Una inesperada y benéfica consecuencia del cambio climático ha sido la aparición de huesos de animales prehistóricos enterrados en el hielo del permafrost.
como casualmente la elevación de las temperaturas en Siberia ha coincidido con la llegada del capitalismo a Rusia, en los últimos tiempos ha surgido algo que, hace un par de décadas, nadie hubiera imaginado: la emergencia de un boyante mercado de antiguas piezas óseas.
Los compradores son coleccionistas privados, paleontólogos y
directores de museos. Y están dispuestos a pagar cantidades
considerables. "El año pasado alguien pago 800.000
rublos (unos 22.000 euros) por una cabeza de mamut con dos
colmillos en buen estado", dice Alexander Vatagin, uno de los
nuevos negociantes de huesos que están prosperando al calor del
nuevo negocio... y del sol.
Vatagin no opera solo. Tiene su red de colaboradores a los que paga entre 6 y 112 euros por kilogramo de huesos. Encontrarlos no es difícil. Se localizan en lugares específicos de la tundra; y, a veces, a ras de suelo. "Con un poco de suerte, un buscador de huesos puede ganar 5.000 euros en un sólo día". No sólo se buscan huesos de mamut, sino también de rinocerontes, leones y otros animales prehistóricos que vivieron en la región.
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