Una nueva economía, que trasciende a la sociedad de la información y a la economía informacional, se desarrolla desde hace unos años en los Estados Unidos y apenas comienza a surgir en Europa. Es la economía de Red, la de los Google, e-Bay, Second Life, YouTube, MySpace, la de Linux, la de Wikipedia, la de los bloggers y video-bloggers, Neurona o eConozco. También la economía de los podcasts y RSS, de la tecnología móvil 3G y la de las plataformas y comunidades, la del e-Learning, los Webinars y los Webcasts, la del marketing one-t-one y el blog marketing, la economía de la Web 2.0. Es un mundo en el que todos los ciudadanos pueden producir las noticias más variadas, diseñar, crear e innovar casi sin límite, y comunicarse con otros sin barreras de ningún tipo. Un mundo que sólo podrá perdurar y desarrollarse si todas esas nuevas actividades surgidas alrededor de la Red terminan echando raíces económicas. Por Adolfo Castilla de Tendencias Científicas.
ace unos años, cuando las
tecnologías de la información y de la comunicación (TIC) y los
servicios relacionados con ellas, comenzaban a ser una realidad,
hice la sugerencia --también en un artículo breve como el
presente-- de que la nueva economía hacia la que nos encaminábamos
podría ser más beneficiosa para la humanidad que la economía
industrial de la que procedíamos.
Me refería sobre todo a los impactos negativos, fundamentalmente de
carácter medioambiental, que toda actividad económica lleva
consigo. La economía de la etapa industrial se ha basado en el
intercambio masivo de bienes "duros" (o hard), tales como
el acero, el hormigón, el asfalto, el petróleo, las grandes
infraestructuras del transporte y de la energía y otros, y la
economía de la información y del conocimiento se basa en el
intercambio de bienes "blandos" (o soft) tales como la
información, la comunicación, los conocimientos, la cultura y el
entretenimiento.
Más de veinte años después, la nueva economía o "economía en
la red" como más propiamente cabría llamarla hoy, es una
realidad y cada vez son más las personas dedicadas a ella. Siendo
también fácil de constatar el relativamente menor impacto
medioambiental de esta economía, a pesar de no estar libre de
externalidades negativas de diverso tipo.
Por supuesto que la economía industrial sigue tan viva como
entonces, y de hecho, ni la construcción, ni las grandes
infraestructuras, ni el transporte, ni la producción de energía,
han suavizado su ritmo de expansión y su impacto negativo sobre
nuestro medio físico.
Dudas sobre el futuro
En nuestro mundo, como sabemos, ninguna forma de producción de
bienes y servicios desaparece, simplemente se acumula a la anterior
y aumenta la complejidad de las interrelaciones económicas. No
sabemos si la forma que la especie humana ha creado --diríamos que
naturalmente-- para existir, expandirse y evolucionar, consistente
en producir bienes y servicios, distribuirlos y consumirlos, será
superada en algún momento.
Y tampoco sabemos si el mercado como mecanismo, la tecnología como
lubricante y el dinero como eslabón para que el intercambio
continuo se mantenga, podrán ser sustituidos por otros
procedimientos.
Parece que no, ya que a pesar de que nuestro mundo económico,
--capitalista por más señas-- no termina de generar un modelo
social satisfactorio, es difícil imaginar a estas alturas de
nuestra evolución, un modelo alternativo al que se pueda tender sin
tragedias.
A pesar de la confrontación de modelos que Davos / Porto Alegre
significa, de los debates sobre "otro mundo es posible",
de la gran difusión del fenómeno de las ONG, de los cada vez más
numerosos grupos de personas que buscan formas más simples de vida,
del nuevo intento de avanzar hacia atrás de Hugo Chávez y sus
acólitos y de muchos otros fenómenos alternativos actuales, la
economía de mercado que nos mantiene a todos es difícil de
sustituir. De hecho, muchos creemos que no se trata de desistir de
ella, sino de hacerla evolucionar.
Evolución tecnológica
La tecnología, que es la base de esa economía, pero que tantos
males representa a veces en diversos sentidos, da hoy la impresión
de poder ir cambiando hacia formas más amigables y más adaptadas al
hombre mismo como ser humano.
También, y en relación con las tecnologías de la información y la
comunicación en particular, se tiene hoy la sensación de que dichas
tecnologías y los servicios basados en ellas, pueden estar en manos
de todos los hombres en vez de ser exclusiva de las grandes
empresas y de los poderosos.
Formas, insistimos, relativamente amigables que se dirigen más al
interior del hombre que a su entorno, y más a su cerebro, a su
introspección y a sus profundidades espirituales, que a transformar
su medio ambiente. Formas, por otra parte, que tienen la
potencialidad de hacer más iguales a los hombres si uno le echa
imaginación al tema.
La creación de valor neto
Eso es de verdad la economía de la información y del conocimiento
hacia la que vamos. Una economía cuyos productos y servicios se
orientan a las capacidades de sentir, reflexionar, crear, saber,
comunicar y comunicarse, dimensiones que consideramos las
esenciales del ser humano.
La cuestión básica en cuanto a esa economía es, si puede o no
permitirnos vivir a un número importante de personas y si puede
integrar a los inventores, a los empresarios inquietos, a los que
basan su vida en ganar dinero y tener poder, a los políticos salva
patrias y a otros conspicuos caracteres de nuestro mundo.
Esta misma duda surgió cuando a partir de mediados del siglo XVIII
se desarrolló con fuerza la Revolución Industrial en Inglaterra. La
escuela de pensamiento económico de los fisiócratas surgida en
Francia en esa época de la mano de Francoís Quesnay, con
aportaciones anteriores de Richard Cantillon y Pierre Samuel du
Pont de Nemours, y con seguidores notables como el Marqués de
Mirabeau, Jean Vincent y el propio Turgot en los albores de su
carrera, creía que la única fuente de riqueza era la naturaleza y
más específicamente la agricultura.
Actividades con vida propia
Sólo a partir de ellas se podía crear valor neto, con lo que se
oponían al mercantilismo y mucho más a la economía industrial que
entonces comenzaba a gestarse. Quesnay murió en 1774 y la mayoría
de los componentes de su grupo no llegaron al siglo XIX, salvo du
Pont de Nemours, que murió en 1817, pero se habrían quedado
atónitos ante la creación de valor de la economía industrial si
hubieran vivido sólo unos años más.
Ciertamente, todo lo creado en el artificial mundo de la economía
moderna ha surgido sobre este planeta y de su naturaleza y sus
recursos naturales, pero la inventiva del hombre ha sido tal en
algo más de dos siglos y medio que el valor se añade hoy a la
economía de millones de formas distintas. Una mayoría de ellas, por
otra parte, enormemente alejada de la naturaleza, y, desde luego,
de la agricultura.
El enorme incremento de los servicios en nuestras sociedades
permite evaluar y comprender tal fenómeno. Actividades tan
importantes hoy como los bancos, los seguros, la educación, la
información y comunicación, el turismo, la cultura, la
administración pública y miles de otras similares, tienen hoy vida
propia y son autónomas, aunque sepamos que bajo ellas hubo al
principio - y se mantiene vivo-- un substrato de explotaciones
agrícolas, máquinas y artefactos de todo tipo e
infraestructuras.
Economía en la red versus economía
informacional
Para hablar de la "Economía en la Red" es necesario
entender ese fenómeno de creación de valor a partir de una dinámica
inicial en forma similar a como ocurrieron las cosas en la época
industrial.
En esta última, -- última por lo que tiene que ver con su mención,
pero anterior por lo que tiene que ver con su ocurrencia-- la
dinámica surgió de la fabricación de artefactos físicos, burdos y
básicos al principio y al servicio de las características también
físicas del hombre, que con el tiempo se hicieron más sutiles y
estuvieron al servicio de aspectos más intangibles del ser
human.
Al final de ese periodo es donde comienza la economía en la red, la
cual y por lo que se refiere a una la mayoría de países, todavía no
ha sido entendida completamente ni, por tanto, adecuadamente
impulsada.
Con frecuencia decimos en relación de la economía de la Sociedad de
la Información, que la dinámica a la que nos referimos está en la
información y en los conocimientos y con frecuencia también se
habla de economía informacional como contraposición a la
industrial, pero ni la información ni los conocimientos son temas
novedosos.
Los dos han sido, de hecho, componentes principales del mundo
industrial y no parecen que puedan ser, sólo ellos, la base de un
proceso de creación de valor tan poderoso como el vivido en el
siglo XX alrededor de la industria. Dicho proceso está en mi
opinión ligado más bien a Internet y a todo lo que dicha
infraestructura omnipresente significa.
Economía de Red
Se podría decir, para entendernos, que una cosa es la nueva
economía, economía electrónica o economía informacional, vivida en
el mundo desarrollado desde los años 70 hasta ahora, y otra la
economía en la red que se desarrolla desde hace unos años en los
Estados Unidos y que apenas comienza a surgir en Europa en la
actualidad.
Es la economía, para dejarlo más claro todavía, no de los
Microsoft, Apple o Dell Computer, sino la economía de los Google,
e-Bay, Second Life, YouTube, MySpace, la de Linux, la de Wikipedia,
y la de los bloggers y video-bloggers y la de Tendencias21, Neurona
o eConozco, por mencionar a algunos proyectos españoles.
La economía también de los podcasts y RSS, la de la tecnología
móvil 3G y los millones de ojos de los teléfonos celulares que
tanto está amenazando a los medios de comunicación tradicionales.
Y, por supuesto, la de las plataformas y comunidades, la del
e-Learning, los Webinars y los Webcasts, la del marketing one-t-one
y el blog marketing, que tanto puede transformar los métodos
tradicionales de gestión empresarial. En definitiva, la economía
alrededor de la Web 2.0 a la que la revista Time ha hecho
"personaje del año".
Es un mundo en el que todos los ciudadanos tienen la posibilidad de
hacerse oír, pueden producir directa e instantáneamente las
noticias más variadas, dar rienda suelta a su imaginación, diseñar,
crear e innovar casi sin límite, y comunicarse con otros sin
barreras de ningún tipo. Un mundo profundamente participativo que
puede cambiar las estructuras más básicas de nuestras
sociedades.
Red perdurable
Sólo queda, como es lógico, que ese mundo pueda perdurar y
desarrollarse y eso sólo ocurrirá si todas esas nuevas actividades
surgidas alrededor de la Red terminan echando raíces económicas. Es
decir, si el intercambio económico se produce y la gente consigue
tener ingresos netos por el hecho de disponer de terminales y
acceder a Internet.
Esto no es, como sabemos, una utopía ya que, a diario y ante
nuestros ojos, los negocios en la Red producen millonarios y muchos
pequeños negocios florecen y evolucionan. Cada vez son más los que
interpretan Internet como un terreno apto para los negocios,
empezando por las grandes compañías tradicionales que está
comenzando a vender sus servicios en Second Life y en muchas otras
plataformas.
El mundo de las telecomunicaciones, la información y los medios
terminará configurándose como una Red de Redes mundial cada vez más
compleja y con miles de millones de plataformas de todo tipo
conectadas a ella generando actividad económica y "valor
neto" para todos los habitantes del planeta.
Yo mismo he recomendado en otros escritos que para que la banda
ancha se difunda con más rapidez de lo que lo hace actualmente en
España, es fundamental que la gente interprete todos los terminales
que usa --y por los que paga-- no sólo como una fuente de gastos,
sino como una fuente de ingresos.
Si buscamos todos la rentabilidad de los terminales, no sólo a
través del aumento de productividad y eficacia que nos
proporcionan, sino a través del ingreso neto, que nos pueden
procurar, la dinámica de creación de riqueza tendrá lugar y una
verdadera nueva economía de la red se habrá abierto camino en
nuestro mundo.
Nueva Democracia
Si ese mundo llega a ser una realidad, los economistas estarán muy
contentos porque se asemejará al modelo ideal de la competencia
perfecta que siempre han preconizado. En ese mundo posible, la
verdadera democracia será más alcanzable ya que sus preceptos de
igualdad y libertad serán más fáciles de conseguir que en otros
anteriores.
Los derechos de propiedad de las ideas, de los escritos y de las
aportaciones teóricas se tambalearán, desde luego, pero los hombres
sabremos encontrar una solución alternativa a la protección de
dichos derechos.
En cuanto a la propiedad de los medios de producción, que en la
economía en la red estarán constituidos por las redes mismas, el
software y los terminales, la tendencia es hacia su gratuidad o
libre disposición, como estamos viendo a diario.
En cuanto al valor generado con la comunicación en sí, que tendrá
que pagar por todo, ya hemos visto que el modelo consiste en que
todos seamos consumidores de servicios (y paguemos por ello) y a la
vez, productores de servicios (y cobremos por ello).
Democracia en la Red
No es extraño en relación con esta cuestión que en los Estados
Unidos exista una especie de debate nacional sobre tres aspectos
básicos relacionados con Internet: 1) quien invierte en la Red y
quien paga por ella; 2) gobernanza o gobierno de la Red; y 3)
contrato social sobre Internet.
Las tres tienen relación directa con la nueva democracia alrededor
de la Red de la que hablamos, porque la necesidad de libertad
individual, consustancial con las verdaderas y durables
democracias, requiere mecanismos automáticos de funcionamiento. Los
hombres hemos vivido muy crudamente el fracaso de los
totalitarismos de izquierdas y derechas que pretendían conseguir la
igualdad por decreto y para ello eliminaban, --durante algún
tiempo, decían-- la libertad de las personas.
El secreto está en buscar desde el principio los mecanismos
adecuados y mejorados, o enriquecidos, del mercado, de la
democracia y de la justicia. Tres sistemas básicos para nuestras
sociedades que, sin embargo, son frágiles y vulnerables porque
están hechos, el primero para empresas que respeten las reglas del
mercado, el segundo para demócratas y el tercero para personas
justas. Si en ellos se incrustan mafiosos y aprovechados,
antidemócratas e injustos a ultranza, dichos sistemas básicos de
nuestras sociedades tienen muy pocas posibilidades de defensa.
Sería todo quizás mas fácil en una economía en la red en la que por
definición todos tuviéramos las mismas oportunidades y no
existieran barreras de entrada importantes como ha sido y es el
caso en el mundo industrial. De ahí la importancia de los debates
indicados arriba que deben extenderse al mundo en su conjunto, y la
conveniencia de encontrar una buena solución para los problemas a
los que se refieren.
Es, por otra parte fascinante, tener la posibilidad de recorrer un
camino similar al seguido siglos atrás por la civilización
occidental en el que brillaron personajes como Hobbes, Locke y
Rousseau y del que surgió el Estado moderno. Es probable que
estemos a la puertas de una nueva civilización y necesitemos un
nuevo contrato social, planetario esta vez.
Si quieres recibir cada semana las noticias más interesantes suscríbete a nuestro boletín.
Entérate de cuándo hay nuevos comentarios