Desde hace siglos existen leyendas sobre aguas curativas o fuentes de la eterna juventud. Una de las leyendas más extendidas dice que Ponce de León descubrió Florida cuando buscaba la fuente de la juventud. Según esta leyenda oyó a los nativos de Puerto Rico hablar de esta fuente cuando conquistó la isla. Insatisfecho con su riqueza material, emprendió una expedición en 1513 para localizarla, y por el camino descubrió el actual estado de Florida. Obviamente nunca halló la fuente. Además, aunque hubiese oído acerca de esa fuente puede que quizás ésa no fuera en realidad su motivación.
Científicos de varias instituciones del estado de Texas descubren lo que según ellos podría dar lugar al descubrimiento médico más importante en la historia humana en relación al alargamiento de la vida. El descubrimiento, que es portada en el número de julio de la revista FASEB, muestra que un plegado adecuado de una proteína podría explicar la mayor longevidad de unas especies de murciélagos sobre otros mamíferos de tamaño comparable a ellos como los ratones.
Asish Chaudhuri, de VA Medical Center en San Antonio, dice que
tratan de investigar los mecanismos que subyacen a la mayor
longevidad algunos animales con la esperanza de poder desarrollar
terapias que permitan a las personas envejecer más lentamente.
Asish y sus colaboradores hicieron el descubrimiento a partir de
las proteínas extraídas del hígado de dos especies longevas de
murciélagos (Tadarida brasiliensis y Myotis
velifer) y comparándolas con las procedentes de ratones. Ambos
tipos de proteínas fueron expuestas a un agente químico que en
general provoca el despliegue de proteínas, es decir su
desnaturalización. Comprobaron que las proteínas de los murciélagos
eran más resistentes, lo que indicaba de los murciélagos deben de
haber desarrollado algún mecanismo para mantener la estructura
adecuada de las proteínas incluso bajo presión extrema.
Recordemos que una proteína es una cadena de aminoácidos, pero que
su función depende de cómo se pliega dicha cadena. Un error en esta
estructura terciaria puede desembocar en una proteína totalmente
inútil o incluso perjudicial, como en el caso de los priones. La
desnaturalización de la proteína consistente en un mal plegamiento
puede estar producida por varias causas, como la alta temperatura,
los radicales libres o los agentes químicos.
Los murciélagos están muy cerca de los ratones en el árbol
evolutivo y estas diferencias observadas pueden dar lugar, según
este investigador, a pistas que nos conduzcan a la tan elusiva
fuente de la juventud (según sus palabras).
Curiosamente una de estas dos especies de murciélago vive en
Florida.
El segundo descubrimiento se refiere al las dietas de restricción calórica, que consiguen alargar la vida de los gusanos sometidos a ella y que ya hemos cubierto en el pasado en esta web. El mecanismo molecular que liga nutrición y esperanza de vida se comprende muy mal. Puede que este estudio, realizado por científicos del Salk Institute, y publicado en Nature el pasado 24 de junio, ayude a entenderlo mejor.
Estos investigadores han identificado el papel pivotande de dos
enzimas que trabajan juntas para determinar los beneficios de la
dieta de restricción calórica. Si se elimina una de estas dos
proteínas la dieta de restricción deja de funcionar y los animales
viven lo mismo que sus congéneres con dietas normales.
Según Andrew Dillin, el otro único factor de regulación de
longevidad ligado a la dieta que se conoce opera justo al final de
una larga cascada de señales. Según él estas dos enzimas están más
lejos y nos acercan al receptor que recibe la señal (química) de
iniciar el promotor que alarga la vida.
Identificar el receptor podría ayudar a los investigadores a
diseñar un fármaco que remede esta señal y que dé lugar a
tratamientos que curen enfermedades ligadas al envejecimiento. La
idea es que no sea necesario "morirse" de hambre para
"alargar" la vida, ya que una dieta severa como la que se
necesita para obtener resultados puede producir problemas.
Aunque el estilo de vida puede tener una influencia sobre la
esperanza de vida, como en el caso de la obesidad, los factores
genéticos son los más importantes en el proceso. Hasta el momento
se conocen sólo tres redes genéticas que garantizan mayor
longevidad cuando son manipuladas: el factor de crecimiento ligado
a la insulina, otro ligado a las mitocondrias y el relacionado con
la restricción calórica.
En este caso los experimentos se hicieron sobre gusanos
Caenorhabditis elegans a los que se manipuló genéticamente
para que expresaran o no las enzimas WWP-1 y PHA-4. Sobreexpresar
la primera aumentaba la vida de los gusanos, pero al eliminar el
gen que determinaba la segunda no se obtenía beneficio en la
esperanza de vida aunque la primera estuviera presente. Además,
descubrieron que el factor UBC-18 parece ayudar a WWP-1 a realizar
su labor. Estos científicos creen que estas proteínas trabajan en
tanden para producir mayor longevidad.
Lo interesante es que la red WWP-1 se ha conservado evolutivamente
bastante bien a lo largo del tiempo y está presente tanto en los
gusanos como en los mamíferos, aunque no está demostrado que en los
segundos juegue un papel en el aumento de la longevidad.
El tercer resultado se ha obtenido en ratones, y consiste en el
hallazgo del único fármaco hasta el momento capaz de alargar la
vida en mamíferos.
La rapamicina* es un fármaco que se lleva usando en pacientes
humanos desde hace años para prevenir el rechazo de órganos
trasplantados. Es decir, es un inmunodepresor. Lo que no se sabía
de él era que además podía alargar la vida en ratones. En concreto
cuando es administrado en ratones en edad avanzada se consigue
aumentar su vida en un 14% en promedio.
Su uso en humano sería, por razones obvias, problemático pues
dejaría el cuerpo más expuesto a las infecciones.
Este estudio ha sido realizado por científicos de University of
Texas, University of Michigan y Jackson Laboratory. En él se usaron
2000 ratones genéticamente diferentes entre sí para asegurarse que
no habría factores genéticos que enmascararan los resultados. A
parte de ellos se les empezó a administrar el fármaco cuando
contaban ya con 20 meses de edad (una edad avanzada correspondiente
a 60 años en su equivalente humano), mientras que otros formaban el
grupo de control.
Cuando se comparó la longevidad de los ratones tratados con los que
no tomaban el fármaco se vio que la vida de los primeros aumento en
un 14%. Se comprobó además que el efecto era más acusado en las
hembras que en los machos.
Se eligió este fármaco para el estudio porque se sabía que tenía
efectos sobre el circuito celular denominado TOR, que es conocido
porque en ratones, moscas y gusanos está relacionado con los
efectos ligados a las dietas de restricción calórica y con
problemas asociados con el envejecimiento.
Podría ser que la rapamicina remedara el efecto de la dieta de
restricción calórica. Aunque ningún ratón perdió peso durante los
experimentos, al contrario de lo que ocurre en dichas dietas.
Además, estas dietas funcionan bien cuando se empiezan a edad
temprana y no avanzada como en este caso.
La aplicación de este resultado en humanos sería problemática
debido a sus efectos inmunodepresores y a la dosis que habría que
administrar. Normalmente, para evitar rechazo de órganos
trasplantados, se administra a humanos de 2 a 5 miligramos de
rapamicina al día, que es mucho menos de los 2,24 miligramos por
kilo de peso y día que se administró a los ratones durante este
experimento.
La esperanza es que se pueda alterar este fármaco para que no
afecte al sistema inmunitario, pero que mantenga sus cualidades de
alargamiento de la vida. Algunos de estos investigadores ya
trabajan sobre esta vía.
Está por ver que todas estas investigaciones terminen con resultados aplicables a humanos. Habrá que esperar y mucho. Mientras tanto podemos consolarnos con lo que dijo aquel: "Me puedo conformar con no ser inmortal. Me basta con que tampoco lo sean los demás".
*Su nombre procede de Rapa Nui o isla de Pascua. El compuesto
fue encontrado en muestras de suelo de dicha isla en 1965. Es
segregado por la bacteria Streptomyces hygroscopicus y en
un principio se usó como fungicida.
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