Virus contra disidentes, "kits" para tumbar servidores de gobiernos, medios de comunicación silenciados. En el primer aniversario del bombardeo contra Estonia, expertos de las compañías Trend Micro y Arbor Networks han alertado del auge de los ataques por motivos políticos en Internet. La CNN, Radio Liberty o los grupos pro-Tibet son los últimos afectados.
ucedió hace un año, cuando el
gobierno de Estonia retiró la estatua del Soldado Soviético
Desconocido y las protestas rusas saturaron las redes estonianas.
La llaman la primera guerra de Internet y, también, el
resurgimiento del "hacktivismo", una práctica nacida en
los 90 que significa "usar la tecnología para conseguir un
objetivo político".
El consultor independiente Dancho Danchev prefiere hablar de
"guerrilla de la información del pueblo, cuyos ordenadores se
convierten en estaciones de bombardeo en nombre de 'introduzca
su causa'". Pone como ejemplo los ataques turcos a miles
de sitios suecos por una caricatura de Mahoma, o las contiendas
entre Israel y Palestina, donde se reparten "kits" para
asaltar sitios de ambos bandos.
Pero la guerra de Estonia marcó una importante diferencia: de los
ataques de internautas concienciados que ejercían su derecho a la
ciberpataleta se pasó a grupos organizados, casi militares, con
oscuros intereses y procedencias, cuyas "botnets" (redes
de ordenadores infectados bajo su control) bombardearon sin piedad
al adversario.
Lo cuenta el experto en seguridad Gadi Evron en uno de los pocos
análisis públicos sobre los incidentes, publicado recientemente.
Según Evron, fue "una operación a gran escala muy bien
planeada en línea. Días antes, los foros rusos bullían con los
preparativos, publicaban listas de objetivos e instrucciones tan
simples que cualquier internauta sabría seguirlas".
Los ataques empezaron el 26 de abril contra oficinas
gubernamentales. Al día siguiente se habían extendido a otros
sitios, incluidos bancos, agencias de noticias y escuelas.
"Aunque nuestros sistemas no pudieron demostrar la fuente de
los ataques, es indiscutible que los foros y blogs rusos fueron los
responsables", asegura.
Los intentos de defensa de Estonia contra el enemigo exterior
fueron desactivados con una ingeniosa táctica, explica el experto:
"Infectaron ordenadores de ciudadanos de Estonia, con los que
crearon "botnets" que lanzaron contra nuestras
redes". Así, eran las propias máquinas del país quienes lo
atacaban.
Esto demuestra, según Evron, que después de los primeros ataques de
los internautas rusos, "jugadores más experimentados entraron
en la contienda". El gobierno ruso no sancionó públicamente la
protesta hasta tres semanas después. Y Evron se pregunta: "¿Un
ataque por Internet debería garantizar una reacción de la OTAN?
¿Qué derecho tiene un país a la autodefensa en caso de
ciberguerra?".
Otros casos ocurridos en los últimos meses piden también
respuestas. A principios de 2008, Arbor Networks denunciaba el uso
de "botnets" en un bombardeo de varios días contra webs
del candidato a primer ministro de Ucrania, Victor Yanukovych, y
otro contra sitios del partido "La Otra Rusia", durante
las elecciones rusas.
En marzo, el portal oficial del Gobierno Tibetano en el exilio caía
bajo un ataque parecido. La empresa F-Secure avisaba: "Alguien
está mandando correos con virus para infectar los ordenadores de
grupos pro-Tibet y espiarles". La Red de Apoyo a Tibet
denunciaba: "Quien sea que lo esté perpetrando, lo hace a
tiempo completo".
El 20 de abril, la web de la cadena CNN desaparecía durante tres
horas por un ataque organizado desde blogs chinos, que criticaban
el tratamiento dado a los sucesos en Tibet. Sitios como
anti-cnn.com y hackcnn.com distribuían programas que realizaban
automáticamente el bombardeo.
Mientras, en los Balcanes, grupos pro-Kosovo asaltaban masivamente
sitios web para poner en ellos propaganda. Grupos pro-Serbia hacían
lo mismo contra sitios albanos, publicitando listas de webs
vulnerables de aquel país, como el Banco de Tirana o el Partido
Socialdemócrata, y "kits" para asaltarlas.
A finales de abril, el sitio de Radio Liberty en Bielorrusia caía
bajo un ataque que se expandía en pocas horas a otras sedes de esta
radio en Europa del Este y Asia. El motivo: la retransmisión de una
manifestación de la oposición bielorrusa. Ha habido más casos pero,
afirma el SANS Institute, "no se han dado aún a conocer para
no entorpecer las investigaciones".
La mayoría de incidentes proceden de ordenadores rusos y chinos
pero, dada la naturaleza de Internet, es muy difícil determinar su
auténtico origen. Aún así, en los últimos meses los gobiernos de
Bélgica, Alemania, Gran Bretaña, India y EEUU han denunciado
públicamente a China por ataques a sus redes. El gobierno chino lo
niega, aduciendo que no puede controlar a los atacantes.
Manel Medina, director del equipo de seguridad esCERT, apostilla:
"Los ataques políticos los hacen políticos, sea en activo,
desde la oposición o la clandestinidad. Y los políticos con más
recursos económicos son siempre los que están en activo, es decir,
los gobiernos".
Según Medina, "la Comisión Europea está alineando todas sus
fuerzas de respuesta a incidentes de este tipo y la protección de
las infraestructuras críticas es uno de los temas estrella".
España y otros seis países de la OTAN están creando en Estonia un
Centro de Excelencia en Ciberdefensa. Y el gobierno de EEUU acaba
de presentar su Iniciativa para la Seguridad Cibernética Nacional,
con un presupuesto de 11.000 millones de euros.
Se llama "cracktivismo"
Las dos formas de acción política más común en Internet son los
bombardeos y el asalto de webs. En el hacktivismo clásico, estas
webs se atacaban de forma selectiva hasta que llegó la moda del
"mass web defacement": entrar directamente en los
servidores que las alojan y asaltar decenas o cientos de una
tacada, para dejar en todas el mismo mensaje de protesta.
Buscando la misma rapidez y eficacia, los bombardeos desde
"botnets" han sustituido a las manifestaciones virtuales
de los 90: "Con programas muy sencillos, utilizables desde
cualquier ordenador personal, el hacktivista realizaba continuas
peticiones a una misma página web. Era similar a congregar en la
puerta de un banco a 200.000 personas", explica el hacktivista
Pablo Garaizar.
Aunque aquellas manifestaciones puedan verse como bombardeos,
Garaizar aclara: "No eran más que sentadas virtuales hechas
con medios tecnológicos sencillos, al alcance de cualquiera que
desease sumarse. Sus razones y modos están muy lejos de las
"botnets" de las cibermafias, cuyo abuso destruye la
libertad de la red y propicia la adopción de medidas cada vez más
restrictivas".
Manel Medina puntualiza: "Se puede cortar una carretera con un
camión o con personas sentadas en el asfalto, pero el resultado es
el mismo: que usuarios legítimos de la infraestructura no la podrán
usar, con lo que estamos dañando a los ciudadanos y no al portal,
que incluso puede salir beneficiado, desarrollando en el futuro
mejores mecanismos de seguridad".
Medina propone distinguir dos corrientes de activismo cibernético:
"Los pacifistas, con acciones controladas
"manualmente", y los guerrilleros, con acciones
realizadas por comandos autónomos ("bots") potencialmente
incontrolables. Estos podrían llamarse "cracktivistas" y
usarían "armas de destrucción masiva"".
Garaizar añade a esta distinción: "Los hacktivistas no
pretenden vencer, sino convencer, se centran en la batalla
ideológica, su objetivo no es tumbar un servidor sino llegar a las
mentes de quienes asisten a sus acciones. El cracktivista utiliza a
las personas y sus ordenadores como meros fines para incrementar su
poder e imponer sus criterios".
Si quieres recibir cada semana las noticias más interesantes suscríbete a nuestro boletín.
Entérate de cuándo hay nuevos comentarios
