Al igual que muchos trabajadores que se pasan el día sentados frente a la computadora, Burton notó recientemente que empleaba cada vez más tiempo revisando sus e-mails. Como subdirector de marketing para una gran compañía de Silicon Valley, Burton estaba en posición de hacer algo al respecto. Hace dos meses decretó que los viernes no se podría usar el correo electrónico en su departamento. Los 240 empleados tendrían que usar el teléfono o tratar los asuntos en persona. Además, se multaría a los infractores. "Se supone que el e-mail es una gran herramienta para la productividad", dice Burton, "pero está llegando a un punto en el que es incontrolable".
l correo electrónico tiene muchas ventajas: reduce el número de reuniones y llamadas telefónicas, deja constatación escrita de las decisiones y facilita la comunicación entre personas en diferentes husos horarios. También es fácil de mandar, razón por la que su uso se multiplica.
El número de mensajes diarios en Norteamérica se ha triplicado desde 1999 a 11.900 millones, según la firma de investigación estadounidense IDC; eso sin incluir el correo basura.
Leer todos estos mensajes consume tiempo. La consultora estadounidense ePolicy Institute dice que un 48% de los trabajadores de oficina pasa de una a dos horas revisando e-mails. Un 10% emplea más de la mitad del día en ello.
A Burton se le ocurrió la idea de la cruzada anticorreo electrónico en una visita a la oficina en Londres de su compañía, Veritas Software. Se dio cuenta de que el buzón de uno de sus colegas tenía menos de 10 mensajes, frente a los 400 que diariamente se acumulaban en el correo del propio Burton.
Su colega en Londres le dijo: "Cuantos más mandes, más recibirás". Entonces decidió poner en marcha su pequeño experimento.
Decidió que la prohibición se aplicaría sólo a las comunicaciones internas del departamento de marketing de Veritas; sus empleados podían seguir mandando e-mails los viernes a otros departamentos y fuera de la compañía. Los infractores pagarían una multa de US$1 por cada mensaje enviado y descubierto y lo recaudado se destinaría a organizaciones benéficas.
Al principio muchos se quejaron y ofrecieron todo tipo de excusas para mandar algún que otro mensaje, pero luego se acostumbraron. La prohibición semanal, dice Burton, ha sido un éxito y planea prolongarla indefinidamente.
Los viernes recibe la mitad de mensajes que antes y no sólo finaliza su trabajo más rápidamente, sino que su oficina está menos abarrotada de mensajes impresos ocupando espacio. El director creativo Jeff Rennacker dice que el trato cara a cara elimina la confusión de un e-mail mal redactado y, como resultado, los proyectos se acaban más rápidamente.
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