Un día, viendo un programa de Discovery Channel en la televisión, ocurrió algo que me llamó poderosamente la atención: el locutor nos pedía a los televidentes, que nos fijáramos muy bien en lo que iba a pasar en la parte superior del monitor. La toma mostraba un paisaje de campo, con un campesino atravesando de izquierda a derecha, después de unos segundos, el locutor preguntaba si habíamos visto lo que pasó volando en el cielo.
Me sorprendió porque a pesar de que puse
mucha atención, simplemente no vi nada volando. El locutor insistió
en que observáramos con mucho cuidado. Repetirían la toma, pero
ahora en cámara lenta. ¡Pues nada! Yo seguía igual. Lo único que
variaba era la velocidad de movimiento del campesino. Hasta la
cuarta repetición, cuando la velocidad de la película había
disminuido a un veinticinco milésimo de segundo, se veían dos
puntos brillantes en el cielo, uno del lado superior izquierdo de
la pantalla y el otro, en el lado superior derecho. El locutor
explicaba que se trataba del mismo objeto, pero por la velocidad a
la que viajaba, la cámara no podía registrar su movimiento como un
movimiento continuo y por eso salía como una fotografía
estroboscópica. Hasta entonces entendí muy bien de qué se trataba.
Era un objeto que volaba tan rápido, que resultaba prácticamente
imperceptible para el ojo humano, y casi imperceptible, para esa
cámara que captó la imagen. En seguida una cascada de preguntas nos
asaltó por parte del programa: ¿a qué velocidad viajaba ese
objeto?, ¿de qué material debe estar hecho para viajar a esa
velocidad sin desintegrarse en la atmósfera terrestre?, ¿qué tipo
de tecnología se necesita para hacer volar a un objeto a esa
velocidad, sin que deje una estela de combustible quemado, como los
cohetes?, ¿qué es eso que pasó volando frente a la cámara? Al cabo
de una media hora, el programa terminó en la televisión, pero en mi
mente continuó rodando la película: me preguntaba si el desarrollo
de nuestra inteligencia, en términos de humanidad, está al nivel de
lo que Jean Piaget denomina como Periodo Preoperatorio, en la que
la atención perceptual está centrada en una dimensión. Recordaba el
experimento en el que se le pide a un niño de cuatro años que
vierta el contenido de agua, de un vaso delgado y alto en uno ancho
y bajo, de la misma capacidad, y se le pregunta que ¿a cuál le cabe
más?, y el niño responde con toda certeza que al delgado y alto, y
aunque repita el mismo procedimiento en ambas direcciones, él
continua afirmando que al vaso delgado y alto le cabe más. Piaget
explica que esto sucede porque su pensamiento todavía no tiene la
capacidad de realizar operaciones reversibles. Su pensamiento
todavía está dominado por una percepción unidimensional, por lo
tanto lo más largo es más grande y si es más grande, entonces le
cabe más. Aunque el niño vea físicamente que les cabe lo mismo, no
lo puede ver conceptualmente porque todavía no ha construido la
noción de conservación del volumen (Piaget. 1986).
Los seres que construyeron ese objeto, indudablemente que tienen una inteligencia más desarrollada que la nuestra, y hablo de la nuestra, como la inteligencia que nos ha permitido poner a un hombre en la luna, pero que todavía no nos permite hacer volar un objeto en forma autónoma, sin combustible a base de hidrocarburos, a esa velocidad; y comparando nuestra inteligencia con la de ellos, estaríamos tal vez como la del niño de cuatro años (inteligencia preoperatoria), que no nos permite ver conceptualmente ese fenómeno, y si lo vemos, de todos modos no lo creemos, como cuando llegó Hernán Cortés a las costas de América (según la película ¿y tú qué sabes?): nadie veía los barcos anclados frente a la playa, porque al ser esos objetos totalmente desconocidos, nadie tenía una imagen mental de ellos, sin embargo, el sacerdote veía en el movimiento del agua que llegaba a la orilla de la playa, que había algo en el mar, de tal forma que haciendo inferencias en base a sus sospechas, logró ver las naves, y eso bastó para pasarle la visión a toda la comunidad, es algo similar a lo que ocurre con las figuras que se forman con aparentes manchas de tinta, que estando colocadas en una posición se observa una joven y bella dama, pero si se gira 180º, entonces se observa una vieja y horrorosa bruja. En algunas ocasiones no podemos ver la otra figura, ni con el giro de la imagen, ni con una explicación detallada, porque la imagen mental que ya nos formamos de la primera, nos impide ver la segunda. La psicología de la Gestalt ha estudiado este fenómeno, y ha diseñado varios experimentos para demostrar cómo se puede reorganizar el campo cognitivo en función de la reorganización del campo perceptivo (www.geocities.com/Nashville/Stage/9882/contexp.html). El experimento en el que se les proporciona a los alumnos, 6 palillos para que construyan 4 triángulos equiláteros, sin que se cruce ningún palillo, es un claro ejemplo de este principio psicológico: la solución ocurre cuando el alumno percibe el triángulo en 3 dimensiones, pero esto ocurre después de múltiples intentos de solución en el plano bidimensional. Esto sucede invariablemente así, porque nuestro cerebro está acostumbrado a percibir la geometría en el plano bidimensional, y sólo hasta que sentimos que hemos agotado las posibilidades de solución en ese plano, ante la contundente afirmación del profesor de que sí tiene solución, es que surge la solución, primero como imagen mental y luego como experiencia.
Pero al margen de si existen o no otras formas de vida inteligente en el universo, el esquema de la Psicología Genética para explicar el desarrollo de la inteligencia humana, en términos del desarrollo de la civilización, me viene muy bien como referente conceptual para continuar disertando sobre la relación entre la percepción y la construcción del conocimiento. Para la Psicología Genética, la inteligencia evoluciona del egocentrismo a la socialización (www.monografias.com/trabajos14/piaget-desarr/piaget-desarr.shtml). Así tenemos que cuando nacemos somos totalmente egocéntricos, porque el mundo debe girar en torno a la satisfacción de nuestras necesidades, pero conforme vamos creciendo, el proceso se va invirtiendo: la evolución de la inteligencia nos permite ir sustituyendo gradualmente el egocentrismo por socialización. El primer gran paso hacia esta evolución, lo constituye la apropiación del lenguaje verbal, ya que mediante él empezamos a asimilar las reglas de comportamiento social y a reprimir o controlar los impulsos fisiológicos se secreción y excreción, motivados por las funciones biológicas de nuestro organismo. El control de los esfínteres constituye un claro ejemplo de este proceso civilizatorio de evolución de la inteligencia.
Después, el nacimiento y desarrollo de las operaciones reversibles del pensamiento, nos permiten acceder al escenario del pensamiento lógico: si yo tengo un hermano, entonces mi hermano también tiene un hermano, que soy yo, o bien, si A tiene relación con B, entonces B también tiene la misma relación con A, y con ello logramos subir otro importante peldaño hacia la socialización, porque eso nos permite descentrarnos del Yo, para comprender al Otro, siendo el Otro, la sociedad y la cultura.
Finalmente alcanzamos el último peldaño en la evolución de la inteligencia, cuando arribamos al escenario del pensamiento lógico formal, es decir cuando tenemos la maduración suficiente como para realizar inferencias inductivas y deductivas, así como para representar los fenómenos de la vida cotidiana en lenguaje matemàtico, porque con ello logramos comprender que somos el resultado de lo que muchísimas personas hicieron antes de que naciéramos, para tener lo que tenemos y ser lo que somos, y eso nos coloca en la cúspide de la socialización Por fin logramos entender que lo más importante en la vida, no es el individuo, sino la sociedad y la cultura en términos de civilización, y que con esa inteligencia tenemos que hacer aportaciones a la sociedad para que la civilización avance.
Pero a pesar de que logramos ese estado de evolución en la inteligencia, seguimos juzgando al universo en función de lo que conocemos en la tierra: hemos descubierto 75 elementos en nuestro planeta (inicia.es/de/sistemaperiodico/), y afirmamos que todo el universo está compuesto por combinaciones de esas formas de materia, pero ¿serán esas todas las variedades de la materia que existen en la tierra?, ¿serán esas todas las variedades de materia que existe en el universo?, ¿no es una arrogancia egocéntrica afirmar que el universo está compuesto exclusivamente de lo que existe en la tierra?, ¿acaso no era una arrogancia egocéntrica del clero católico afirmar que la tierra era el centro del universo?; pero además seguimos enganchados a la idea de que el único conocimiento válido, es el que pasa por el registro objetivo de los sentidos. Necesitamos ver, oír, oler, probar y tocar las cosas para darlas como ciertas y verdaderas, y claro, tiene su justificación: después de largos siglos de oscurantismo medieval, más vale ver para creer, pero resulta que nuestras capacidades perceptivas, dentro del universo de seres vivos en la tierra, es de las más pobres: tenemos una capacidad visual, auditiva, olfativa, gustativa y táctil, mucho menor que la de la mayoría de los animales, baste decir que la velocidad del movimiento de las manos de un mago ¡nos engaña!, una águila ve mejor que nosotros de lejos, un búho ve mejor que nosotros de noche, no tenemos sistema de sonar para ver como los murciélagos, ni sensores de temperatura para ver como las serpientes, un perro tiene un olfato mucho más sensible que el nuestro, no percibimos la vibración de la tierra cuando se aproxima un sismo como la mayoría de los animales, etcétera. Y con esas limitaciones perceptivas, ¡queremos juzgar el universo!. Bueno, si eso no se llama arrogancia egocéntrica, entonces no sé cómo llamarla.
Por supuesto que en contra de este argumento, pesa el hecho de que ante tales limitaciones perceptivas, hemos desarrollado las habilidades del pensamiento. La inteligencia nos permite hacer herramientas, instrumentos y modelos, que amplifican nuestra capacidad perceptiva, más allá de lo que cualquier animal puede lograr.
Por otra parte, no podemos retroceder epistemológicamente, aceptando como válido o verdadero, cualquier juicio subjetivo y arbitrario, porque sería como regresar al oscurantismo medieval. Necesitamos confirmar por la vía de los sentidos, que lo que descubrimos, lo que inventamos y lo que conceptualizamos, es producto de lo que la inmensa mayoría de las personas concebimos como real, y no de la imaginación de una persona.
Ahora bien, si esto es así, entonces ¿cuál es la disyuntiva? La disyuntiva radica en: por una parte, aprender a construir el conocimiento sin arrogancia egocéntrica, es decir, quitándonos de la cabeza que el universo gira en torno a los seres humanos, en función de lo que nosotros sabemos de él desde esta minúscula e insignificante partícula del cosmos; y por otra, aprender a desarrollar otras habilidades perceptivas. La película ¿y tú qué sabes? plantea una clave en este sentido, cuando se explica el fenómeno de la purificación del agua por medio de la oración, o cuando explica la desconexión entre los neurotransmisores y los neuroreceptores, cuando nos invade la ira, y la reconexión, cuando se practica la meditación. En el caso del agua, si a alguien se le ocurriera que un vaso de agua contaminada con arsénico se vuelve potable por el simple hecho de hacerle una oración para que se purifique, y enseguida se la toma, sin verificar previamente, con análisis de laboratorio, su pureza, esa persona podría morir envenenada. Está claro, que el proceso de investigación nos sirve en ese caso, para ver (percibir visualmente) que el agua no contenga elementos nocivos para la salud, pero el simple hecho de aceptar la hipótesis que la oración puede modificar la estructura molecular del agua, para librarla de sus elementos contaminantes, implica de facto, un cambio de percepción en la construcción del conocimiento, es decir, poder ver el objeto de conocimiento desde otra perspectiva, nos puede conducir a una evolución de la inteligencia, pero además, la película también nos plantea que cuando logramos conectar la emoción al intelecto, aparte de que se logra una reconexión mucho mayor entre neurotransmisores y neuroreceptores, que con la simple actividad puramente intelectual, también se logra una mayor luminosidad, que se traduce como un flujo de corriente eléctrica en el cerebro, muy superior a la corriente normal, de tal suerte que el dicho popular de que se prende el foco cuando alguien llega a tener una idea brillante, es mucho más que una simple metáfora. Esto corrobora que el principio Constructivista que plantea la necesidad de resignificar la información desde el nicho de la emoción, constituye un paradigma fundamental en la construcción de aprendizajes significativos, así como en la evolución de la inteligencia.
A este respecto, Reuven Feuerstein, psicólogo, discípulo de Jean Piaget, dice: utilizo la palabra creencia para el factor energético que me impulsa a buscar las cosas ( ) El lado científico está asegurado. Porque sin él, usted no puede hacer eficaz su creencia. Hemos realizado trabajos de investigación, que nos han permitido mostrar que la modificabilidad de la inteligencia es verdaderamente posible. Desde el punto de vista de la evidencia científica, esto existe, pero muchos datos científicos no son utilizados, porque el científico no cree en la hipótesis que los genera, por lo tanto, la evidencia científica no basta (FEUERSTEIN, 1987, p.2)
(continuará la semana que viene...)


hola como tellamas
hola como tellamas
Supongo que los límites reales de la Ciencia, aquellas facetas de la "realidad" a la que ni puede no jamás podrá llegar... Tendremos que acceder por otros medios, porque cada vez va formando más parte patente del consciente colectivo que, no solo "hay más", sino que además, es parte fundamental y tal vez de importancia creciente, en el quehacer, cotidianidad, y desarrollo humano....
theonlymath.spaces.live.com/
me parece que este articulo hace que se produscan muchas preguntas de como estamos concibiendo el mudo, la induccion es la forma correcta para llegar al conocimiento?, no nos podemos basar en lo que nuestros sentidos nos dicen porque en realidad no sabemos si estos nos lo dicen todo.
MUY INTERESANTE ME LLAMO MUCHO LA ATENCIO
la netha no me gusto para nada.........
hola! me gustaria que me agregaras en tu msn para que me pudieras avisar cada vez que publicas un artículo acerca de la psicología en la educacion y el aprendizaje, vale? porke me puede ser muy util para mi carrera...gracias!!!!!
marikarmen1988@hotmail.com
agrégame y te cuento! un saludo
como envio los iconos gestuales a mi correo
`po+klk
hola
chao
<El articulo es por de más interesante, muy bien escrito, en cuanto a forma y fondo. Hay que aprender a pensar, no auto imponerse limites, como dicen El poder del pensamiento es ilimitado ejerzan ese poder. al igual que maria del camern me interesan temas relacionas con psicologia del aprendizaje por lo que tambien dejo mi correo, por si tienes tiempo de avisar cuando vuelvas a escribir. gracias
buocr@yahoo.es
mira es admirable y parse interesante pero no encontre lo que buscaba a y bonito dibujo e solo que sy ablas de un tema por que no mostras un video o algo que aparente lo que decis ok chau sy te interesa saver de donde soy soy yhanett y mi correo es yhanett_12
Como novata que soy, aún gateo. Ya he encontrado la primera parte de tu trabajo (te la pedía en un comentario a la segunda parte), y algunas otras cosas más. Espero poder usar pronto las manos... Gracias por tu trabajo, Sergio.
pues esos que opinan es q no entienden no tienen una neurona
putos