El pinball o flipper, en España también llamado Petaco, es un longevo miembro de la rama evolutiva de los juegos: nació en el siglo XIX a partir de un entretenimiento de interior para burgueses, la bagatelle.
su vez hija del billar, la bagatelle consistía en lanzar bolas por una mesa inclinada con clavos y agujeros a modo de obstáculos (una especie de Pachinko japonés pero mucho más antiguo). El pinball pasó por varias vidas antes de asentarse como máquina de entretenimiento a base de monedas. De hecho los pinballs estuvieron prohibidos en Los Ángeles y en Nueva York entre los años 40 y 70, al parecer debido a una curiosa interpretación del concepto de gambling (juego por dinero, como las apuestas, el poker o la ruleta). Hace años que los petacos carecen de cualquier componente negativo de vicio o ludopatía, pues su desaparición de la cultura de masas con las consolas en los 80 convierte la pinballmanía en un respetable hobby.
Es precisamente en los 80 cuando el Pinball tuvo su apogeo y también su caída, siendo EE.UU. y España los mayores fabricantes; EE.UU por ser uno de los mayores consumidores y España porque, siendo un popular juego y estando prohibida la importación de máquinas por las leyes arancelarias de la época franquista, pronto se sumó a su fabricación elaborando nuevos diseños y máquinas que ahora son objetos de coleccionismo en todo el mundo.
Las máquinas se diferencian en dos categorías principales, las electromecánicas, que son las primeras, y las electrónicas, que llegaron después, eran más complejas e integraban circuitos electrónicos en el tablero, incluso algunas llegaron a representar una mezcla entre videojuego y pinball pues contaban hasta con pantallas dentro del tablero donde se veían imágenes en movimiento que interactuaban al ser golpeadas con la bola.
Hoy en día, una máquina de segunda mano puede costar entre 200 y 4000 euros, depende de su estado, el número de máquinas que se hicieran de esa determinada serie, la complejidad de su mecanismo… así una de las máquinas más buscadas es la Medieval Madness, de la cual sólo hay 1500 unidades en el mundo, y además es una de las máquinas con mecanismo más complejo y cuidado.
Reboteadores, gomas, muelles… toda máquina costa de estos elementos además de los conocidos flippers. Los expertos jugadores de Pinball los usan para diseñar su estrategia de partida; no sólo no hay que dejar que la bola de acero se cuele, sino que hay que conseguir la mayor cantidad de puntos posibles moviendo la bola por el tablero de determinada forma.
El pinball tiene un fuerte componente emocional; son máquinas que ya no se hacen, que han sido retiradas de los bares y recreativos hace tiempo. Según nos cuentan los participantes del campeonato, para ellos es un poco una "vuelta a la juventud" poder jugar de nuevo con estas máquinas que representaron tanto para ellos en su infancia. Es por eso que la edad media de este campeonato es entre 30 y 40 años, aunque también nos encontramos con chicos más jóvenes, muchos introducidos en este mundo por sus padres, también coleccionistas.
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