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Perdóname, Tina. Te lo suplico. Te imploro que me disculpes. Porque necesito, hoy más que nunca, tu perdón. El menda, al que le horroriza equivocarse, no escapa a esa norma o ley comportamental que dice que todos los seres humanos, todos, sin excepción (servidor incluido, por supuesto, que no da ni la talla ni el perfil de santo), erramos. Te agradezco, de veras, que argumentes de forma incontrovertible y pruebes documental y fehacientemente mis desbarres. Tienes que tener en cuenta que si te adoro, amo y venero, es, entre otras razones de peso, por esto, porque, con tu inteligencia natural, no adquirida o asimilada, me haces ver todos los errores en los que caigo, todos los yerros que colecciono. Ya metí, Tina, y hasta el corvejón, la pata. ¿No te parece? No me pidas que siga marrando sin descanso; insistiendo ahora, verbigracia, en averiguar ¿qué? Cuando y porque, con tu comportamiento intachable, con tu actitud modélica, has vuelto a darme otra lección. Cada vez estoy más convencido y tengo más claro que eres la mejor mujer que he conocido en mi vida, la que sostiene, ofrece y muestra la escala de valores o colección de principios más envidiable. Servidor sería un idiota redomado si no hiciera todo lo posible para persuadirte de que mejoraría muchos enteros a tu lado como persona, siendo tu esposo. Por eso, se quiere casar contigo. Acaso seas inconsecuente en unas pocas minucias, peccata minuta, pero eres coherente al máximo en el terreno de las ideas hechas actos.
Quiero gozar la doble oportunidad de conocerte y de que me conozcas. Quiero vivir dos semanas, al menos, contigo, donde sea, para que te hagas una idea aproximada de cómo soy. Me considero una buena persona (que comete errores, por supuesto; pero no le duelen prendas reconocer que ha incurrido en ellos). Yo sólo anhelo esto, vivir el resto de mis días a tu vera.
Discúlpame, Tina. La única fémina que significa todo actualmente en mi vida eres tú y sólo tú.
Te pido que me des otra oportunidad. Espero haber aprendido la lección y puedes estar segura de que haré ímprobos esfuerzos para no volver a tropezar otra vez con o en la misma piedra.
Cierto; tú no me fallaste. Fui yo el que coligió o infirió mal, marrada y aun marranamente.
Lo que pase, si queremos que suceda, acaecerá más fácilmente si no le ponemos trabas u obstáculos. Lo que siento, con el paso del tiempo, seguirá tal cual o desaparecerá, porque podré sentir igual, más o menos de lo que actualmente siento. La vida sigue demostrando a cada rato que la llama del Amor (si no la cuidan los dos miembros de la pareja; si ambos no están atentos y pendientes de ella) se extinguirá; a eso se le llama divorcio.
Coincido contigo en que lo mejor de mi persona acaso descanse, esté o estribe en el sujeto que más adoro de cuantos amo y venero, tú.
No sé si he llegado a expresarme como quería. Si hay algo que no te cuadra o en lo que entiendes que "extravago", házmelo saber.
Deseo seguir con nuestra relación, pero no he sabido deducir ni interpretar convenientemente, lo siento, por dónde anda, según tú, ahora.
Ansía que te recuperes del todo y te (man)da abrazos a espuertas, besos a tutiplén y caricias a porrillo tu
Félix Unamuno.
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