Varias decenas de japoneses se han suicidado recientemente con sulfuro de hidrógeno, un gas cuya receta de fabricación básica circula por internet, en una nueva manifestación de un mal que corroe a esta sociedad marcada por una fuerte tasa de suicidios.
os medios de comunicación llenaron sus titulares con estas muertes en serie siguiendo el mismo 'modus operandi': un individuo se encierra en su cuarto de baño, fabrica el gas mezclando detergentes y productos para el baño y muere asfixiado.
Otras 'epidemias' de suicidios han golpeado antes a Japón. En los últimos años, decenas de personas se dieron muerte por asfixia encerrándose en un vehículo en grupos con una estufa de carbón. En 1986, una ola de suicidios de adolescentes siguió al de una cantante de pop.
"La fuerte presión social hace a algunas personas frágiles e influenciables a las informaciones sensacionalistas de los medios", explica Yukio Saito, responsable del Teléfono de la Vida, una asociación de prevención.
Para frenar esta nueva serie de asfixias, la policía ha pedido a los proveedores de acceso a internet que retiren las recetas de fabricación del gas de las páginas 'web'.
Acusada de ser la causa de estas series mórbidas, internet puede también servir de terapia, según Saito.
Su asociación acaba de instalar un mensaje de acogida para las personas con ideas suicidas. "Los jóvenes se confían a regañadientes por teléfono, pero representan el 70% de nuestros usuarios de internet", subraya.
Más allá de episodios mediatizados, Japón sufre desde hace diez años un neto aumento de su tasa de suicidos, que pasó de 18 por cada 100.000 habitantes en 1995 a 24 en 2006, contra una media mundial de 16, según la OMS.
Más de 30.000 personas ponen fin a su vida cada año en Japón, siendo hombres en casi las tres cuartas partes de los casos, que a menudo ocurren en zonas rurales. Un japonés de cada cinco afirma haber pensado alguna vez seriamente en suicidarse, según una investigación oficial.
Durante mucho tiempo indiferentes, los poderes públicos multiplicaron por 15 los fondos destinados a la prevención desde 2001.
Preguntados por las causas del fenómeno, los especialistas reconocen en la cultura budista japonesa un terreno más favorable al suicidio que en el cristianismo, que condena esta muerte.
Muchos expertos han atribuido el recrudecimiento de los suicidios a la recesión de los años 90, cuyas consecuencias sociales (precariedad, pérdida de ingresos, ruinas) se hicieron sentir plenamente entrando ya en los años 2000.
"Los suicidios han aumentado entre los hombres de edad madura en dificultades financieras", escribe Kayoko Ueno, profesora de Sociología en la Universidad Tokushima, en una nota sobre el tema.
Según ella, esto viene del "paternalismo" de la familia japonesa "donde el que gana el dinero del hogar está en una posición difícil, sobre todo desde el final del modelo de un trabajo de por vida".
Casi un 70% de las japonesas dejan su empleo después de haber dado a luz.
Constatado también en la mayoría de los demás países, esta diferencia hombre-mujer se explica por un comportamiento diferente frente a las pruebas que pone la vida, según Shinji Shimizu, profesor de Sociología en la Universidad de Mujeres de Nara.
"Los hombres japoneses se supone que son fuertes, no pueden mostrar su fragilidad y su universo se limita a menudo a la oficina. Las mujeres tienen una red de conocimientos más extendida, gracias a los vínculos tejidos alrededor de la educación de los hijos, por ejemplo", explica.
Ellas hablan a menudo de sus problemas con sus amigas, una terapia a menudo eficaz, subraya Shimizu.
Para Saito, la subida de los suicidios muestra problemas relacionales en la sociedad. "Una familia unida sabrá administrar una crisis financiera y el marido no se suicidará", comenta.
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