Si la gente se intercambia recetas de libros de cocina, ¿cómo no va a poder utilizar y modificar programas de ordenador para lo que necesita y luego distribuirlos a otros usuarios?, viene a decir Richard Stallman, pionero y apóstol del llamado 'software libre. Es, en definitiva, la antítesis de Bill Gates, el fundador de Microsoft, aunque son casi de la misma generación.
n el Palacio Euskalduna de Bilbao, Stallman (Nueva York, 1953) abría el congreso dedicado a 'Los desafíos de la identidad ubicua' que se celebra en el marco del festival Ciberart, en medio de la complicidad y los aplausos de los asistentes a la conferencia.
Por su aspecto -cabellera y barba de mucho tiempo, niki granate, pantalón y zapatos deportivos-, se diría un hombre espiritual de la India en peregrinación por Europa, y algo de eso hay cuando proclama que en la informática no se deben eludir cuestiones éticas y filosóficas. En su opinión, «la libertad es mucho más que el hecho de poder elegir entre muchas opciones convenientemente numeradas».
Stallman reiteraba ayer su cruzada contra las restricciones legales y los códigos cerrados con que las grandes corporaciones editan y ponen a la venta el software, los programas que dan vida a los ordenadores; en realidad, contra el 'establishment' entero, ya que opina que en EE UU el marco legal favorece los intereses de aquéllas y en Europa se va por un camino parecido.
«Si la UE acepta determinadas patentes -advierte-, entonces nuestros programas serán prohibidos», advierte este libertario doctor en computación que a mediados de los 80 dimitió de su puesto en el Laboratorio de Inteligencia Artificial del Instituto de Tecnología de Massachussets, «para que usaran mi software, que aún no tenía acabado, como producto privado».
Veinte años después, su sistema, unido al asignador de programas Linux, es usado en todo el mundo por «decenas de millones de usuarios» y altamente apreciado entre los 'hackers' o apasionados de los ordenadores.
«Cuando compartes tus programas, entonces dicen que eres un pirata, que intentas abordar un gran barco. Pero, entre ayudar al vecino y saltarte una licencia o dejar de ayudar al vecino y respetar la licencia, yo creo que hay que elegir el mal menor; es decir, saltarte la licencia y favorecer a tus semejantes», sostiene Stallman, que aconseja a los usuarios modelos autogestionarios, como pagar a escote a programadores particulares para hacerse con el software más conveniente y flexible.
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