En su imparable ascenso como superpotencia gracias a su extraordinario crecimiento económico, el gigante asiático se convertirá este año en el segundo mayor inversor del mundo en investigación y desarrollo (I+D) tras Estados Unidos. Así lo pone de manifiesto un estudio de la Organización para la Cooperación Económica y el Desarrollo (OCDE), que calcula que el régimen comunista se gastará en este campo 102.033 millones de euros en 2006. Dicha partida presupuestaria supera, por tanto, las previsiones efectuadas por el mismo organismo para Japón, cifradas en 97.531 millones de euros.
e esta manera, China se sitúa en una posición puntera en el mundo de la investigación científica, tan sólo superada por EE.UU., que mantiene la hegemonía en dicha materia gracias a su inversión de 247.654 millones de euros.
Frente al tradicional dominio de los países occidentales, el coloso oriental ha doblado durante la última década las partidas destinadas a la innovación científica y tecnológica, que en 1995 suponían el 0,6 por ciento del Producto Interior Bruto (PIB) y ya ascienden al 1,2 por ciento.
De igual modo, el número de investigadores ha aumentado un 77 por ciento en China, que ya cuenta con 926.000 científicos y podría alcanzar dentro de poco tiempo a los 1,3 millones de Estados Unidos. No en vano, 13.000 doctores -el 70 por ciento en Ciencias- salieron de las universidades chinas en 2003, lo que supone un cambio radical con respecto a los primeros años de apertura económica del país.
A pesar de este esfuerzo de Pekín por potenciar la investigación y el desarrollo, los científicos chinos aún se encuentran en una posición de desventaja con respecto a sus colegas occidentales.
Para empezar, suelen cobrar una décima parte del salario de los investigadores americanos, europeos o japoneses (10.000 euros frente a los casi 100.000 que se pagan en las naciones desarrolladas).
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