Un resultado mejora las posibilidades de la vida en
planetas que orbiten enanas rojas y otro incrementa el número de
este tipo de estrellas en el Universo.
n septiembre pasado saltó a los medios una noticia sobre el descubrimiento de otro planeta orbitando alrededor de Gliese 581, una enana roja. Este planeta, de unas tres masas terrestres, estaba en la zona de habitabilidad de la estrella, una estrecha franja cerca de la estrella. Gliese 581g gira a sólo 15 millones de kilómetros de su estrella y efectúa una órbita cada 37 días.
Las estrellas enanas rojas son pequeñas y frías comparadas con
estrellas como el Sol, aunque brillan durante mucho más tiempo (a
menor gasto de energía más dura el combustible termonuclear). Esta
menor temperatura y energía emitida se traduce en que un planeta en
el que haya agua líquida debe orbitar muy cerca de la estrella y el
margen de error es más bien pequeño. Si un cuerpo orbita alrededor
de otro a una distancia pequeña, el efecto de las mareas hace que
se sincronicen el periodo orbital y el de rotación, de tal modo
que, como nuestra Luna, presente siempre una misma cara hacia el
cuerpo al que orbita.
Esto tiene un par de consecuencia sobre la hipotética vida en uno
de estos planetas. En primer lugar hay una cara caliente que mira a
su sol y otra en permanente oscuridad. Aunque en un principio se
creía que una cara se asaría bajo los fuegos estelares y la otra se
congelaría, los modelos climáticos indican que la atmósfera reparte
el calor y esa situación dramática no se daría. Habría además una
franja con la luz y temperatura adecuadas en la que la vida se
sentiría cómoda. Una vida bajo un sol en permanente puesta, una
penumbra roja e infrarroja eterna.
Pero este inconveniente no es el único. La vida en la Tierra es
posible porque nuestro planeta tiene una magnetosfera. Ésta desvía
la mayoría de las partículas cargadas del viento solar. Si no fuera
por esta magnetosfera la superficie terrestre estaría sometida a
una fuerte radiación e incluso la atmósfera se vería sometida a la
disociación de las moléculas de agua. Pero las moléculas orgánicas
son muy frágiles. Un baño de radiación excesivo puede incluso
impedir la formación de las moléculas orgánicas primigenias que den
origen a la vida.
Se cree que el campo magnético de la Tierra se genera gracias a un
efecto de dinamo en el que están involucrados las corrientes de
convección del núcleo metálico fundido de la Tierra y la rotación
de la misma. Por tanto, si este modelo es el correcto no podría
aplicarse a planetas como Gliese 581g, que tienen una rotación tan
lenta, al menos en principio. Sin embargo, Natalia Gómez-Pérez y
sus colaboradores del Carnegie Institution (Washington DC) han
estudiado cómo serían los núcleos de estos planetas y concluyen que
podrían generar un campo magnético lo suficientemente intenso que
permitiera la formación de una química lo suficientemente
compleja.
Pero este resultado no es la única buena noticia sobre la
posibilidad de vida en el Universo. Al parecer el número de enanas
rojas que hay en el Universo es mucho mayor de lo que se imaginaba,
multiplicándose así las posibilidades de que haya vida fuera de la
Tierra. El número de estrellas que creemos hay en el Universo se ha
multiplicado por tres a raíz de este estudio.
Las enanas rojas son bastante frías y pequeñas así que son muy poco
brillantes, de ahí la dificultad de observación de este tipo de
estrellas y de elaborar un censo fiable de ellas, sobre todo fuera
de nuestra galaxia. Además los modelos de formación estelar no son
precisos en este punto. Los astrónomos no sabían bien la fracción
de la población estelar del Universo que está compuesta por enanas
rojas.
Un grupo de astrónomos ha usado el telescopio Keck para detectar
las señales de presencia de enanas rojas en otras galaxias,
concretamente en ocho galaxias elípticas cercanas situadas entre 50
y 300 millones de años luz de nosotros. Descubrieron que hay 20
veces más enanas rojas en ese tipo de galaxias que en nuestra Vía
Láctea.
Este hallazgo tiene además implicaciones en la comprensión de la
formación y evolución de las galaxias, dadas las diferencias entre
unos tipos de galaxias y otros en este punto. Además, si hay muchas
enanas rojas en las galaxias elípticas entonces hay que restar su
contribución a la supuesta materia oscura, pues ésta deja ser
oscura para brillar en el rojo e infrarrojo.
Este descubrimiento eleva el número de estrellas en el Universo
capaces de soportar la vida a su alrededor. Según uno de los
astrónomos implicados podría haber billones de planetas como la
Tierra orbitando este tipo de estrellas con una edad mayor de
10.000 millones de años, números que facilitan una estadística muy
favorable para la aparición de vida compleja.
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