Cambiar la consola por la genialidad de Leonardo Da Vinci y los últimos avances del campo de la herpetología ha sido la mejor elección para los cincuenta niños superdotados que esta semana pasada asistieron a un campamento de verano en Málaga donde compartieron sus historias y algún que otro descubrimiento.
as plantas carnívoras, los automóviles de hidrógeno, la Inquisición o la violación de los derechos humanos en Guantánamo son algunos de los temas que se repasaron en el curso, organizado por el Centro Huerta Rey de Valladolid, en el que chicos de entre 6 y 18 años de toda España abandonaron su condición de alumnos para convertirse en auténticos maestros de escuela.
"No son máquinas, ni ordenadores andantes", comenta a Efe Juan Antonio Alonso, Doctor de Educación Especial y profesor del curso, sino que son chicos con inquietudes a lo que "les encantan ejercicios de dificultad memorística y el estudio independiente y de una mayor profundidad".
Y precisamente las ganas de preguntarse por todo es lo que les une: "a lo mejor cuando una persona mira un cuadro, sólo ve un árbol, pero cuando lo hace un superdotado puede ver más detalles y en modo abstracto un dibujo", explica Alberto, unos de los chicos del curso, mientras discute con su compañero sobre quién es mejor filósofo: ¿Descartes? o ¿Freud?
De lógica y filosofía han hablado, pero también de cómo combatir el SIDA, de la crisis en Cuba, de la concepción clásica del Hip-Hop, y sobre todo de cómo "se han encontrado a sí mismos, gracias a la necesidad de saber que no son los únicos", explica Estrella García, psicóloga y presidenta de la Asociación de Superdotados de Andalucía (ASA).
Cinco horas diarias de estudio de anfibios y reptiles, unidas a debates y charlas de cuestiones de astrología, ciencia, artes o música, se combinan con dosis de juego, habilidades deportivas, piscina y un poco de descanso.
Y así, hasta que el último día, como si de una tesis doctoral se tratase, defienden sus investigaciones ante un tribunal de padres y profesores que tratarán de cuestionar cualquier afirmación con todo tipo de argucia.
Los padres de estos alumnos apenas pueden ocultar su asombro con las habilidades de sus pequeños: "Con nueve años mi hijo me enseñó un dibujo de un superhéroe que decía el más fuerte, con más cerebro y el más invulnerable a las catástrofes naturales, como los tsunamis", recuerda Estrella García.
Sin embargo, critican la falta de apoyo de la administración educativa para la adaptación curricular de los alumnos superdotados y lamentan que en algunos casos esto pueda derivar a "problemas de inadaptación social e incluso a un bajo rendimiento y fracaso escolar".
De algún modo, este campamento, uno de los pioneros en España, trata de rescatar la sabiduría de unos niños dispuestos a perderse en una isla desierta para aprender más.
Al menos ése es el sueño de Lidia a sus trece años: "dos carreras acabadas (Biología y Arquitectura), tener la vida organizada y terminar mis días en una costa tranquilita, sola con mis pensamientos".
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