Proponen nuevos modelos e ideas que respectivamente permiten predecir cómo organizar la explotación de un bien común y cómo mantener la cooperación en una sociedad mediante el castigo.
ay gente que ensucia las calles, gente que se cuela en el metro, gente que no recicla la basura, vecinos que llenan la piscina en temporadas de sequía, conductores que ponen en peligro a los demás, gente que defrauda a Hacienda o gente que alimenta una burbuja inmobiliaria desquiciada hasta hacer reventar la economía de su país. También hay sobreexplotación de los recursos pesqueros, destrucción irreversible de la selva, derrames de petróleo y una emisión tal de dióxido de carbono que acabará ya sin remedio con el mundo tal y como lo conocemos.
A una escala u otra, todos esos casos son ejemplos de no
cooperación entre los seres humanos en sus distintas variantes. Un
caso típico es el de la tragedia de los bienes comunales, ya
expuesto en época por Garrett Hardin. Así por ejemplo, en el caso
de las reservas pesqueras, todos pescan lo que pueden antes de que
lo hagan los demás, mirando sólo por sus intereses particulares,
hasta que entre todos agotan un recurso que, en teoría, era
renovable.
Algunos de estos casos responden a dilemas que se han planteado en
teoría de juegos. Muchos de esos dilemas (como el dilema del
prisionero) no tienen solución satisfactoria si son jugados a una
sola jugada. Lo más lógico es tomar la postura egoísta y no
cooperar (desertar), pues es lo que beneficia al individuo, aunque
perjudique a todos. Pero en la vida normalmente se tiene más de una
oportunidad de jugar, así que se pueden desarrollar estrategias
sociales que fomenten la cooperación. No sólo hay que crearla, sino
que además hay que manerla. ¿Qué estrategia seguiría usted para
conseguirlo?
Es aquí en donde las personas se dividen en dos de acuerdo a su
ideología: los que creen que la mejor estrategia es el incentivo
hacia el que coopera (un medalla al héroe, un sobresueldo al que
trabaja mejor, etc.) y los que creen que lo mejor es castigar al
que no coopera (por ejemplo, metiendo en la cárcel a los
delincuentes o multando al que no sigue las normas). Los primeros
creen que el hombre es bueno por naturaleza y los segundos creen
que es malvado de nacimiento. Naturalmente las cosas son más
complicadas que esa simple dicotomía.
Además de las simulaciones matemáticas, se han realizado
experimentos de laboratorio con gente de verdad que juega dinero de
verdad. Algunos antropólogos también han estudiado la cooperación
en otras sociedades para ver cómo se fomenta la cooperación en su
seno. En ambos casos se pone de manifiesto la naturaleza humana en
sus aspectos más sociales, aunque a veces es difícil distinguir lo
que es cultural de lo que está condicionado biológicamente. Despues
de todo, algo habremos cooperado desde la noche de los tiempos para
poder haber llegado hasta aquí sin habernos aniquilado mutuamente
(bueno, sólo un poquito).
Recientemente se han publicado dos resultados al respecto del tema de la cooperación. El primer estudio, de las universidades de Arizona e Indiana, está basado en un un minimundo computerizado. Sus autores sostiene que un bien común como las reservas pesqueras o los bosques podrían ser explotados de una manera adecuada por un grupo auto-organizado bajo ciertas condiciones.
Los investigadores se basaron en diferentes experimentos que usaban
juegos de simulación por ordenador, espacialmente diseñados para la
ocasión, que incluían un costo para la aplicación de un castigo, la
existencia de comunicación y una combinación de periodos en los que
se permitía o no esa comunicación y castigo. Estos experimentos
permitieron a los investigadores identificar qué variables aumentan
el nivel de cooperación.
Los experimentos requerían la participación simultánea en el juego
de unos voluntarios, que en este caso eran estudiantes
universitarios, en total unos 400 entre ambas universidades. Los
participantes se sentaban dentro de un cubículo y se les hacía
corresponder unos "avatares". Tenían que recolectar un
recurso colectivo (puntos coloreados en la pantalla) junto a otros
jugadores. Si lo hacían muy rápido el recurso se agotaba y
terminaba el juego. Si lo administraban de una manera sostenible
los puntos rojos se regeneraban, permitiéndoles recolectar más y
ganar más puntos. Cuantos más puntos recolectaban más dinero
recibían en dólares reales al final, creándose así un incentivo
para que se tomaran el juego en serio.
Para jugar bien al juego los participantes no sólo tenían que tener
en cuenta su propio comportamiento, sino además el comportamiento
de los demás. En algunos casos los jugadores tenían una ventana de
oportunidad de comunicarse a través de un chat con los demás para
así crear estrategias y tomar decisiones sobre cuándo y cómo
recolectar el recurso y obtener puntos. Además podían determinar si
imponían o no costosas multas a los que abusaban de los recursos y
cuándo aplicar este correctivo a algún participante.
Según Marco Janssen, líder del proyecto, la dinámica espacial y
temporal de los recursos se incluyó en el experimento para capturar
estas dos variables críticas. Añadir componentes de complejidad
temporal y espacial ilustra que un control fuerte de un bien común
no siempre tiene como resultado la mejor explotación del mismo.
Este hallazgo es contrario a la visión clásica de cómo administrar
un bien común.
Según los resultados, cuando los participantes toman una decisión
sin que haya comunicación sobreexplotan el recurso. Pero cuando
tienen la oportunidad de comunicarse, los particpantes mejoran su
cooperación y el efecto dura incluso cuando la comunicación ya no
es posible. El uso de multas costosas aplicadas sobre los demás no
mejoraba la explotación sostenible del recurso.
Según Elinor Ostrom, premio Nobel en Economía en 2009 y
participante en esta investigación, este estudio presenta unos
resultados procedentes de un montaje experimental que es más
complejo que el usado en estudios previos sobre explotación de un
bien común. Los investigadores querían llevar a cabo un experimento
que fuera más realista y que reflejara cómo los individuos se las
tienen que ver tanto con el abuso como con la tentación de la
sobreexplotación.
Allen Lee, otro investigador participante, dice que con la
posibilidad de comunicarse, los estudiantes cooperaban
invariablemente con los demás y mejoraban las ganancias con sus
propias reglas de recolección del recurso. La única vez, según él,
que se rompió esta cooperación fue cuando un miembro o dos del
grupo no estaban de acuerdo con las reglas a las que se habían
llegado.
El próximo paso será sofisticar aún más la simulación del juego
usado en los experimentos y convertirlo en un videojuego
educacional para la juventud. La esperanza de Lee es que la
siguiente generación piense más profundamente acerca de los
problemas ecológicos y sociales que tenemos que encarar y qué se
necesita para administrar los recursos de un modo sostenible. En
lugar de ser sólo fuera un entretenimiento, sería fantástico que la
experiencia obtenida de los videojuegos hiciera que finalmente
tomaran cartas en el asunto.
El segundo estudio que vamos a ver ha sido realizado por Robert Boyd, de UCLA, y sus colaboradores del Instituto Santa Fe. El estudio sugiere que un castigo coordinado aumenta la cooperación en grupos grandes. Según los investigadores esto explicaría cómo se obtiene y mantiene la cooperación en las sociedades humanas. El nuevo hallazgo desafía el modelo tradicional en el que se asume que el castigo no esté coordinado y es incondicional.
Para entender este estudio sería interesante pensar primero en un
grupo de amigos. En grupos pequeños los individuos frecuentemente
tienen relaciones personales con otros miembros del grupo y la
cooperación se mantiene mediante el sistema de reciprocidad de
"si tú me ayudas yo te ayudaré". Los miembros del grupo
cooperan porque no desean dañar a los amigos no participando en los
esfuerzos del grupo y además porque ellos pueden necesitar ayuda en
el futuro.
En los grupos grandes, estos mecanismos de mantener la cooperación
se pierden. Todos los miembros del grupo experimentan los
beneficios de grupos grandes, incluso cuando aquellos que han
dejado de cooperar y se han convertido en aprovechados u
oportunistas. Estas personas se benefician del grupo obteniendo,
por ejemplo, comida o protección frente a los enemigos, pero no
contribuyen a la recolección de comida o a la guerra.
Frecuentemente, en estos casos las relaciones personales con los
miembros del grupo han desaparecido.
Sin embargo, resulta que en los grupos grandes también hay
cooperación. ¿Por qué? Boyd y sus colaboradores sugieren que la
cooperación es mantenida mediante el castigo, que reduce los
beneficios del comportamiento egoísta. Así por ejemplo, hay tribus
en las que se castiga a los hombres que no participan en las luchas
o guerras impidiendo que tomen esposa. De este modo, hay una
amenaza de pérdida de los beneficios sociales si un miembro no
coopera, lo que lleva a un aumento de la cooperación en el
grupo.
El los modelos previos se asumía que el castigo a los que no
cooperaban era descoordinado e incondicional. Un problema que tenía
este modelo era que el costo asociado al castigo era frecuentemente
más alto que las ganancias obtenidas de la cooperación. De este
modo, el costo del castigo sobre un miembro oportunista del grupo
sería sustancial, y no compensaría las ganancias obtenidas a través
del aumento de la cooperación. Aquí se define "costo"
como la pérdida de amistad o de relación personal cercana con otros
miembros del grupo. Para solventar esto Boyd y sus colaboradores
cambiaron la premisa asumida en los modelos previos.
Primero permitieron que el castigo estuviera coordinado entre los
distintos miembros del grupo. En su modelo, los miembros del grupo
pueden comunicar sus intenciones de castigo sobre un aprovechado,
pero el castigo sólo ocurre si está coordinado. Esto significa que
el costo del castigo se distribuye sobre todos los miembros del
grupo y no será mayor que las ganancias obtenidas por el aumento de
la cooperación.
En segundo lugar, los investigadores permitieron que el costo del
castigo sobre los aprovechados declinara según el número de
castigadores aumentaba. Según Boyd la idea es de sentido común,
porque estas dos premisas realmente existen.
Su modelo tiene tres fases en los que los grandes grupos de
individuos no relacionados interaccionan reiteradamente. La primera
es la fase en la que los miembros del grupo envían señales a los
demás sobre sus intenciones de castigar a alguien. En la segunda
fase los miembros del grupo deciden cooperar o no en el castigo. La
última fase es la fase de castigo, en la que los miembros del grupo
castigan a uno de sus miembros.
Los resultados del modelo se parecen mucho a las sociedades
humanas, donde los individuos se encuentran y deciden si se castiga
y cómo a un miembro del grupo que no coopera. Este castigo
coordinado, en el que los miembros del grupo se comunican su
intenciones de castigo y sólo se castiga cuando se ha superado un
umbral, permite que se comparta el costo del castigo.
Boyd dice que incluso en las sociedades sin instituciones formales
para el establecimiento de reglas y métodos de castigo, el castigo
proveniente del grupo parece ser efectivo para mantener la
cooperación.
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y la info que carajo tiene que ver con lo que se dice en el texto