En los últimos tiempos venimos asistiendo a una constante y positiva proliferación de nuevos medios de comunicación, medios a los que, en su mayoría, podríamos llamar "nativos digitales" por su perfil tecnológico. Amparados en las facilidades que las nuevas tecnologías ofrecen a quien quiere comunicar de una manera accesible para casi todos y con costes infinitamente más reducidos, estos nuevos medios digitales cada vez de alejan más de lo que hasta ahora entendíamos por "medios de comunicación tradicionales". Y precisamente es un honor para mí poder asomarme hoy a esta tribuna en laflecha.net, donde la tecnología y la innovación son punto de referencia desde hace ya algunos años, para pensar en este tema que seguro a todos ya resulta familiar.

La comunicación ha cambiado y mucho más tiene que cambiar en lo sucesivo. El intercambio de información que actualmente se realiza a través de los distintos medios de comunicación es ahora más colectivo y espera siempre de una respuesta; se trata de una comunicación bidireccional que implica la colaboración activa de ambas partes y que cuenta con una inmediatez jamás vista.
Los lectores cuentan al alcance de su mano con un abanico de fuentes de información jamás visto hasta ahora por su variedad. A su vez el lector es cada vez más crítico y racional, formándose su propia opinión a partir de la mezcla de las distintas fuentes de información de las que dispone, queriendo, además, no sólo ser partícipe de la viralidad y difusión de sus propias opiniones, sino vertiendo también sobre los miembros de su red de contactos su versión y opinión de los hechos.
Y es que estamos siendo testigos de excepción de la profunda evolución que los medios de comunicación vienen experimentando a día de hoy. La crisis de la publicidad que afecta por igual a todos los medios y el feroz avance de las redes sociales han provocado que medios tradicionales como rotativos en papel cada vez den más importancia a sus ediciones digitales; en gran parte porque los nuevos modelos de negocio basados en la publicidad online no permiten mantener una estructura de costes desorbitada cómo era habitual hasta ahora.
Esto además, ha desembocado en un debate abierto entre medios de comunicación de todo el mundo en busca de fórmulas con las que rentabilizar tales ediciones digitales. Muchos de ellos se plantearon cobrar por los contenidos que ofrecen, porque señores, hay que pagar sueldos y facturas... pero el consumidor no va a estar dispuesto a pagar doblemente por los contenidos: pago por la conexión a Internet + pago por el contenido (cuando todo el mundo ofrece sus contenidos gratis). Una disyuntiva difícil de resolver si lo que se intenta es contentar a todo el mundo. De hecho el cobro por contenidos ya se probó con gran disgusto para aquellos que ensayaron dicha fórmula en el pasado. El cobro por contenidos no ofrecerá más facturación que la venta de publicidad de un medio masivo, eso sin contar que hacerse de pago provocaría una bajada de audiencia y, consecuentemente, una disminución de difusión e influencia.
(continuará la semana que
viene)
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