A muchos fans de la manzana, lo que más los atrae de Apple no es lo que ya saben y poseen, sino lo que no conocen todavía. Un caso evidente se produce en el ámbito de los rumores, de las posibles mejoras de sus productos. Y es que de una marca que ha sido capaz de tantas cosas bien hechas en los últimos años solo se puede esperar que siga generando productos mágicos en el futuro.
ero, ¿y qué ocurre con el pasado? ¿No es cierto que también ansiamos conocer todas las historias curiosas y divertidas que ocurrieron mientras se creaban algunos de los aparatos tecnológicos que han definido nuestra época? Hace unas semanas os trajimos uno de estos detalles cuando se explicó el origen del prefijo "i" que antecede a muchos de los nombres de gadgets actuales de Cupertino.
Hoy venimos con otro suceso increíble del que podemos extraer algunas conclusiones interesantes. Tiene como protagonista a Steve Jobs y Andy Hertzfeld. Se trata del encargado de diseño de la interfaz de Google+ y antiguo responsable de software en Apple, de los años 1979 hasta 1984.
De aquella época vamos a hablar hoy, sobre una genial idea que rondó un día por la cabeza de Jobs. Al parecer, por las tardes solía pasarse por la empresa para ver cómo iban los proyectos de desarrollo. Era un momento tranquilo en que el equipo mostraba los progresos y recibía instrucciones del actual chairman de Apple. En cierta tarde, Jobs exclamó:
¡Mister Macintosh! ¡Necesitamos a Mister Macintosh!
La pregunta posterior por parte de Andy no se hizo esperar, "¿Quién es Mister Macintosh?"
Mr. Macintosh es un hombre misterioso que vive dentro de cada Macintosh. Aparece de vez en cuando, cuando usted menos se lo espera, luego hace un guiño y desaparece de nuevo. Será tan rápido que no estará seguro de si lo vio o no.
Andy volvió a pedirle más detalles, pues la ocurrencia le atrajo la atención:
Una de cada mil o dos mil veces que despliegue un menú, en lugar de los comandos normales, obtendrá a Mister Macintosh, apoyado contra la ventana del menú. Le saludará y entonces desaparecerá rápidamente. Usted tratará de conseguir que vuelva, pero no será capaz de hacerlo.
Para un experto en software como es Andy Hertezfeld el reto le cautivó desde el mismo principio. Aseguró a Jobs que crearía el software para dar vida a Mister Macintosh, pero que primero debía rematar cosas más importantes en el sistema operativo. El momento llegó, no sin inconvenientes. En aquel tiempo, la mayor parte del SO iba dentro de la memoria ROM de la computadora y ante la escasez de capacidad para introducir el dibujo de este señor en esa pieza de hardware Andy desarrolló una rutina que llamaría a un proceso externo para realizarla.

Steve Jobs por su parte, se encargó de gestionar la creación artística del personaje contratando a Jean-Michel Folon, un ilustrador belga. Finalmente, toda aquella genial idea quedó en meras palabras y en un dibujo que, para el recuerdo, como un guiño a aquella anécdota divertida, se agregó a las placas electrónicas del Macintosh fabricadas durante 1983 (como podéis ver en la imagen superior, borde derecho) y a algunos pines conmemorativos encargados por la empresa.
Sin embargo, realmente es una lástima que aquel hombre misterioso jamás se materializara dentro de un Mac. Aunque está por ver si no se hubiese acabado pareciendo al molesto clip de Microsoft Office… no, Apple sabe trabajar de manera más elegante. Como moraleja queda un mensaje que extraemos de la historia: para hacer grandes productos hay que dejar otros en un cajón, ¿qué habría pasado si se hubiese dado prioridad a desarrollos alternativos en lugar de los que tenemos hoy en día?

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