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Puesto que me haces depositario de tus cuitas, tengo la obligación ineludible e inexcusable de darte (a ver si consigo hacerlo con algún ápice o pizca de arte) pistas o, al menos, indicarte varios caminos por los que, transitándolos (convendría que cubrieras enteramente los trayectos de los tales), puedas llegar a resolverlas.
Dice el dicho que mejor solo/a que mal acompañado/a. ¿Qué motivó que decidieras quedarte a solas? Supongo que sería todo un cúmulo de razones. Entiendo que dicha decisión te exigió días, noches y aún más días con sus respectivas noches de profundos análisis y reflexión, quiero decir, que la tuviste que madurar durante bastante tiempo. Tengo para mí que una relación es un conjunto de problemas, que hay que solucionar (de la mejor manera, sin que haya perjudicados o, habiéndolos, que éstos sean los menos), y de bendiciones, que, aparentemente, no cuesta nada disfrutar de ellas. En la balanza, a veces, los pocos pros pesan más, infinitamente más, que las muchas contras (sobre todo, si éstas han ido adelgazando, de golpe o paulatinamente, hasta desaparecer, descargando el platillo que las contenía). Creo que estamos en este mundo y en esta vida para aprender múltiples lecciones (que, en su inmensa mayoría, tienen que ver con el ámbito de la actitud o el comportamiento, que no miento), para sacar variadas enseñanzas, o sea, ser perspicaces. La inteligencia es el conjunto o grueso de saberes del que va haciendo acopio una persona a lo largo y ancho de su tránsito por este valle de lágrimas al objeto de solucionar problemas de todo tipo.
Discutir no es una acción mala en sí misma; al contrario, es beneficiosa, siempre que se mantenga un mínimo de respeto y extraigan provecho quienes disputan verbalmente. Lo que debe primar en el debate es el brote de las ideas, o sea, que surjan los argumentos y los razonamientos de las proposiciones que sean. La tolerancia es un bien que hay que cultivar y extender por doquier, pero no todo es tolerable.
He urdido lo que precede porque, por ejemplo, repetimos hasta la saciedad (en esta sociedad en la que abunda tanto la suciedad) la gran necedad de que todas las opiniones son tolerables. Quizás porque no tenemos nada claro que lo auténticamente respetable es el hombre, en cuanto tal, y su facultad de pensar y expresar lo pensado; sea esto lo más idiota o lo más imbécil, lo que no merece respeto alguno, como es obvio. Empero, de esto juzga la cabal intelección y no la, falta de asesores, prisa. Para que veas dónde puede desembocar una argumentación sin aparente ni flagrante tacha.
Conoces mi parecer de que no somos buenos ni malos siempre (aunque pretendamos serlo en todo momento y lugar). Me parece propio de un ser cicatero arrogarse los beneficios de una relación de pareja e imputar al otro, a la otra, los perjuicios de la misma. Creo que, en un dúo o tándem, ambos son culpables de lo mejor y de lo peor (uno en mayor grado que otro, claro; extremo que adviertes o al que llegas cuando te interesas y metes de lleno en el caso concreto).
Como temo que pueda desbaratarse, quiero decir, venirse abajo la tesis (dos técnicos están arreglando los ordenadores que hay en la otra parte del mueble, que se está meneando -menos mal que acostumbro a releer hasta tres veces lo que escribo, porque había urdido y dado por bueno meando- más que si padeciera una enfermedad convulsiva, verbigracia, el baile de San Vito), te mando lo que llevo trenzado y sigo en otro, por si acaso.
Te ama tu
Félix Unamuno.
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