Antes del Mundial-2006, los hinchas de Alemania eran pesimistas sobre sus posibilidades, pero con su empuje, los triunfos y algún sustento científico de que el anfitrión tiene más oportunidades, deben estar confiados de cara al duelo de semifinales ante Italia, el martes en Dortmund.
os anfitriones (Brasil en 1950 y Suecia en 1958) fueron finalistas, y tres alcanzaron las semifinales: Chile en 1962, Italia en 1990 y Corea del Sur en 2002. Según un estudio de la FIFA, más de 6.500 partidos internacionales de alto nivel, casi la mitad fueron ganados por el local, y sólo un cuarto por el visitante. El resto terminó en empate.
Psicólogos y sociólogos están de acuerdo en que el apoyo del público local ayuda al equipo, quitando casancio e intimidando al rival, especialmente al portero. El psicólogo especializado en deporte Alan Nevill, de la Universidad británica de Wolverhampton, puso como prueba un video de 47 entradas a un grupo de árbitros calificados y preguntaban si eran falta o no. Los colegiados fueron separados en dos grupos. Uno podía escuchar los gritos del público, mientras que el otro miraba sin sonido las imágenes. Ninguno de los voluntarios vio la decisión igual que la del árbitro de campo. Los que vieron el vídeo con sonido del público tuvieron una tendencia a castigar menos al local. A partir de allí, Nevill cree que el público es factor de presión. "Para sacarse al público de las espaldas, optan por el 'siga'", sugirió. Otra teoría que envuelve a los jugadores es que el aliento de su hinchada eleva el nivel de testosterona entre los jugadores locales. Nick Neave y Sandy Wolfson, de la Universidad de Northumbria, en el noreste de Inglaterra, tomaron muestras de la saliva de los jugadores de la selección británica Sub-19. Las muestras se tomaron antes de tres entrenamientos y la de dos partidos de local y dos de visitantes. Los partidos se jugaron contra dos rivales: uno moderado y otro más fuerte. Los niveles de testosterona de la saliva tenían un índice medio antes de los entrenamientos y los partidos jugados fuera. Sin embargo, subían en un un 40% antes de los que se disputaban en casa y un 67% en casa contra el adversario más potente. "Sabemos que la testosterona está asociada al dominio y la agresión en los animales", explicó Neave. "Estamos tratando de encontrar lazos entre los resultados y la territorialidad. La hipótesis es que si juegas en casa, se está defendiendo el territorio propio. La testosterona de los porteros incluso es altísima, porque obviamente es el que encarna la defensa propia", comentó el experto.En Dortmund, los alemanes defenderán su propio territorio, en su campo favorito y en su fortaleza.
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