Acababa mi anterior artículo indicando la importancia vital de la publicidad como fuente de financiación para Internet. Para muchos este recurso es la tabla de salvación que nos permite seguir a flote en las aguas de Internet. Para nuestra desgracia, lo que encontramos, no son grandes troncos que permitan construir balsas seguras, sino tablas dispersas que permiten mantenernos a flote agarrados con una mano, mientras que con la otra, damos espasmódicas brazadas hacia otras tablas, para construir entre todas una mínima plataforma donde poder descansar a seco.
Cuando aparecieron las primeras páginas web, por analogía con las páginas de una revista, se aplicó el criterio publicitario de la venta de espacios publicitarios. Nace así el banner, un rectángulo de espacio que se alquila en la página web..Simultáneamente, a alguien se le ocurre añadir algo que es la esencia misma de Internet, un link, que enlaza el pequeño rectángulo publicitario con una completa web dedicada al producto anunciado. Poco después se añade la guinda, una tienda que permite la venta del producto al internauta.
Parece que hemos encontrado la piedra filosofal del marketing, con la publicidad despertamos el afán de comprar, y antes que se enfríe, sobre la marcha, le endilgamos al usuario el producto publicitado.
Lo que no puede conseguir en el periódico, o en la valla publicitaria, que necesitan, primero, convencer, y luego, quizá días después, cuando salgas de compras, que recuerdes, sigas deseando el producto, y encamines tus pasos hacia la tienda donde comprarlo, se consigue con un sencillo banner en Internet . Esta teórica propiedad despierta un frenesí desmesurado, una legión de empresas .com pretende vender los más variados y estrafalarios artículos, desde tierra para gatos, a ruedas para tractor.
Inicialmente, el invento despierta la curiosidad en la gente, que pincha los enlaces para ver que hay detrás, e incluso algunos se deciden a comprar algun producto, alimentando aún más la caldera de la especulación, pero poco a poco la triste realidad se impone. Por un lado, perdida la novedad, los internautas dejan de sentir deseo de ver lo que hay detrás del banner y no pinchan los link. De otra parte, la falta de profesionalidad de los chiringuitos digitales, nacidos a la sombra de la idea de vender por Internet, hacen que las compras a través de este medio quede desprestigiadas.
El publico se retrae de comprar
El publico opina, y con razón, que comprar por Internet es peligroso. Primero, porque los datos de lau tarjeta de crédito circulan por un medio sin seguridad. Segundo, porque una imagen no sustituye ver físicamente un producto. Ocurre frecuentemente que el comprador se siente defraudado al comparar lo recibido con lo que se imaginó que recibiría a partir de unas fotografías. Por último, los fallos logísticos de unas empresas nacidas de la nada, sin experiencia en venta en el medio, fueron sonados, productos que no llegaron, o llegaron tarde, o rotos, sistemas posventa inexistentes o incompetentes, alguna que otra estafa pura y dura, etc.
Poco a poco, la gente se muestra reacia a comprar por Internet. Las empresas creadas por unas expectativas que no se cumplen, entran en crisis y se produce la Burbuja Tecnológica, el dinero de las compras no llega, y es sistema hace aguas por todas partes. El número de empresas .com fallidas crecen de forma imparable, y con ella desaparecen miles de banners que permitían subsistir a otras empresas, que con contenidos gratuitos, tratan de conseguir un gran flujo de visitas a sus webs.
Publicidad intrusiva
Por otra parte, mediante un proceso mental inconsciente, el usuario aprende a no ver los banner y su eficacia disminuye dramáticamente. Estudios científicos prueban que el internauta censura los banner, de forma que el consciente no los identifica. Se trata de buscar caminos para evitar esta censura añadiendo movimientos, parpadeos, banners que se desplazaban por la pantalla y por último las odiadas pop-up,.paginas que se abren inesperadamente obligando a leer al usuario el contenido del banner.
Se entró en lo que se ha llamado la publicidad intrusiva, que si bien consigue atrae la atención del público, fomenta el odio del publico hacia el producto anunciado, ¿Quién no odia a ING, a los casinos digitales, o las páginas porno?. Yo desde luego ni meteré un duro en ese banco, ni me lo jugaré en esos casinos, ni me los gastaré en esos burdeles.
Buscar el gusto
Aparece otra alternativa, quizá más inmoral, pero mucho más inteligente. Tratar de presentar banners de productos que presumiblemente deseas o te agradan, de modo que no moleste recibir información adicional sobre ellos. Si anunciar productos no deseado, crea rechazo, anunciar productos que deseados presumiblemente son bien acogidos. Para ello es necesario saber mucho más sobre el internauta, pues el anuncio a mostrar ha de ser seleccionado especialmente para el.
Para cubrir esta demanda aparece los Spyware y Adwere, programas que con técnicas hacker colocan en tu ordenador sin tu conocimiento, para explorar cual es tu perfil y lo comunica a su dueño, con la finalidad de que te presenten anuncios que se ajusten a tus aficiones y preferencias.
Un procedimiento inmoral
El método elegido, en mi opinión, es inmoral, pues se basa en el engaño.No informan claramente que, junto a un producto gratuito, te instalan programas Spyware o Adware que comunicarán tus gustos usando tus propios medios, ordenador y líneas de comunicaciones. La inmoralidad no esta en el hecho de instalarlo, pues posiblemente estuviésemos dispuesto a permitir un Adwere por el uso de un producto gratuito, sino en hacerlo de una forma sibilina, eludiendo la libre aceptación del usuario. Naturalmente, lo indican, pero entre las condiciones de uso del producto, unas doce páginas en inglés que se pueden leer en una ventanita de cinco renglones, que nadie lee, y ellos lo saben..
Después de explosión de la Burbuja Tecnológica
Internet como el Ave Fénix, esta renaciendo de sus cenizas, cuando nadie sabía ya como acertar. Nuevamente vuelve la publicidad y con ello la posibilidad de vida a Internet. Poco a poco el papel de la publicidad en Internet se va definiendo con una personalidad clara y muy diferenciada del que tiene en otros soportes publicitarios Los que hemos sobrevivido al desastre de la Burbuja Tecnológica, aprendimos duramente la lección sobre lo que es Internet. Tratare de definir las principales características de Internet, en una cuantas frases:
Es raro y difícil vender por Internet, tan solo algunos artículos y servicios son adecuados a este medio y los han de vender empresas con gran prestigio y solvencia cimentada en el comercio tradicional.
Es normal y sencillo vender con Internet, cualquier empresa puede utilizar Internet como una herramienta más de comunicación con el cliente, junto con el correo, o el teléfono. Internet es el lugar ideal para poner al cliente en contacto con una información sobre los productos y servicios que se oferten, tan detallada como el cliente pueda desear tener.
Internet es democrático. Todos los usuarios tenemos el mismo poder, si alguien, por ejemplo un anunciante, pretende imponerse, se le responderán con acciones imprevisibles que anulan esa pretensión, como son el no ver los anuncios, o instalar un programa que matan los pop-up antes de nacer. Sólo si los internautas colaboran voluntariamente, la publicidad será admitida y dará resultados.
Si quieres tener un sitio con éxito en Internet has de actuar de forma honrada a carta cabal con tus visitantes, y tratar de hacerles la vida más agradable, si no escuchas las sugerencias e impones tus métodos, el usuario responderá con contundencia dejándote fuera de juego.
La publicidad en Internet sobre todo información, si el usuario no desea información sobre un producto, la publicidad produce efecto. Fuera de la información, solo mejora la imagen de marca, pero el usuario de Internet, es poco marquista por naturaleza, y muy dado a comparar precios y calidades. Se fía más de la opinión de un amigo que de una marca.
Google, dos pasos mas adelantado.
En el próximo capítulo os hablaré de los chicos más listos de la clase en esto de la publicidad, se llaman Sergey y Larry, y llevan acertando en esto de la publicidad en Internet, desde 1996, cuando buscaban un medio para dar a conocer al público y vender, un invento que habían desarrollado en los últimos años de su carrera universitaria, un buscador de documentos que llamaron Google .
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