El hecho de que determinados neurotransmisores y sus circuitos específicos jueguen un papel importante en la toma de decisiones ha sido ampliamente estudiado, pero la serotonina siempre se ha dejado en un segundo plano frente a otros neurotransmisores como la dopamina.
El Dr. Rogers estudió la relación entre la serotonina, la depresión y la función social partiendo de las siguientes premisas:
Para realizar el estudio, los autores regularon la serotonina cerebral de los sujetos participantes. La serotonina puede ser temporalmente eliminada utilizando una dieta controlada que sea deficiente en su precursor, el triptófano, y puede incrementarse en el cerebro de personas sanas -que no sufran ansiedad, depresión o trastornos del humor- utilizando drogas que inhiban la reabsorción de la serotonina por las neuronas.
Una vez realizados los trabajos experimentales, los resultados encontrados fueron:
Según estos resultados, el Dr. Rogers y sus colaboradores concluyeron que estos impedimentos sociales -déficit en la iniciación de comportamientos sociales, fallos en el aprendizaje de la experiencia social y errores en la toma de decisiones sociales- provocados por bajos niveles de serotonina, puede estar en el origen de los trastornos de humor, depresión o ansiedad, haciendo a las personas más propensas a sufrirlos. Hacen falta nuevos estudios para concretar mejor estos resultados, pero en principio, las desviaciones cognitivas y de aprendizaje encontradas, señalan un papel de la serotonina en los circuitos de reforzamiento, aversión y elección social a nivel del córtex prefrontal.
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