A principios de la década de los 70 se publicó un libro que causó admiración e indignación social, porque en él se nos advertía que estábamos dejando entrar a nuestros hogares, al "lobo disfrazado de cordero". Se trata del libro "Cómo leer al pato Donald", en el que Ariel Dorfman y Armand Matelart, develaban mediante el Análisis del Discurso, cómo se transmitía la ideología del imperialismo, vestida con el trajecito casual y ligero del estilo de vida norteamericano (american way of life), a través de las divertidas e inocentes caricaturas de patitos, perritos y ratoncitos, producidos por la industria Disney.

En el análisis del discurso que transmiten estas caricaturas, Dorfman y Matelart van desenmascarando paso a paso, los mensajes ocultos que inducen no nada más a los niños de Estados Unidos, sino también de Latinoamérica y varios países de Europa, a aceptar como normal e inevitable, el desarrollo de la sociedad en base a clases sociales, donde los ricos tienen todo el derecho de explotar a los pobres, donde la movilidad social se da en base a una especie de fortuna individual (sólo el que tiene buena suerte puede progresar), donde la fórmula para tener éxito en la vida radica en la acumulación de grandes masas de dinero, con lo que prácticamente estaban induciendo a la niñez a amar el dinero por encima de todo lo demás, es decir, estaban reforzando en los niños, valores egocéntricos basados en la ambición y el poder, en la obtención de riqueza sin esfuerzo, y al mismo tiempo, devaluando el valor del trabajo y del ahorro mesurado.
Estos señalamientos pronto fueron retomados por otros teóricos de la comunicación, que volcaron sus estudios sobre el contenido oculto de los mensajes transmitidos por la televisión, de tal forma que poco a poco se fue llegando a la conclusión de que la inmensa mayoría de los programas televisivos, formaban parte de un muy bien estructurado sistema de reproducción de la ideología dominante: las caricaturas, las telenovelas, la mayoría de las películas, los noticieros, los concursos, etc., de una o otra forma, reproducen y refuerzan los valores del imperialismo, que además aparecen orgánicamente ligados al machismo patriarcal.
De estos estudios se empezó a derivar una actitud pesimista respecto a los medios: "la televisión es una influencia negativa en la formación de los niños", "las historietas deforman la mente de los niños", "los videojuegos inducen a la violencia", en fin, lo cierto es que se perdió el enfoque respecto al problema real: lo que ideologiza es el contenido de los mensajes que se transmiten por los medios, no los medios en sí mismos. De cualquier forma, ante esta alarma moral de la sociedad, se activaron ciertos mecanismos de defensa que derivaron en una Teoría de la Audiencia Crítica, que permitió producir cursos, talleres, materiales impresos y audiovisuales, e incluso, un nuevo modelo de análisis del proceso comunicativo: "La Comunicación como un Proceso en Totalidad", producido por el comunicólogo Daniel Prieto Castillo. Modelo con el que aparte de transformar la concepción ontológica del sujeto, se construyeron nuevas herramientas para realizar un análisis metódico y holístico de los mensajes, en sus tres momentos de circulación social: Producción, Distribución y Consumo.
La concepción ontológica de este nuevo enfoque, dejó de ver al ser humano como un "recipiente" de estímulos, para ubicarlo en su justa dimensión: ente social que decodifica y recodifica los mensajes, con un filtro estructurado por su bagaje cultural. Este cambio en la concepción del sujeto es muy importante para comprender la relación que existe entre los fenómenos mediáticos y los procesos cognitivos. Daniel Prieto se preguntó por qué si él y otros teóricos de la comunicación, habían crecido consumiendo esos mensajes imperialistas y patriarcales, sin una actitud de audiencia crítica, no eran fieles seguidores del capitalismo y del machismo, sino por el contrario, eran sus fieles detractores. La respuesta era aparentemente muy simple: el modelo Funcionalista de la Comunicación nos dice que en un proceso comunicativo existe un emisor y un receptor, pero Prieto sabía que los teóricos de la mercadotecnia y la publicidad, hacían constantemente estudios del impacto que causaban los mensajes publicitarios en su audiencia, y por los resultados de esos estudios, sabía que la respuesta a un mensaje, por más simple y directo que sea, provoca respuestas muy diversas, lo que confirma la idea de que el mentado receptor no existe; lo que realmente existe es el sujeto, que inmerso en una cultura, interpreta inmediata e inevitablemente lo que percibe, y lo interpreta con sus conocimientos, con sus creencias, con sus prejuicios y con sus valores, por lo que no es un simple recipiente, sino un intérprete activo que no reacciona mecánica o instintivamente ante los mensajes. Cuando una persona ve la televisión y un anuncio comercial le ordena que ¡compre tal producto!, la persona no sale como autómata corriendo de su casa para comprarlo, porque por una parte sabe que ese tipo de mensajes, exageran sobre las virtudes del producto, o bien, que dicen mentiras, y por lo tanto, antes de comprarlo va a preguntar sobre sus cualidades a personas de su confianza, a las que sí les pueda creer. En el caso de un niño que se sienta frente a una máquina a jugar un videojuego, también es cierto que cuando termina de jugarlo, no sale corriendo a buscar un arma para matar al primero que se le atraviesa en el camino, o a tomar un automóvil para conducirlo a toda velocidad, derribando postes, árboles e impactándose contra otros vehículos para llegar a determinada meta, simplemente porque la cultura que posee le permite interpretar correctamente entre la ficción y la realidad, sabe perfectamente bien que el juego no es la realidad. Otro claro ejemplo de la multiplicidad semiótica de los mensajes masivos, lo constituyen los procesos electorales, en los que después de un bombardeo intenso en forma auditiva, visual y audiovisual, una buena parte del electorado, no acude a las urnas, por el simple hecho que no cree en lo que le dicen ni los candidatos ni los partidos políticos.
Ahora bien, el hecho de que las personas no reaccionen como máquinas preprogramadas o como animales de laboratorio ante un mensaje masivo, no significa, que esa capacidad inherente al sujeto, de interpretar instantáneamente los mensajes, lo convierta automáticamente en audiencia crítica, ya que se trata de dos niveles de interpretación muy distintos, mientras que el primero no requiere ni siquiera de una argumentación libre, el segundo exige de un entrenamiento para ejercitar las habilidades mentales de análisis y síntesis, es decir, mientras que la primera se da a nivel de la emotividad (creer o no creer sin necesidad de razonar el asunto), la segunda sí implica un razonamiento lógico.
Los defensores de los medios, por su parte, argumentan que los medios pueden constituir un valioso recurso educativo, ya que pueden mostrar con mucha claridad el desarrollo de procesos instrumentales y abstractos, mejor que un maestro frente a su grupo, por ejemplo, el procedimiento de disección de un animal en la clase de biología, es algo que hay que ver, y si el grupo es de 40 alumnos o más, es muy difícil que los 40 jóvenes se acomoden de tal manera que todos puedan ver con claridad, en cambio la televisión, el cine o las diapositivas, pueden mostrar ese procedimiento instrumental, con acercamientos, amplificando los detalles que se quieran enfatizar, y se pueden poner tantos monitores como sea necesario para que todos vean cómodamente y con precisión lo que se quiere mostrar, o bien, en una clase de historia, la combinación de imágenes y sonido nos pueden mostrar el ambiente cultural que prevalecía en la época: las formas de vestir, de hablar, de relacionarse, la organización para el trabajo, lo que producían, las formas de intercambio comercial, la tecnología de la época, los rituales sociales y religiosos, las creencias, los valores morales, etcétera, o en una clase de matemáticas, se pueden mostrar los procesos de reversibilidad en las ecuaciones, de una manera gráfica y casi mágica, con el auxilio de las disolvencias de imagen que nos permite la televisión, y por supuesto que eso aclara visualmente, una representación simbólica de la realidad que es esencialmente abstracta.
Muchas personas afirman que sus hijos aprendieron a contar o a distinguir los colores, o incluso a leer, viendo el programa de Plaza Sésamo. La propia Secretaría de Educación Pública auspicia una modalidad educativa en Secundaria (Telescundaria), estructurada en torno a esta idea de que los medios educan, y para no ir más lejos, actualmente el gobierno de Fox está invirtiendo una importante cantidad de recursos económicos, en equipar a las escuelas primarias con equipos computarizados que permiten mostrar la información de enciclopedias electrónicas, en una pantalla de computadora del tamaño de un pizarrón, que le permite al maestro, mostrar la información del tema de una manera clara y amena. A este programa le ha llamado Enciclomedia (enciclopedia mediática), y tanto por la cantidad de dinero que le ha invertido, como por la cantidad de promoción que le ha hecho en prensa, radio y televisión, se entiende que para el gobierno, los medios constituyen un valiosísimo recurso educativo que mejoraría la calidad de la educación.


MENSAJES SUBLIMINALES DE TRASFONDO ! ! ! :O !
PERO SI LA COSA ESTA MUY CLARA A VECES ESTOS MENSAJES TE LOS " TIRAN POR LA CARA " SIN DISFRAZ ALGUNO O BUENO TAMBIEN TE LOS ESCONDEN BIEEEN COMO EN ESOS DIBUJITOS
LA INFORMACION OBJETIVA ES ALGO CASI UTOPICO
PORQUE CASI CASI CASI SIEMPRE TODOS DECIMOS ALGO QUE NO NOS HAGA PONER EN UNA SITUACION INCOMODA, O QUE DESPUES ALGUIEN NOS VENGA A DECIR EN CARA :
Y LO QUE DIJISTE ESA VEZ ?? POR QUE NO LO CUMPLES ???
TODOS PENSAMOS EN ESO... SOMOS UNOS ESTUPIDOS ESCLAVOS DEL QUE DIRAN TODOS TODOS TODOS
Y CUANDO EN REALIDAD EXPRESAMOS LO QUE REALMENTE SENTIMOS LO HACEMOS DE MANERA ANONIMA O CAMBIANDO NUESTRO NOMBRE ! JAAA COMO POR EJEMPLO EL QUE LES HABLA
TENEMOS UNA NATURALEZA CONTRAPRODUCENTE
SOMOS POR NATURLEZA SERES SOCIALES, Y POR LO TANTO LA ACPTACION SOCIAL DE NOSOTROS Y NUESTRAS IDEAS ES PARTE DE ESTA INTERACCION SOCIAL PERO PARA QUE ESTA ACEPTACION SOCIAL OCURRA CASI CASI SIEMPRE MENTIMOSSSS
NATURALEZA SOCIAL -> INTERESES -> INFORCION SUBJETIVA O MENTIRAS -> ENGAÑO -> DEINFORMACION ( NO HAY ALGO ESTABLECIDO )
Y ES QUE EN REALDIAD NO HAY NADA PORQUE TODOS POENSAMOS DIFERENTE ES UN UNIVERSO PARA TODOS
ENTONCES ....
INFORMACION OBJETIVA ??? AL DIABLO
NI LA PRENSA NI NOSOTROS MISMOS !
( LO QUE ACABO DE DECIR ES ALGO SUBJETIVO TAMBIEN PORQUE ESTOY EN CONTRA DE LO OBJETIVO Y COMO TENGO ESE PUNTO DE VISTA
SOY SUBJETIVO )
:O jajajjajaaaaajajaaaa
SOLO LOGRAREMOS ESO CUANDO EXISTA ARMONIA PAZ AMOR E IGUALDAD
IGUALDAD LO MAS IMPORTANTE :)
En 1972, la literatura política latinoamericana alcanzó ribetes de epopeya con una aguerrida lectura ideológia comunista aparecida, precisamente, en el crispado y radicalizado Chile del marxista Salvador Allende. La obra en cuestión, por increíble que parezca, lleva como título “Para leer al pato Donald,” al que le sigue un subtítulo algo menos rimbombante: “Comunicación de masa y colonialismo.” Un recordatorio, sin duda, de que las acciones tienen consecuencias. Incluso las malas.
¿Y de qué se trata? Los chilenos Ariel Dorfman y Armand Mattelart se proponen encontrar el oculto mensaje imperial y capitalista que encierran los personajes de historietas. Estos intrépidos autores quieren desenmascararlos a toda costa, demostrar las sinuosas intenciones que esconden y denunciar ante los pueblos del orbe la silenciosa infiltración que el imperialismo efectúa en sus tierras. Donald, Mickey, Pluto y compañia no son lo que parecen. Son agentes encubiertos de la reacción conserva-derechosa para asegurar una relación de dominio entre la metrópoli yanki y sus colonias. Disneylandia es un símbolo del capitalismo -y metáfora del propio Estados Unidos- con el que se induce a los niños a cultivar el egoísmo más frío y materialista en favor de los intereses de Wall Street. Obsérvese: “Disney expulsa lo productivo y lo histórico del mundo, tal como el imperialismo ha prohibido lo productivo y lo histórico en el mundo del subdesarrollo.” No se trata de las divertidas peripecias de un pato malhumorado. “Disney construye su fantasía imitando subconscientemente el modo en el que el sistema capitalista mundial construyó la realidad y tal como desea seguir armándola.” No se trata de un dibujante que hace su trabajo. “Pato Donald al poder es esa promoción del subdesarrollo y de las desgarraduras cotidianas del hombre del Tercer Mundo en objeto de goce permanente en el reino utópico de la libertad burguesa… Leer Disneylandia es tragar y digerir su condición de explotado.”
Este delirio tuvo nada menos que treinta ediciones en veinte años. ¿Por qué? Porque está sintonizado en frecuencia paranoica, y justifica así la tendencia (muy humana, por cierto) de atribuir a un tercero las culpas por las propias fallas; en este caso, el subdesarrollo y la postergación de las naciones de América Latina. Los paladines de la semiótica, Dorfman y Mattelart, gritan a los cuatro vientos para todo aquel que quiera oir, que la historia es una conspiración de malos contra buenos en que los segundos llevan invariablemente las de perder. En su audaz sobre-análisis, se ven a si mismos como el centro de la intriga universal que intenta sojuzgarlos.
Ahora bien, ¿hacia dónde conduce esa manera de pensar y de ver las cosas? Absolutamente a ninguna parte, salvo a seguir ahondando en la decadencia. Y a justificarlo todo por medios de argumentos dialécticos desde el menos delirante (después de todo, en país de ciegos el tuerto es rey) hasta los más increíbles alardes de demencia y delirio propios de la mente alucinada de algún esquizofrénico sobremedicado, como este dúo dinámico (o no dinámico). Dorfman y Mattelart no son los únicos autores setentistas, pero esto ya es demasiado. Estos “profundos ensayistas” deberían dejar en paz al pobre pato Donald y, en cambio, comunicar a los lectores de su “tratado superior” que las miserias que azotan a los pueblos se deben a las políticas estatistas e intervencionistas realizadas por sus propios gobiernos generación tras generación, ya que los países que han alcanzado los máximos grados de desarrollo, lo hicieron porque, sin excepción, han adoptado una economía de mercado; y que la verdadera dominación que somete al hombre es la ignorancia, porque como decía Mariano Moreno, si los pueblos no se ilustran cambiarán de tirano pero no de tiranía.