Intente algo nuevo como desafío: Construya una estructura a miles de kilómetros de la civilización en una plataforma de hielo en movimiento. Debe resistir vientos de 145 kilómetros por hora, temperaturas de 40 grados centígrados bajo cero y alojar a una docena de científicos a lo largo de inviernos tan oscuros y fríos que el simple hecho de salir a la intemperie puede ser tan difícil como caminar sobre la Luna. Un detalle más: asegúrese de no perjudicar al medio ambiente.
sos son simplemente algunos de los obstáculos que enfrentan los arquitectos e ingenieros que compiten para diseñar una base de investigación en la Antártida para el gobierno del Reino Unido. "Estas son condiciones que uno esperaría encontrar en Marte. Es un sitio muy aislado", dice Gary Rawlings, un arquitecto de proyecto de Make Places, firma con sede en Londres que compite en el diseño de la base de investigación Halley VI, valorada en US$35 millones. "Es más complicado llegar ahí que a la luna".
La estación británica no es el único edificio futurista por construir en el continente de hielo. Alemania hizo recientemente una convocatoria para rediseñar su base de investigación Neumeyer, cerca de Halley.
Estados Unidos se encuentra en medio de una revisión de su base en el Polo Sur, un proyecto de cinco años diseñado por Ferraro Choi & Associates, con sede en Honolulu, que costará US$150 millones.
Estas bases remotas son cruciales para la investigación científica. Se considera que la Antártida es el laboratorio ideal para el estudio de las condiciones atmosféricas y las observaciones celestes. Además, cuenta con el aire menos contaminado del mundo y dentro de sus barreras de hielo se encuentran datos clave sobre el cambio climático.
Su ubicación en la parte inferior del globo terráqueo le permite captar radiaciones invisibles que giran en el universo, así como los cambios en la capa superior de la atmósfera. Halley adquirió fama a partir de su descubrimiento en 1985 de un agujero en la capa de ozono que recubre a la Tierra y por ser uno de los principales centros de estudio para la investigación de las capas superiores de la atmósfera.
Los proyectos para la base británica son realmente futuristas. Los equipos de arquitectos e ingenieros se inspiraron en estaciones espaciales y en submarinos. Una de las ideas consiste en una serie de pirámides movibles, con jardines hidropónicos y turbinas de viento que generan electricidad. Otro se asemeja a una serie de baguettes aerodinámicas sobre pilotes. Un tercer proyecto se parece a una terminal de aeropuerto sobre la superficie de un planeta remoto. Las instalaciones deben ser lo suficientemente grandes como para albergar hasta 60 personas en el verano.
La base británica se ubicará sobre la plataforma de hielo Brundt, que se localiza al sur del Océano Atlántico. Cada año, la plataforma de 150 metros de grosor se desplaza 400 metros hacia el océano, lo que hace que se desprendan grandes pedazos de hielo.
La estación reemplazará a la base Halley V, actualmente en peligro de colapsar en la cima de un iceberg gigante. El hielo sobre el cual está edificada se ha deslizado 8 kilómetros desde su construcción en 1992, arriesgando que sus pilares de metal terminen torciéndose por el movimiento del hielo.
La logística para la construcción del proyecto haría temblar a cualquiera empresa especializada. "Es como construir un barco en una botella y el hielo del mar es el cuello de la botella", dice Peter Ayers, director en la firma de ingenieros británica FaberMaunsell.
A diferencia del Polo Sur, uno de los puntos más secos del planeta, Halley recibe cada año 3 metros de nieve; cualquier cosa que se encuentre sobre la superficie queda enterrada en el invierno.
Para evitar que eso ocurra, la mayoría de las propuestas presentaron diseños de construcciones elevadas. De todas maneras, la nieve tiende a acumularse, por lo que eventualmente habría que elevar el edificio aún más o trasladarlo a otro lugar.
Todas las propuestas incluyen elementos de generación de energía solar o eólica. El plan de la firma con sede en Londres Francisdesign contempla la extracción de calor del océano, que es relativamente menos frío (1 grado centígrado), a 150 metros bajo los bloques de hielo. "Podemos reducir el consumo de energía en 30% frente a lo que se hace actualmente", dice Martin Francis, director de la firma.
El nuevo complejo será el sexto construido en la zona desde 1956. Las crudas condiciones de la zona hacen que las bases sólo duren entre 10 y 20 años.
La British Antarctic Survey y el Royal Institute of British Architects lanzaron la convocatoria en junio. El mes pasado eligieron a seis finalistas de una lista de 86 proyectos de todas partes del mundo. Se espera que hoy la BAS elija a tres finalistas y el diseño ganador sería seleccionado en septiembre de 2005. Esperan inaugurar la base en 2008.
El diseño para condiciones extremas es un gélido deleite para los arquitectos, especialmente para firmas como FaberMaunsell. "Sueño todas las noches con pingüinos", dice Ayers, director de la firma británica.
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verdaderamente un gran desafio para arquitectos e ingenieros
TODO UN DESAFIO.