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emailslectores@laflecha.neteniendo en cuenta (o tomando en consideración) el bocadillo que ideó un humanista (amén de humorista -usted, desocupado lector, no ignora la distinción, ya clásica, que existe entre un cómico y un susodicho, y que hiciera in illo témpore "George Burns", seudónimo de Nathan Birnbaum, de que "quien nos hace reír es un cómico. Quien nos hace pensar y luego reír es un humorista"- sagaz) para su chisme o chiste de la jornada, preparó él mismo y sirvió el tal, un cachondo mental (que solía tomarse casi todo a chacota o chirigota), para el desayuno de los adultos (algunos, ciertamente, adúlteros o adulterados) y la merienda de la chiquillería (incluimos aquí también a cuantos disfrutan de una edad nonagenaria), en los chantajes que hacen algunas madres (que, ahítas, ansían que llegue cuanto antes el próximo fin de semana para ceder o delegar, gustosas, las riendas del orden familiar a sus escaqueadores mariditos) a sus crías/os, tal vez puedan encontrarse las raíces de las amenazas de difamación pública y privada que hacen quienes aspiran a estrenarse o ser desvirgadas, es decir, los adolescentes a las que gozan de los hímenes íntegros (los unos, entre sí; y las otras, entre ellas), y viceversa; y los avisos de daño inminente de diversa naturaleza o especie y vario jaez o pelaje que las/os púberes hacen para obtener el rédito que sea de quien/es sea/n, empujándole/s a conducirse actitudinalmente de uno y no otro modo.
Si los comportamientos (que no miento) aducidos o las conductas arriba indicadas no son bocetos o facetas concretas de ese poliedro que hemos dado en llamar con un vocablo inglés, "bullying", acoso a un/a estudiante por parte de sus compañeras/os de colegio, que venga Dios y lo vea, porque se le parecen bastante, demasiado.
Como guiño o seña (homenaje es vocablo mayor) a uno de los maestros más dilectos de servidor, don Guillermo Cabrera Infante, que, como le ocurriera a mi progenitor, también finó sus días (pero, cual renacuajo, sigue viviendo y coleando en muchas páginas de sus libros) en este valle de lágrimas, y a su celebérrima "Tres tristes tigres", este andóbal desea coronar la presente urdidura o "urdiblanda" con el parágrafo que continúa:
Aunque no seas más que una muchacha o muchacho, hazme caso y métete esta idea en tu caletre, cajón de sastre (o desastre de cajón): no te achantes jamás ante la/el chantajista. Denúnciala/o. Comprobarás que el/la trigre/sa ha devenido lindo gatito, o sea, que el felino feroz, la onza más fiera de la feria, no es más que un minino mínimo.

Puesa mí la tesis que mantiene el autor me ha parecido muy interesante.