Los textos añadidos a esta sección emulan las tradicionales Cartas al director de los medios de prensa papel. Es imprescindible incluir en el e-mail, el nombre, los dos apellidos, y la ciudad o municipio desde donde se remite el correo. LA FLECHA se reserva el derecho de publicar tales documentos, así como de resumirlos o extractarlos. No se dará información sobre los emails recibidos.
emailslectores@laflecha.neti vida:
Esta noche apenas he pegado un ojo. He estado reflexionando en torno al asunto que tenemos entre manos. He hecho un montón de cábalas. Puedes creerme. He intentado poner en práctica la lección que cabe extraer de una de las enseñanzas más estupendas de uno de mis maestros elegidos (no impuestos), predilectos, don José Ortega y Gasset: "Yo soy yo y mi circunstancia; y si no la salvo a ella, no me salvo yo".
Detesto la mentira. La aborrezco, sea ésta grande, mediana o pequeña. No la puedo soportar. Me supera, me pone de los nervios, me harta. Cuando a alguien le das la posibilidad de decir la verdad, aun siendo dura, y la rechaza o rehúsa, no merece que le des otra oportunidad, porque resultará baldía, devendrá nuevamente fallida; ya que la persona susodicha volverá, indefectiblemente, por donde solía, a comportarse de manera mendaz. Una de las herramientas o de los medios más usados actualmente para comunicarse, Internet, se brinda a la reprensible mentira. El problema es que la falacia es una pauta de comportamiento tan arraigada en determinados sujetos que éstos no tienen ni la conciencia ni la constancia de que mienten como bellacos, porque la mentira es para los tales el canal habitual por el que cursan sus certezas.
Creo que, en esta vida, Tina, todos los sucesos que nos han acaecido nos influyen (por las bondades o las maldades que nos depararon). Si la actitud benéfica o beneficiosa, que nos depara un premio o trae un refuerzo, tendemos a repetirla, lo lógico sería que, cuando ocurra lo contrario, la desechásemos. Pues muchos de nuestros congéneres o semejantes no; siguen, erre que erre, contumaces, metiendo sus zapatos en el charco (y hasta en el barro) del error.
En esta vida todo tiene consecuencias, por haber hecho o por dejar de hacer o llevar a cabo lo que se debía.
Y ahora te suministro mis suposiciones (que sólo son eso, hipótesis de trabajo). Mi experiencia me dice que la que mantenemos no es la primera relación que sostienes vía Internet. Vienen a apoyar esta tesis tus prevenciones o cautelas, que también has puesto de manifiesto. Fotos poco claras (de rostro irreconocible -yo no soy el único escaldado del medio-) abundan en ello. Tu experiencia con cámara web no debió ser la mejor. He ahí la razón de la demora. Lo he urdido porque pareces tener un conocimiento exhaustivo, ser una experta en su manejo. Reforzaría la verosimilitud del supuesto el hecho de negar que tengas webcam en el ordenador que tienes en casa.
A las 13 horas (algunos minutos antes de esa hora, la pactada) estaré en el cíber-café "Oslo", solo.
Quisiera que entendieras que tengo bastantes primaveras por detrás y (espero que, otras tantas, por delante) no estoy dispuesto a dilapidar el más preciado y precioso don que Dios nos concedió a las personas, la vida.
Te admira y adora, ama (yo sé que tú también, pero hay cosas que no me cuadran, que no me encajan; que dejan el mosaico cerebral, que he ido construyendo, poco a poco, al respecto, incompleto) y venera con toda su alma tu
Félix Unamuno.
Entérate de cuándo hay nuevos comentarios