La modernización del negocio de la distribución está muy cerca de alcanzar un hito con la implantación de las soluciones de etiquetado por radiofrecuencia, una tecnología que permitirá al sector mejorar la cadena de suministro y evitar unas pérdidas anuales de 24.000 millones de euros en toda Europa.
a identificación por radiofrecuencia (tecnología RFID) funciona a través de una etiqueta electrónica que contiene un código y un número de serie únicos, con información detallada de cada producto -procedencia, fecha de caducidad, precio...- que luego puede leerse a distancia con un ordenador de mano o sensores ubicados en el almacén.
El chip inteligente, desarrollado bajo el estándar global
Electronic Product Code (EPC), ya ha comenzado a utilizarse en
varios países, como los Estados Unidos, Alemania, Suiza o el Reino
Unido.
En España, la Dirección General de Telecomunicaciones y Tecnologías
de la Información ha anunciado la liberalización de la banda de
frecuencia 865-868 Mhz para su utilización por dispositivos de
radiofrecuencia a partir del próximo 1 de enero.
La Asociación Española de Codificación Comercial (AECOC) destaca
que la liberalización de esta banda permitirá a España
compatibilizar su tecnología RFID con la de once países europeos, y
la de otros veintidós de todo el mundo.
La implantación de esta nueva tecnología, que con el tiempo
sustituirá al ya tradicional código de barras, permitirá al sector
evitar una pérdida desconocida (hurtos internos y externos, y
errores de gestión) de unos 24.000 millones de euros anuales en la
cadena de suministro.
La propia Comisión Europea (CE) ha reconocido las ventajas de esta
nueva tecnología y ha abierto recientemente una consulta pública
con el objetivo de presentar en el tercer trimestre del año una
propuesta para armonizar los estándares técnicos, y garantizar así
su compatibilidad internacional.
La Comisión reconoce las "grandes oportunidades" que el
RFID brinda a las empresas y usuarios.
Entre las múltiples aplicaciones se encuentran la facturación
automática de los artículos adquiridos en un supermercado, o la
emisión de alarmas para recordar al consumidor la fecha de
caducidad de algún alimento.
Para las empresas distribuidoras, el RFID supondrá importantes
ventajas logísticas, puesto que les permitirá realizar inventarios
en tiempo real para mejorar los aprovisionamientos, y hacer un
seguimiento del estado de los pedidos.
El potencial de esta tecnología es tal que la consultora AMR
calcula que el RFID alcanzará un volumen de negocio de 6.150
millones de euros (8.000 millones de dólares) en 2008, y 19.230
millones de euros (25.000 millones de dólares) en 2015.
Uno de los pioneros en el uso de la identificación por
radiofrecuencia es el gigante estadounidense de la distribución
minorista Wal-Mart, que exigió a sus cien principales proveedores
la adopción de los chips inteligentes a partir del pasado año.
La cadena de distribución alemana Metro AG y la inglesa Tesco son
dos de los ejemplos de empresas europeas precursoras en la
utilización de esta tecnología.
En España, AECOC calcula que será necesario un periodo de diez años
para la implantación generalizada del RFID, y asegura que en el año
2008 ya existirá un volumen de compañías usuarias suficiente para
que el uso de esta tecnología sea rentable.
Los expertos consideran que la implantación de soluciones RFID se
centrará en un principio en la mejora de la gestión logística,
mediante su uso en los almacenes, y posteriormente en el área
comercial, con la incorporación de las etiquetas electrónicas a los
productos de los supermercados.
En ese momento, el código de barras desaparecerá después de
acompañar a los consumidores españoles durante más de treinta
años.
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