Nuestras palabras y expresiones son un reflejo de nosotros mismos.
Usarlas para el bien, en lugar de juzgar o desprestigiar, es una
elección personal. Todos sentimos emociones negativas: rabia,
envidia o celos. Lo importante es manejar y expresar bien esas
emociones. Elegir sólo buenas palabras, nos limpia de sentimientos
que son nocivos para nosotros.

Algunas personas son muy críticas con los demás, porque primero lo son consigo mismas. Son intransigentes y perfeccionistas con todo lo que hacen y dicen, pero esa exigencia con los errores propios y ajenos, es tan exagerada que no pueden comprender, que no se puede medir a todos con el mismo baremo.
Cada uno es como es, sus acciones y decisiones dependen de sus
circunstancias, por eso, no es muy inteligente decir lo que
nosotros habríamos hecho, de estar en su lugar, ni compararnos,
pues no estamos en la misma situación ni somos la misma
persona.
Otros sin embargo, realizan siempre críticas constructivas.
Estas personas hablan desde una alta auto estima y una empatía que les hace reconocer las carencias o impedimentos en el otro. Consuelan y alientan con palabras de ánimo o elogios, lo cual anima a seguir adelante. Suelen ser requeridas para dar consejos o aportar nuevas ideas, ya que observan y escuchan, con una actitud abierta y flexible.
Los primeros, los intolerantes, continúan la cadena de
negatividad. Los segundos, los comprensivos y respetuosos, la
rompen con su sabiduría y perspicacia. Expresar el bien cuando
hablamos es un síntoma de bienestar y valoración que, sin ninguna
duda, nos favorece y beneficia también interiormente.
El cuaderno del bienestar
Siempre ha existido en la mayoría de nosotros la idea de llevar un
diario en el que escribimos lo que nos pasa cada día. Sin embargo,
mejor que un diario es un cuaderno en el que plasmemos no sólo los
hechos sino más bien los pensamientos acerca de lo que nos ocurre.
Lo que sentimos y por qué lo sentimos, las decisiones y las
conclusiones, aquello que nos gustaría haber dicho y no nos
atrevimos, los secretos que guardamos en el interior, las
emociones, etc. Cualquier cosa es válida para sacarla de dentro de
nosotros y escribirla en nuestro cuaderno del bienestar.
Escribir es un descanso para la mente y un bálsamo para el corazón. Es como cuando nos desahogamos con un amigo, aunque en este caso, nuestro amigo estará siempre disponible para nosotros. Es también una manera fácil y rápida de conectar con nuestro interior, de conocernos y reconocernos, de aprender a saber lo que queremos y lo que no.
Y después, cuando releemos lo escrito, es siempre un reencuentro. Es como mirarnos en un espejo en el que nuestras propias palabras son nuestro reflejo.
A través de una escritura guiada podemos hallar el bienestar interior, crecer en nuestro desarrollo personal y encontrar la respuesta y la solución a la mayoría de nuestros problemas en nuestro entorno.
En los talleres de La Escritura del Bienestar se logra esto con facilidad y rapidez.
hola quien eres
hola quien eres tu
yo soy maria
me lo he leido todo me gusta
Eso si que esta bien . Hay personas muy necias que les gusta hacer que los demas se sientan ridiculizados cuando realmente son ellos los ridiculos. Cuanto me gustaria que sea leido este mesaje por esos que piensan que se la saben todo cuando realmente de ideas y de sentimientos estan totalmente vacios. Muy interesante articulo. Doy mi voto por las ideas de quien lo escribio. Josefina. Maestra.
Esto me recuerda la triste historia de una niña que no la peinaban y cuando un dia la abuela se le ocrurrio llevarla a la iglesia, peinandola duro mas de tres horas. Se imagina usted lo que paso ella? en la iglesia dice el padre. A jesus lo crucificaron con duros clavos. Eso no es nada decia la niña. A jesus lo empujaron y le escupieon la cara. Eso no es nada, decia la niña. A jesus lo hicieron cargar la cruz a cuesta. Eso no es nada, dice la niña, hasta que la abuela le dio un tremendo pellizco y le dijo: como dices desgraciada que lo que le hiceron a Jesus no es nada? la niña le responde eso no es nada, y deja que lo peinen abuela, para que tu veas. Josefina Hdez