A propósito del estreno de la película La Guerra de los Mundos, un museo dedicado a la ciencia ficción cobija bajo un mismo techo a autores como H. G. Wells, productores de películas como Steven Spielberg, visionarios como Aldous Huxley, aficionados del género como Orson Welles y científicos curtidos de la NASA.
a iluminación, el sonido, y la estética dan al visitante la impresión de estar abordando una nave que serviría tanto para vuelos intergalácticos o como máquina del tiempo.
Además de museo es un salón de la fama que pretende honrar a autores, cineastas, visionarios e impulsores de este género.
Fundado por uno de los precursores de la tecnología cibernética, el co-creador de la empresa Microsoft y filántropo Paul G. Allen, el SFM pretende destacar el valor de la ciencia ficción en los ámbitos literario, científico y cultural.
La junta de consejo del SFM cuenta con la participación de famosos creadores de la ciencia ficción como lo son los escritores Ray Bradbury, conocido por sus novelas Farenheit 451 y Las crónicas marcianas, y Arthur C. Clarke, guionista de la película 2001: Una odisea del espacio.
La obra de H. G. Wells
Asimismo, en la junta no podían faltar algunos de los más célebres productores de cine. Entre ellos están Steven Spielberg quien acaba de estrenar su versión cinemática del clásico de H. G. Wells, La Guerra de los Mundos.
A su vez, H.G. Wells figura en un montaje del museo que ofrece una galería de fotos e información interactiva de los patriarcas de la ciencia ficción. Ahí se encuentra al lado de Mary Shelley, autora de Frankenstein, considerada la primera obra de este género.
Las alusiones a Wells continúan en otros salones dedicados a los afiches publicitarios de películas y el arte de las revistas como Amazing Stories, donde apareció la primera ilustración de Frank R. Paul de los trípodes mortales con los que los extraterrestres invadieron el mundo.
Se recuerda también la insólita versión radiofónica de La Guerra de los Mundos transmitida en 1938 por el grupo teatral de Orson Welles y que causó pánico colectivo entre la población estadounidense que estaba convencida de que habían llegado los marcianos.
No se quedan atrás las exposiciones dedicadas a la televisión y el cine. Hay ejemplos que van desde la caricatura animada Los Supersónicos, pasando por la popular comedia televisiva Mi marciano favorito y la clásica serie Viaje a las estrellas.
Todo complementado, por supuesto, con vestuario, utilería y maquetas originales de las producciones más reconocidas de las pantallas grande y chica.
Entre innumerables ejemplos se incluyen la silla de comando del Capitán Kirk, la pistola de rayos desintegradores de Roldán el Temerario, y el monstruo (en tamaño natural) que aterrorizó a los humanos en la película Alien.
También lo científico
Pero en el SFM no todo es homenaje a la ciencia ficción. Uno de los principales objetivos del museo es explorar los vínculos entre la ciencia y la ciencia ficción.
Donna Shirley, directora del SFM, trabajó durante años con la Agencia Espacial Estadounidense, NASA. "Es muy común encontrar una relación entre ambos", dice Shirley.
"Yo empecé leyendo novelas de ciencia ficción a los once años con gran entusiasmo y me di cuenta que, en efecto, era posible construir cohetes que fueran al espacio. Décadas más tarde terminé trabajando en un lugar que hacía precisamente eso".
"Además de tener visión, la ciencia ficción cuestiona el aspecto ético de la ciencia", afirma Donna Shirley.
"Con la NASA llegamos a Marte utilizando robots. Los científicos se preguntan '¿habrá agua, habrá vida, qué pasa si colonizamos el planeta?' La ciencia ficción ya se ha planteado las implicaciones de la colonización de otros mundos, el contacto con extraterrestres y las consecuencias de la ingeniería genética".
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