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emailslectores@laflecha.neto era cosa de negocios;
pues tener dos parejitas
era cosa de capricho,
por si un día apetecía
ingerirse un pato asado
o un huevito de patita
con su cáscara verdosa
y dos yemas amarillas…
Y la abuela se sonríe
destapando la cajita,
pues le vienen mil recuerdos
de la granja que tenía.
Los faisanes, sólo un par,
adornaban la granjita
contorneando con su cola
y encogiendo sus alitas
simulaban paseíllos
de las plazas más taurinas,
como aquel Paco Camino
que sus pasos dirigía
al compás de las orquestas
sobre arenas movedizas…
Esto sí que es un faisán,
¡cuántas veces repetía
recordando la elegancia
cuando el macho presumía
y ofrecía sus amores
a su esposa, tan sumisa,
convencida por "su hombre",
totalmente seducida...!
Y la anciana se nos ríe
refrescando su carita
con caricias de los vientos
que terminan en su esquina…
Y también con su cerdito
maravillas ella hacía;
le seguía al regadío
imitando a su perrita;
recogía las patatas,
las acelgas, las endivias,
los melones y tomates
y aun incluso hasta las guindas
que, maduras y pasadas,
a la tierra se caían…
Un cerdito "diez" en todo,
de presencia y gran valía.
Y la abuela le regala
al cerdito una sonrisa
que ella cree, ya de anciana,
que él muy bien la merecía.
Y me quedan las palomas…
¡Ay, mis pobres palomitas…!
No les falta trigo ni hiero
ni los granos de negrita…
sinceramente,no se si es poema lo que he leido un cuento de niños , no se, pero el hecho de colgarlo a los comentario de quien sabe , le doy las gracia y la enhorabuena por tener el valor.