En un mundo paralelo, donde las fantasías de corte steampunk fueran reales, seguramente no sería extraño encontrar grandes relojes urbanos movidos por vapor. Como nuestra línea histórica de acontecimientos hace ya mucho que abandonó la era del carbón y el acero, al menos por lo que al vapor se refiere, este tipo de fantasías quedan arrinconadas en una esquina de la imaginación de un pequeño sector de la ciencia ficción. Pero, de vez en cuando, hay quien desea llevar lo fantástico al mundo material y, entonces, surgen maravillas como los relojes a vapor de Raymond Saunders.
El reloj de vapor de Gastown es toda una maravilla. Su corazón está formado por una máquina a vapor de un pistón basada en un modelo empleado en la construcción de grandes maquetas. El vapor no se genera en la máquina, claro está, sino que proviene del sistema general de Vancouver canalizado bajo las calles. El resto de las entrañas de la máquina está formado por todo un complejo entramado de engranajes y un sistema eléctrico auxiliar que permite que esta abigarrada atracción turística permanezca en funcionamiento permanentemente. La hora se refleja en las agujas dispuestas en cuatro cuadrantes, uno por cara, marcando las horas y los cuartos con el sonido característico de una sirena con la melodía típica de los Cuartos de Westminster.
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