Se podría empezar la redacción con un viejo aforismo de los oficiales de Artillería que decía: "una bomba, una manzana (de edificio)".
La práctica bélica desde los albores de la civilización, dejando a un lado lo que tiene de bestial, doloroso y antiinteligente, siguiendo por las lindes respetadas por todos de la teoría o el Arte Bélico, las hazañas de los héroes (que las hubo y en gran número), y el bagaje histórico que dejó a sus espaldas, siempre fue el juego de los más fuertes y su demostración y terrorífico discurso hizo uso y empleo de las más variadas, complejas e increíbles prácticas humanas.
En la guerra todo valía, todo vale.
Desde que las tribus de trogloditas se peleaban y mataban a tortas y arañazos, porque sus armas de piedra y madera no les daban para mucho, pasar por el despliegue de grandes ejércitos en la antigüedad (agrupaciones de soldados y pertrechos alucinantes: 60.000 hombres el de Alejandro Magno, 70.000 el de Anibal el Cartaginés, 120.000 el de Marco Antonio en la batalla de Actium), seguir después con las artimañas, el decoro y la educación que se vio de forma curiosa en los ejercicios bélicos de toma de plazas y ciudades en la Edad Media, continuar por los claros enfrentamientos entre naciones, países enteros discutiendo con otros países en la Era Moderna, donde el juego político, el despliegue de medios diplomáticos y las traiciones e intereses particulares, estuvieron a la orden del día y llegar, así, a los siglos actuales donde la internacionalización de los conflictos hizo llamar "mundiales" a las guerras, siempre, siempre existió una relación fuerza-conflicto bélico.
Desde antiguo los jefes de los ejércitos hicieron lo posible y utilizaron todos los medios a su alcance para ganar en los enfrentamientos. La fabricación y el uso de toda clase de armas, de cualquier producto que hubiese en el mercado, espadas, fusiles, cañones, bombas...todo servía para vencer en la guerra.
Los hombres fueron siempre así,. desde la muerte a traición de Viriato hasta los avisos de Rusia de utilizar material nuclear si sus fronteras eran atacadas.
¿Pero qué sucede con la invención de la Bomba Atómica y su posterior utilización en las ciudades japonesas de Hiroshima y Nagasaki?
Pues que el panorama del Arte Bélico cambia de forma, se engrandece, se va por los aires, adquiere dimensiones impensables que nadie se ha atrevido a traspasar después. ¡Con eso hay que tener cuidado!, parecen advertir los hechos y entonces aparecen las estentóreas voces de las naciones poderosas, que se apuntan el tanto y siguen, sin más, esa forma de ver las cosas. Sí, con eso hay que tener cuidado, pero nosotros podemos manejarlo, utilizarlo y tener un arsenal atómico aparente para poder seguir con nuestras voces.
Aparece así, una zona de máximo secreto en torno a esa arma que mueve servicios de espionaje, embajadas y naciones de la Tierra. ¡No existe además, hoy en día, lo que se podría llamar comercio de armas nucleares! Se compran tanques, sofisticados aviones, submarinos, misiles, armas de asalto...pero, ¡no existe comercio de armas nucleares! Por una parte las naciones que lo fabrican, ya por tratados internacionales o por el tabú o la manía creada en torno al arma, no lo comercian, no lo ponen en el expositor, ni los estudios científicos ni las bombas ya confeccionadas, como si hubiesen encontrado el "huevo negro", la solución mágica, el arma definitiva que les conducirá a la victoria. Y por otra, las naciones que no lo fabrican, ya porque sus posibilidades de investigación no son suficientes, o ya porque hayan encontrado problemas internacionales, dejaron de interesarse por ello y se fueron quedando en la estacada, mermadas,así, sus posibilidades técnicas y de defensa, (son muy pocas las naciones en el panorama mundial que luchan por la consecución de la Bomba, quizás demasido pocas para hacer valer sus derechos).
No existe por otra parte una investigación ni un despliegue de armas en contra de esas bombas, no hay misiles- antimisiles, aviones automáticos, ingenios en el aire que desactiven esos artilugios.
Nunca en la Historia había pasado una cosa así.
Cuando el ejército de Anibal y sus unidades de elefantes se fue acercando a Roma, todo el mundo de esta ciudad se preguntaba cómo serían esos animales, su tamaño, las leyendas que corrían sobre ellos, si serían del tamaño de casas o de árboles. Eso mismo es lo que ha pasado y sigue pasando en el pensamiento de la gente en relación con la Bomba Atómica. Todos utilizan una multitud de reparos para hablar de ello y la opinión que más funciona sigue siendo la misma del principio: ¡hay que tener cuidado con eso!
Sin embargo, esos reparos han ido creando en torno a esa arma una cierta aura maligna que en nada favorece el normal desarrollo de los pueblos y grupos humanos. La gente de la calle no quiere hablar de esas cosas porque parece muy lejos el día que las tengamos ahí, en la primera página del periódico o en la pantalla del televisor. Las nuevas generaciones apenas tienen una idea formada del asunto, sino ninguna, lo sitúan como algo novedoso, con los ovnis o los fenómenos paranormales y aquellos que presenciaron aquellas explosiones, las de la guerra, o los experimentos de después, siguen viendo en ello el horror, algo que de ninguna manera tendría solución.
Sería muy difícil, por otra parte, advertir, en esa clase de conversaciones, el síntoma más importante, el del miedo, es muy difícil pillar al ciudadano medio en semejante trampa, seres alimentados, informados y culturalizados, siempre lo hacen con eso, la comida, la cultura y los paseos en bicicleta.
Pero sin duda alguna ese es el síntoma más importante, el miedo, el reparo, el tabú de las cosas y las situaciones. La guerra no existe, las armas nucleares no existen y no solo es que no existan ahora, sino que no existirán nunca en el futuro.
Todo comenzó con el bombardeo de Hiroshima y Nagasaki, dos ciudades del sur del Japón. Lo hicieron los "americanos" para terminar con la guerra. Pero no se sabe muy bien lo que pasó allí, si fue una sola explosión atómica (la que aparecen en las fotos), o un bombardeo con otras clases de bombas. El número de muertes en Hiroshima superó los 60.000, pero hay que tener en cuenta las características de aquella población, con edificios en su mayor parte de madera y la concentración de personas en esos edificios. También de esos muertos, hay que echar la culpa a situaciones secundarias a la explosión de la Gran Bomba, pues muchos de ellos tuvieron que morir a causa de los incendios y en el derrumbe de casa o por accidentes o la confusión creada en esos momentos.
Lo que conviene dejar muy claro es que no hay que echar la culpa de esas 60.000 víctimas a la mera explosión de esa bomba, esa forma de ver las cosas puede crear una idea distorsionada de la capacidad letal de las bombas atómicas.
La Historia siguió después con el inicio de la "carrera armamentista" y sobre todo con los famosos experimentos nucleares.El asunto, entonces, con una cosa y con otra quedó lo suficientemente claro. Los señores que manejaban esos artefactos lo vieron en un segundo, no solo eran ellos quienes podían construirles, sino quienes podrían presumir de ello.
De cualquier forma no es ese el objetivo de esta redacción, sino los efectos perniciosos que todo ello vino a ocasionar en las opinión de las gentes, una opinión que, por otra parte, en esos mismos momentos, se estaba expandiendo y agrandando por el desarrollo de las comunicaciones: prensa, teléfono, radio, televisión...
¿Qué sucedió, entonces? ¿cuáles fueron las serias consecuencias de todo ello?, pues que se delimitaron una serie de fronteras entre el norte y el sur, los poderosos y los no tan poderosos y que, a la vez, hizo que se formase una falsa y miope idea de la libertad de las naciones y su soberanía para construir o dejar de hacerlo, armas nucleares.
Lo primero es lo primero, y es dejar que nuestro vecino se comporte como a él le parezca, respetando las lindes y en un sentido más amplio dejar que cada país elija su destino.
Y después sí, después se puede luchar por la vida, por la naturaleza, por el espacio verde, y se puede separar una cosa de la otra, el rollo civil del rollo militar y respetar las ciudades y sus quehaceres y se pueden crear las normas de juego del uso de ese armamento.
Ahí está entonces el "verlo para creerlo" de todo el asunto. Hasta que no se vean más explosiones, hasta que no se sepan como aparecen y se comportan esas bombas, no se podrá emitir un juicio. Hasta que no se conozca su capacidad letal no se podrá luchar contra ellas.
Hay todavía una serie de interrogantes que adjuntar: ¿los misiles nucleares que aparecen en las fotos de prensa son lo mismo que las cargas usadas para los experimentos?, ¿son más grandes o son más pequeñas?, ¿acertarán en su trayectoria esos misiles? ¿o todo terminará en un fiasco? Por otra parte, ¿por qué todos esos experimentos son iguales o muy parecidos?. ¿es porque el Uranio y el Plutonio no dan más de sí? ¿o porque no se pueden producir bombas más grandes? Y si no se pueden producir esa clase de bombas fuera de lo normal, ¿por qué hay que tener tanto miedo a los artefactos nucleares?
Para terminar, se podrían confeccionar unos pequeños números: si ponemos una cifra redonda de 50.000 personas para las víctimas de la Bomba de Hiroshima, ¿cuántas bombas harían falta para terminar con la ciudad de Tokio con un índice de población de 21 millones de habitantes? Pues harían falta unas 420 bombas atómicas, casi la dotación de misiles intercontinentales de EE.UU, y acaso muchas más debido a la mejor construcción de los edificios y los sistemas de seguridad. Y para destruir Nueva York ¿cuántas bombas harían falta si esa ciudad tiene un índice de 20 millones de habitantes? Pues una cifra parecida, más o menos unas 400 bombas.
Pero también puede ser que esté equivocado en mis apreciaciones y sea verdad el viejo dicho de los oficiales de Artillería de que "una bomba, una manzana".

