos y se perdiera en su propiedad, con todo y las extensiones que permitía Maera. Por lo tanto, la imprevisión tan exagerada que mostraba la narración sobre la travesía no cabía en ninguna cabeza, y esto la dibujaba bajo un cielo que inspiraba el ambiente del mito. Sin embargo, el temperamento colérico de Saivílon de Alivesio y la condición tímida de Loarno de Carento, su mentira salida del temor y la extraordinaria extensión del cuerpo celeste, eran hechos factibles; “siendo cierto el último”; con lo cual, los sucesos mencionados se asemejaban a una historia.
Fue la tradición oral que narraba la desgraciada expedición de Saivílon anterior a los sucesos que dieron motivo al actual relato, y este es claramente posterior a todos. Esta última, se caracterizo por ser una época en la que usualmente se escuchaban expresiones de pasmo en las estaciones del nuevo transporte, que se encontraban a través de su sorprendente recorrido por infinidad de ciudades y pueblos. Al lado de las voces sorprendidas, o también provenientes de los mismos labios estupefactos, se elevaron otras que miraban hacia el Maverós, no ya con ruegos, como sucedió en los años anteriores, sino con palabras de agradecimiento. Especial mención tuvo el nombre del magnánimo dios Sirtoleo, deidad que amaba tiernamente a todos los sampiales y el poder que ostentaba lo empleaba solícitamente en aligerar las cargas en la vida de estos mortales; éste, oculto a las miradas de cualquiera y uniendo su esfuerzo al de otros dioses, fomentaba el progreso. Fue él, quien sin abandonar la cumbre del monte Syos influencio el animo de muchos, e inicio la magnifica obra, que aunque redujo los tiempos en los viajes, puso de manifiesto reiteradamente la misma confusión que le quito el sosiego a Nedilio de Oracri, a Vagheroso de Navonreos y a otros más. Obra descomunal, en cuya empresa estuvieron ocupados los pobladores, mantuvo sus corazones atrapados con muy variada emoción, y demando tantos años, que tres generaciones vieron su inicio y conclusión. Consistía esta, de la que recién se acabo de terminar su construcción y por la que se despertaba en los espíritus una muy grata fascinación, en un ferrocarril colmado de pasmosos adelantos, impecables lujos, montado sobre seis rieles, y desde hacia muchos años, seguramente ya esperado por todos los que poblaban el territorio habitado de Maera.
Encerraba el transporte dentro de su camino, o circulaba cerca de cualquiera de los innumerables estados que componían el Sorina, o también llamado Mulbre. Transitaba algo alejado de la mitad del valle de Tiembaséusa y recorría toda la región de Caclonga; llenas ellas de ciudades, pero asimismo de muy extensos y variados sotos que infundían el recelo a lo desconocido, al tiempo que la admiración de aquella espesura virgen. Aparte de estos, estaba la zona que comprendía el territorio llano de Oriluginoso y Veldirenta, junto con los miles de cordilleras principales que los cruzaban. Bordeaba y se adentraba por toda la prolongación de Forciaunito, incluyendo la planicie principal y deshabitada, junto también con la extensa playa del mar de Serindares; que Forciaunito les heredo a sus hijos. La circunferencia de la línea del tren cogía dentro de ella la región de Consicheva y Veclinbron, en donde los hermanos Con y Ven heredaron a sus hijos. En resumen, para no mencionarlos todos, la línea del tren o metrasdo encerraba, o también comunicaba fuera de la circunferencia, a todas las comarcas principales, que hacían a su vez las zonas en que se dividía la ínfima porción de Maera, que alojaba dentro de ella a todos los moradores de este universo.
Regiones que como ya se supondrá no eran para nada pequeñas, ni tampoco planas, “como se podría pensar”. Ciertamente, el tamaño de algo se evidencia es al compararlo, e igualmente, cualquier accidente del maeritorio se mostraba despreciable al mirar la inigualable extensión de Maera; Pues aun la imponente cordillera de Mariamina, o la soberbia extensión de Silsonpea, con todos sus picos más elevados, no eran sino un hilo de escaso trayecto que se dibujaba sobre el suelo Maerico. Además de las elevaciones, formaba el suelo del planeta ingentes depresiones, pero dentro de ellas se levantaban infinidad de altiplanos, y el animo se sentía agobiado al descender con la vista a lo más profundo de los cañones; todo esto se encontraba sin numero, y no escaseaban los mares interiores; de tal manera que siempre habría algo nuevo que ver. Y aunque los sampiales no eran para nada dados a la búsqueda de respuestas; al igual que Nedilio, tuvieron que buscarlas en su pensamiento y en otros lados, desde los primeros días en que entro en funcionamiento el primer tren de esta línea, compuesto de tantos y tan extensos vagones, que la distancia de un extremo al otro del mismo oscilaba entre los diez kipoleros, o algo mas de largo. Conectaba esta vía férrea a Matido y Vitresol, dos de las ciudades principales, haciendo paradas importantes en sus estaciones. Realizaba el camino una circunferencia perfecta, quedando ambas metrópolis ubicadas en los dos extremos de un diámetro del circuito ferroviario, ligando sucesivamente a otras ciudades a medida que seguía su recorrido cerrado entre estas dos urbes capitales.
La cuestión en la hora del reloj que se encontraba alejado: el retraso de la imagen venida de lejos, que se demoraba lo mismo que se tardaba la luz en traerla, y el consiguiente atraso en la hora representada por el reloj de dicha imagen, tuvo especial actualidad luego que el metrasdo empezó a transitar y comunicar las ciudades. Unido a la maquina y a la vía, se levantaron las estaciones, unas más elevadas que otras, las construidas en las metrópolis nombradas, opuestas por el diámetro, superaron a las demás en altura, si bien Navonreos, Talonto, Varegia, Sabilia y algunas ciudades más, espoleadas por el orgullo, quisieron igualarlas, aunque sin el éxito suficiente para alcanzarlas. En diferentes niveles de las edificaciones se incrustaron morrocotudos ventanales que tenían las propiedades del telescopio, “sin contar con un cilindro en donde se encajaban los cristales”, y desde donde los usuarios del transporte, mientras eseraban observaban, o los visitantes se recreaban, contemplando las lejanas ciudades y sus alrededores, sin dejar muchas veces de confundirse varios con el retraso que se veía en los relojes lejanos, que se levantaban sobre las fachadas, o también por otras inconsistencias que se miraban a través del telescopio empotrado, cuya apariencia era la de una gigantesca ventana. Pero esta no fue la primera cuestión, ni fue la única sobre el suelo Maerico, que estuvieron sin respuesta por muchos días; fueron muchas. Y desde antes, otras semejantes ocuparon el pensamiento de muchas mentes.
El punto cardinal que indicaba la puesta de Rahoss en la mitad del año, correspondía al Celinéo del planeta. En su mayor parte la región es montañosa y los habitantes se agrupan en innumerables países, tomando la cordillera el nombre de los pueblos que se asentaron en el lugar desde tiempos remotos; aunque la designación también obedece a otros motivos a parte de los ancestrales. Dispersa en medio de otras esta la provincia de Orcarilma; en su mayor parte circundada por los montes Cachonga. Pues bien, en la parte media de los montes que más próximos están al ocaso durante esa época, se encuentra la región de Montesano, y en ella uno de los pueblos regados por el altiplano, Diamiosos, arcaica ciudad de calles empedradas, abundante en magníficos edificios levantados por las gentes orgullosas de sus magnas creencias, !que cual faro en medio de tempestuosa noche señalan el rumbo al navegante! Pues bien, allí vio la luz por primera vez Osiro Aremos. Fue éste el más sobresaliente de sus hijos: inteligente, de figura delgada, incapaz de apaciguar la búsqueda cuando en su alma se instalaba la incómoda intriga; como aquel que presa del dolor no ceja en sus pensamientos e intentos para expulsarlo de si. Finalmente, sus conjeturas, que no resultaron desacertadas, influenciaron el ánimo de otros para encontrar el límite de ese universo.
Por todos los rincones de la localidad se veían los Diamios, y con frecuencia, dentro del mismo pueblo, bajo la apariencia de un sampial los dioses caminaban encubiertos a las miradas de cualquier mortal, cumpliendo misiones de escasa o de mucha importancia; si bien, dentro de los hijos de Diamio no eran pocos los descendientes de inmortales bajados del Maverós. Los Diamios, o Siltos, hijos del hijo de Diamio, y todos los sucesores que cargan con la herencia, se identificaban fácilmente en cualquier sector de Maera porque el maxilar inferior, junto con los diferentes músculos que lo conforman, resaltan particularmente, dándole a los varones un aspecto agradable, en tanto que en las hembras se insinúa como un talante saludable, notándose claramente esta particularidad al encontrarlos y saludarlos. Reconocidos, además de esto, por su amable trato y un espíritu inquisidor que dio origen a elocuentes adagios. Por determinación genética el pelo de ellos abunda en delicados rizos, o se descuelga ondulante y libre, cayendo con gracia y destellando a Rahoos con suaves fulgores. En las mujeres que no se lo recogen siempre esta revoloteando por delante de su rostro, y son gente que en un momento agonizan de la dicha, y al siguiente, igual que fiera celosa de su comida, mueren de furia. En algunos casos, esta característica de su fisonomía resalta casi hasta el extremo de perderse la delicada armonía de su raza; pero sin llegar a ello. Con lo cual se aviene la belleza de sus facciones, herencia de la sangre divina que corre disuelta por sus venas, con esto que parece una anomalía y resulta una hermosura rara y muy agradable, tanto en los hombres como en las féminas, o samprialas.
Pues bien, no muy distante de Diamiosos se encontraba la Villa de Balueca, y cerca de ella, en la planicie del seslonadro, la vereda de Monte Shecalo. Y allí, adyacente, en otro paraje más de Maera, en donde el suelo le regalaba la vida con sus nutrientes a infinidad de verduras, y toda clase de frutas, de padres pobres pero honrados nació Perixe Apília. A éste se debe y fue el primero en afirmar con convicción que este universo, en el cual corría Maera, tenía una pared al final de su bóveda. Ciertamente, siendo un párvulo aun y recorriendo desprevenido los animados alrededores de Shecalo su curiosidad era latente, pues saltando de una cuestión en otra se asemejaba a la laboriosa abeja que salta zumbando de flor en flor buscando la del mejor néctar. En este trasegar de su vida se intereso por saber cual era la explicación científica sobre el origen de ese firmamento al cual le toco venir; aunque, a parte de la aclaración divina, que poco lo satisfizo, en aquellos años mozos no pudo encontrar respuesta a esa pregunta.
Perixéo y Vrila, viendo los anhelos de Perixe y quienes en todo momento sentían el amor por sus vástagos como pesada carga, o también como tibio calor en el animo estimulándolos, no le insistieron mucho para que aprendiera las labores del campo y todo lo que hay que entender sobre Maera; atinente a arrancarle los frutos de su seno y levantar los animales. Cavilando en darle al joven los elementos necesarios para ocuparse en sus deseos, decidieron invertir el producido de algunas ganancias, y haciendo un esfuerzo mayor, mandar a su vástago a la escuela del sabio Osiro Aremón. Conoció Perixe con él, o en su escuela, los textos antiguos que trataban las mayores incógnitas del Roguloso, o universo de Maera, que ya en el pensamiento de algunos fue motivo de intriga.
En el transcurso de su vida Perixe no solo se dedico a la especulación, sino que ejercito también la investigación probatoria. Heredo parte de la maera que Perixéo repartió entre él y sus otros tres hermanos, dos mujeres y un hombre; o samprialas y sampiales. La espaciosa casa en la mitad del campo se las dejo a las dos hijas, por si no tenían la suerte de conseguir el apoyo de un marido. Exceptuando la forma llana del planeta, que ya para entonces dejo de ser motivo de controversia, el hijo de Perixéo indago y produjo fundamentada conclusión, mostrando algunos aciertos como la predicción de la pared de ese firmamento, la orbita de Maera, la inclinación de la misma bordeando el Roguloso, y el transcurso de Rahoss alrededor del mundo Maerico. Cuando Perixe, cediendo a un deseo que palpitaba en su pecho, abrió la boca para decir que este universo conocido por ellos terminaba en una pared alejada por incontables millones de kipoleros, el parecer de muchos se mostró en desacuerdo y las palabras de todos aquellos que creían en lo contrario no tardaron en replicar. Entre los demás se destaco Meraldio; asistiendo a este encuentro en la universidad, con muy íntimo descontento y cediendo también, pero a un impetuoso espíritu de desacuerdo dentro de él; igual que probar plato de mal gusto en día de contrariedades, dijo:
– Tan difícil es que estemos rodeados por una pared, en el último límite del Roguloso, como que Perixe no nos supiera explicar los secretos de la agricultura. Observación esta, acompañado de un toque venenoso, que insinuaba la incapacidad de Perixe para opinar sobre esto por su modesta extracción.
En realidad no eran pocas las causas de aquella controversia, dentro de ellas la lejanía de la pared límite, que no permitía con la observación sino muy escasa información acerca de las diferentes manifestaciones luminosas que se mostraban en la bóveda; “como para poder emitir un dictamen más seguro”. En su transito Maera no tenía vecinos, no era acompañada ni se cruzaba con ningún otro astro; exceptuando las dos lunas circundándola, y Rahoos igualmente orbitándola y regalándole claridad siempre. Aparte de estos cuatro cuerpos, en el inconmensurable vació nunca se vio otro. Se suponía que Maera giraba sobre si misma produciendo el día y la noche, y no al contrario: rotando Rahoss alrededor de ella; siendo la realidad el contrario mencionado. En comparación al planeta llano, la órbita era en extremo grande y por consiguiente la curvatura se percibía mínima, dando fundamento para que los astrónomos concluyeran que Maera se desplazaba en línea recta. Con esta última suposición se desvirtuaba la posibilidad de una muralla rodeando el cielo, ya que si existiera el dicho muro, en algún momento de su recorrido recto el ingente cuerpo plano lo hubiera impactado. No habiéndose conocido otra estrella diferente a Rahoos, y estando el cascarón del universo mucho más distante que ella, los fenómenos resplandecientes de la pared se creían fácilmente como otra semejante a Rahoos; o como fulgores emanados por muchas parecidas al lucero ya conocido, acumuladas en tupido enjambre.
En aquella era estuvo lejos de cualquier pensamiento considerar como cierta la muralla que encerraba al Roguloso, de tal modo que entre los investigadores, “quienes en su gran mayoría adherían a tal hipótesis”, la conclusión deducida sobre el transito recto del cuerpo, y mencionada poco antes, lo único que hizo fue confirmar sus convicciones y deleitar sus ánimos, en tanto que despreciaban la existencia del muro limite. En esa sazón, la creencia que prevalecía en la mayoría se mostraba más convincente, en medio del encantador meollo que recitaba una antigua leyenda. Explicaba ella la causa de algunos impactos que había experimentado el planeta, pero particularmente el origen de uno de los pedazos de cielo que se desplomó una vez sobre Maera; considerablemente alejado del sector habitado, para fortuna de todos los sampiales que coexistían sobre el suelo maerico. Decía pues el relato, el cual se origino y transito a través de los años en la boca de los hijos de Amb, habitantes del país de ..................................
Para saber mas:
http://www.bubok.co/libros/210146/lo-enganoso-de--la-imagen-en-el-otro-universo
