Dicen que más vale calidad que cantidad. Un servidor opina lo mismo. No siempre más es mejor y esto aplicado a las tiendas de aplicaciones para dispositivos móviles nos hace pensar irremediablemente en la App Store. El servicio ya ha superado las 250.000 aplicaciones y, reconozcámoslo, en una cifra tan imponente tienen cabida numerosísimos despropósitos como simuladores de ventosidades o vasos de cerveza virtuales que se vacían a golpe de acelerómetro.
l Vicepresidente de Gestión de Plataforma de Producto de RIM, Alan Panezic, se ha referido a la inutilidad por exceso de la App Store para defender las "escasas" 10.000 aplicaciones disponibles en su BlackBerry App World. Éste alega que todas esas apps son de enorme utilidad en contra de los decepcionantes ejemplos que podemos encontrar en los mercados de A y Google:
"No necesitamos 200 apps pedorras en App World. Son aplicaciones que usas tres o cuatro veces y después no vuelves a abrirlas jamás. ¿Para qué tanta aplicación que no añade valor alguno a tu dispositivo?"
Ésta es sin duda una buena justificación de las menores cifras de una App World que, sin embargo, tiene muchas otras cuestiones por las que preocuparse si quiere mirar de tú a tú a la competencia.
El propio Panezic reconoce que las aplicaciones de BlackBerry son "jodidamente caras" en comparación a los precios de sus rivales. Mientras que en Android o iOS el precio de partida es de 99 centavos, en la App World los pagos han de ser como mínimo de $3, lo que estaría impidiendo al servicio despegar de forma contundente.
La limitada potencia gráfica de los dispositivos está impidiendo además la llegada de numerosas aplicaciones de gran calado en otras plataformas como los propios juegos (algo que podría solucionarse vía PlayBook) y la accesibilidad al App World deja mucho que desear, no siendo pocos los usuarios que ni siquiera fueron conscientes en un principio de su existencia.
Pues sí, puede que la tienda app de RIM tenga más calidad que cantidad pero es que son tantos sus contras que ese argumento difícilmente puede enterrarlos. Si la propia compañía es consciente de sus elevados precios ¿porqué no comenzar bajándolos en busca de su competitividad por ejemplo?
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