Robert Lazarski, un programador de Estados Unidos, conoció a una chica brasileña en un tren en Europa. Poco después se casaron y se mudaron a una ciudad costera en el norte de Brasil.
azarski, de 38 años y con pelo rubio y largo, comenzó a buscar trabajo. De modo que abrió un negocio en Internet: tercerización. Tras un comienzo lento, Lazarski dice que su negocio de programar software para pequeñas empresas estadounidenses va bien. Además, disfruta del "mejor clima y la mejor calidad de vida" de Brasil. "Todo va por el buen camino".
La tercerización también parece funcionar muy bien en este país. Tras una serie de acuerdos en tecnologías de la información, Brasil se está convirtiendo en el gran ganador latinoamericano del auge de la tercerización global. El año pasado, Gap Inc., la cadena estadounidense de ropa, trasladó su trabajo de computación a Brasil. La decisión forma parte de un acuerdo de 10 años y por un valor de US$1.100 millones con International Business Machines Corp. Whirlpool Corp., el fabricante de electrodomésticos de EE.UU., gestiona sus datos corporativos aquí, y algunas compañías estadounidenses más pequeñas usan a Brasil para probar por primera vez la tercerización.
Con una zona horaria y una cultura más próximas a EE.UU. que Bangalore o Beijing, pequeños operadores como Lazarski y multinacionales como IBM y la consultora Accenture apuestan a que Brasil será pronto el mayor centro de América Latina para trabajos baratos de apoyo corporativo y una de las cinco principales ubicaciones en el mundo.
Las posibilidades de Brasil en el mercado global de la tercerización son un efecto secundario del éxito que ha tenido India. Las grandes empresas indias como Tata Group hicieron que trasladar al extranjero tareas administrativas y de computación se convirtiera en un gran negocio. Ahora, este mercado de US$47.000 millones al año crece a un ritmo anual de 20%, demasiado rápido para que India pueda absorberlo todo, según Everest Group LP, una consultora especializada en tercerización.
Un gran atractivo de Brasil es que su horario está sólo una o tres horas por delante del de Nueva York, dependiendo de la época del año. En cambio, la zona horaria de India está 11 o 12 horas por delante de la costa este de EE.UU. Otra ventaja que muchos esgrimen es la de los "valores compartidos". A veces, las diferencias culturales han estropeado proyectos en Asia. "Un 'sí' en Brasil normalmente significa 'sí'. En India, puede significar 'no'", dice Peter Bendor-Samuels, presidente de Everest Group.
A diferencia de India, Brasil ya tiene un importante mercado local para ordenadores y servicios, que factura unos US$7.700 millones al año. Eso significa que muchas de las grandes compañías de tecnología ya tienen una presencia en Brasil. En 2004, por ejemplo, IBM comenzó a invertir US$100 millones en sus operaciones brasileñas, basadas principalmente en su ex fábrica de ordenadores en las afueras de São Paulo. El personal ha crecido rápidamente desde entonces, en gran parte para gestionar trabajos nuevos para clientes como Whirlpool. En 2006, IBM agregó 2.000 empleados a sus operaciones brasileñas para llegar a un total de 10.000 empleados. Whirlpool pagaba a IBM para que proveyera asistencia técnica en portugués a su división de Brasil. Pero, cuando en 2005 decidió tercerizar partes de sus operaciones computacionales de EE.UU., esa tarea también terminó en Brasil, dice Brent Glendening, vicepresidente de sistemas globales de información de Whirlpool.
Las compañías de tercerización dicen que su mayor obstáculo es que lo único que muchos estadounidenses han escuchado sobre Brasil es su destreza para el fútbol, la samba y sus violentas favelas. Para pulir esta imagen, el año pasado el gobierno brasileño y el grupo comercial Brasscom pagaron a la consultora A.T. Kearney Inc. para que realizara una serie de presentaciones en conferencias para compañías en EE.UU. Ahora, los consultores comienzan a hablar de Brasil y predicen que 2007 será el año en el que el país recibirá un mayor reconocimiento como un destino para la tercerización.
Irónicamente, el sector tecnológico brasileño recibió un fuerte impulso gracias a su caótico pasado. Durante los años 80 y 90, la prohibición de importar ciertos ordenadores para empresas favoreció la fabricación interna. Y, para lidiar con la galopante inflación de esos años, los grandes bancos tuvieron que desarrollar complejos sistemas informáticos. "El gobierno llamaba un viernes para decir que el lunes la moneda tendría tres dígitos menos", recuerda Ricardo Saur, director ejecutivo de Brasscom.
Como consecuencia, el país tiene más gente con talento en programación que sus rivales en la región. Los trabajadores cualificados de México tienden a irse a EE.UU. y los argentinos, si bien están altamente calificados, son pocos: sólo 38 millones de habitantes frente a los 190 millones de brasileños. Esto deja a Brasil como la mejor opción para proveer trabajadores para las "fábricas", el término que se usa en el sector para describir a los enormes centros corporativos donde los trabajadores supervisan los sistemas, programan software o gestionan llamadas para empresas extranjeras.
Últimamente, las firmas indias también se están desplazando hacia Brasil. En junio, Wipro Technologies, un proveedor de servicios de tecnología de Bangalore, pagó US$50 millones por una compañía portuguesa de software, y contrató a sus 70 empleados en Brasil. Sudip Banerjee, presidente de soluciones de empresa de Wipro, prevé que el centro brasileño crecerá hasta 200 personas.
Aunque Brasil no es tan barato como India, sus salarios aún son considerablemente más bajos que los de EE.UU. Lazarski, que comenzó su compañía de software, Brazil Outsourcing LLC, hace dos años y medio, dice que lo hizo como una manera de conseguir dólares estadounidenses en el extranjero. Cobra US$25 por hora por crear páginas Web y programas de base de datos para varios clientes de EE.UU. "Estoy ganando el doble (del salario local) y ellos sólo pagan el 50% (respecto de los costos en EE.UU.)", dice.
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