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Acabo de recibir tu segundo SMS de la tarde, Tina

08 Sep 2008 | por: Ángel Sáez García
M

i vida:

Acabo de recibir tu segundo SMS de la tarde, Tina. Me dices que te gustaría tenerme cerca para cuidarme. Tú ya me cuidas, cariño. Puedes estar segura de ello. Me cuidas cuando te preocupas por mí, cuando me escuchas, cuando me lees entre líneas, cuando me llamas por teléfono, ora al fijo, ora al móvil; cuando me dejas acariciar tu cuerpo (no sólo tu limpia, luenga y nigérrima cabellera, que tanto me gusta), en la distancia, por la noche, estando el menda acostado (mas no de costado, sino decúbito prono) en la cama, a punto de conciliar el sueño; cuando me mandas SMS sin cuento y cuando me dices que me amas, porque entonces también me amas, sí, y, por supuesto, huelga señalarlo, me cuidas.

Ya ves, cómo es el Amor, mi bien, un alud o aluvión arrebatador. A ver si a ambos nos nace, pace y place la calma, porque la precisamos con urgencia. Los dos, almas gemelas mutuas, medias naranjas recíprocas, sin ninguna hesitación, dependemos y sentimos tanto la una por el otro (y viceversa), que padecemos hasta los mismos síntomas, idéntica hipertensión. Otra razón más, que, si aún había para ti, para mí o para ambos, algún resquicio por el que pudiera colarse de rondón la duda más flaca, acrecida a las restantes, contribuirá a disiparla totalmente.

Yo lo que más quiero es estar a tu lado. Cada vez que escucho tu voz, se me abre el cielo. Ergo, puedes llamarme cuando te pete. Esté llevando a cabo una labor u otra, realizando lo que sea, Tina, puedes decirme ¿qué acción o tarea puede mejorar la de cruzar unas palabras con la mujer que amas con pasión, íntegramente?

A lo de la distracción, ya te contesté en el anterior. En el locutorio una señora hablaba, en esos precisos momentos en los que nosotros tratábamos de hacernos entender, con la cabina abierta, dando tales bocinazos o vozarrones, que no reparó en lo obvio, que no necesitaba la herramienta que inventara Bell. Se podría haber ahorrado la llamada. Tengo para mí que cuantos posean un oído finísimo en su tierra la escucharon.

¿Qué comentarios ha hecho el galeno que te ha atendido cuando ha contemplado tu electrocardiograma, mi bien?

Si puedes (y te has recuperado y te sientes bien), toma, por favor, la semana que viene el vuelo que contrataste para ir a Venecia. Creo que nos vendría de perlas a los dos poder recorrer juntos, en góndola, sus variopintos canales, durante el próximo puente.

Celebro que se hayan normalizado los valores de tu presión arterial. Mañana empiezo con la medicación, Eneas (de esa guisa se llama también el héroe y protagonista de "La Eneida", de Virgilio; de la que, si no recuerdo mal, in illo témpore, durante la carrera, tuve que traducir su libro IV, el que versa sobre su trato y amores con Dido, la reina de Cartago), que me ha prescrito mi médico de familia. No te preocupes, porque yo estoy bien.

Ya verás cómo, para la primera quincena de agosto, estamos ambos como dos reses bravas, con ganas de arremeter, de embestir (tras desvestirnos, por supuesto; que, para entonces, la canícula hará de las suyas).

Te ama, porque eres la razón de sus días, quien te admira, adora y (man)da abrazos, besos y caricias a porrillo, tu

Félix Unamuno.


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