Los padres primerizos que estén motivados con su futura responsabilidad y vivan de cerca el embarazo de sus parejas corren el riesgo de padecer los antojos que de forma tradicional sufren las mujeres en la gestación, según la catedrática de Psicobiología, Mari Cruz Rodríguez del Cerro.
o se trata de un efecto
psicosomático como durante mucho tiempo se había creído cuando se
producía algún caso, sino que tiene un nombre, el "síndrome de
Couvade", y una sorprendente explicación: los padres
expectantes "más comprometidos" pueden registrar cambios
hormonales en sus niveles de testosterona, engordar algunos kilos,
mostrar altos niveles de prolactina, e incluso tener esos molestos
antojos, similares a los de las mujeres en cinta.
De hecho, explica Rodríguez del Cerro en una entrevista a EFE, el
síndrome de Couvade (palabra que en francés significa incubar) se
da sobre todo con los hijos primogénitos en países como EEUU o
Suecia, sociedades en las que el hombre se suele comprometer mas
con su paternidad y dedica más tiempo a la familia.
La catedrática de la UNED recuerda que su esposo tuvo alguno de los
síntomas cuando ella quedó embarazada de su primera hija a
principios de los años ochenta. Más tarde, cuando la investigadora
conoció la existencia del fenómeno recordó que su "Paco"
ya le despertaba a las cuatro de la madrugada para abrir "una
lata de almejas", con una frecuencia de cada dos noches, y sin
poder explicar qué le pasaba o por qué lo hacía.
Rodríguez del Cerro, que ha participado en Barcelona en el ciclo
"Mujeres versus Hombres. Cerebro e inteligencia",
organizado por la obra Social de La Caixa, es una experta en
conducta parental, campo en el que las nuevas investigaciones
indican que, a pesar de las evidentes diferencias biológicas de
ambos sexos, se está produciendo un acercamiento en el
comportamiento entre hombres y mujeres en relación a la paternidad
y el cuidado de los hijos.
Presión cultural
Estas diferencias sexodimórficas entre hombre y mujer en el ámbito
parental se van desdibujando por la presión cultural: la
incorporación de la mujer al trabajo o el control de la natalidad,
que produce un reajuste en los mecanismos biológicos, una teoría,
que del Cerro, reconoce no es compartida por algunos de sus
compañeros científicos masculinos.
Este trato estrecho entre padres e hijos también se da en algunas
pueblos africanos, como en los pigmeos aka (que viven en Congo
Brazzaville y la República Centroafricana) cuyos varones fueron
elegidos como el "mejor papá del mundo" por el centro
británico Father's Direct.
Los hombres de este pueblo africano no sólo pasan un 47% de su
tiempo con sus numerosos retoños sino que les llevan mamando su
propio pecho, como si fuera un chupete, hasta que son alimentados
por las madres.
En el caso de España, Rodríguez del Cerro afirma que en los últimos
25 años se ha producido una revolución ya que ha sido uno de los
países en donde más han cambiado los roles familiares
tradicionales, debido al nuevo papel de la mujer.
"El se lo voy a decir a tu padre ha ido desapareciendo",
y así la tarea exclusiva del varón como responsable disciplinario
"ha saltado por los aires": padres y madres se reparten
casi de forma equitativa premios, caricias y castigos, sin
diferenciar tampoco si quien lo recibe son hijos o hijas.
Los cambios sociales y los avances sanitarios han provocado también
el fenómeno de las madres primerizas tardías, aunque Rodríguez del
Cerro advierte de "no que se puede engañar a la naturaleza,
por mucho que queramos".
Uno de los efectos en el retraso de la edad de gestación es que las
madres tardías suelen ser mucho más hiperprotectoras, que las más
jóvenes, biológicamente más preparadas para hacer frente a
situaciones de estrés, ya que no tienen tan exacerbado el miedo a
que a su hijo le pueda pasar algo, y no poder tener otro.
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