¿Quien no se ha quedado alguna vez mirando el comportamiento de una
persona mientras esperaba? Por ejemplo de una pareja. Y, ¿viendo la
ropa y complementos que llevaban o la bebida que consumían, no se
ha hecho una idea del tipo de personas que eran?

Dime qué consumes y te diré quién eres. Con esta frase tan impactante, se iniciaba una ponencia el pasado 15 de marzo, en el día del emprendedor que se celebró en Barcelona, de la quisiera comentaros algunos puntos.
Esta frase, tan aparentemente tonta a simple vista, nos lleva a
todo un análisis introspectivo..., "¿compro coca-cola o
mecca-cola?" "tengo criterio marquista o me dejo llevar
por la baratura?" "¿quiero ser de los que hacen algo
especial o del montón?" Si analizamos tiene toda su
lógica, y más en el mundo de hoy que nos ha tocado vivir.
Está claro que si te sientas en medio de un paseo, en un bar o en
un restaurante y empiezas a analizar a las personas que te rodean,
por su comportamiento, por su forma de vestir, por su aspecto o por
lo que consumen, conseguiremos obtener una idea de cómo son. E
incluso, si observamos nuestro carrito de la compra y el carrito de
la compra de otras personas en el supermercado, también podemos
llegar a tener una idea bastante clara de parte de su forma de
vida. Porque en definitiva, cada individuo, cada ser humano, quiere
ser único pero formando parte de un todo, por lo que seguimos una
tendencia, unos ideales y en base a ellos nos comportamos, nos
vestimos e incluso consumimos una serie de productos y servicios
determinados.
De entre los consumidores y usando este tipo de observaciones, podríamos reconocer distintos grupos de individuos, no están todos pero hay una variada selección:
Cada uno de ellos, compra y consume unos productos y servicios determinados, unas marcas determinadas que le hacen sentirse bien, le hacen sentir que forma parte de una comunidad, de un grupo, de un estilo de vida. Esto es lo que llamamos el consumo simbólico.
¿Por qué existe el consumo simbólico?
Porque no queremos ser iguales. La marca nos proporciona esa
diferencia. La marca es la diferencia. No cambia la naturaleza
material de un objeto, pero si su naturaleza social. La marca
cambia nuestra percepción del producto. Por tanto, la marca es la
representación del consumo simbólico.
Por ejemplo, si quiero comprar caldo en tetrabrik, compraré aquel
caldo que encaje en mi estilo de vida, en mi comunidad, o grupo al
que pertenezco. Compraré aquel caldo que siga la tendencia de mi
consumo simbólico. Por tanto, según como yo sea, o lo que quiera
ser con la compra, elegiré el Caldo de La Abuela, (soy persona
tradicional y confío en lo de siempre: el caldo de mi querida
abuela) o el Caldo Natural (hecho con productos biológicos), o el
caldo de siempre, o el caldo de una marca blanca…. Cada uno de
ellos se ajusta a tu modo de ser.
Las empresas y sus marcas deben, por tanto, decidir a qué grupo
quieren llegar, qué parte del "pastel" quieren
para su producto y así conseguir saciar esas necesidades del
consumidor de forma adecuada y rentable. Cualquier empresa antes de
lanzar su producto o servicio al mercado, deberá elegir.
EXCELENTE el artículo, la felicito respetuosamente y afectuosamente a la Sra o Srta Isabel Salvador, me encantaría saber si es Sra o Srta y si es licenciada o no, o especialista en marketing o no. Este es mi e-mail para que me conteste, si ella así lo desea : lpedraza0811@gmail.com o neticoj@hotmail.com (a este último e-mail si Usted es licenciada o si tiene muchos conocimientos en informática).
Le envío muchos saludos a Isabel !!!
n.n