Científicos estadounidenses han conseguido, introduciendo un único gen humano en un cromosoma de ratón, que aumente la gama de colores que perciben estos roedores. Los ratones fueron capaces de superar así una limitación genética propia de los mamíferos (exceptuando los primates), que es ver sólo en blanco y negro. La investigación ha demostrado que la llamada tricromacia, propia del ser humano y que nos permite percibir un espectro más amplio de ondas de luz, procede de un gen receptor concreto. Estos cambios genéticos simples implican que el sistema nervioso tiene una plasticidad que le permite adaptarse a nuevos estímulos. Por Vanessa Marsh de Tendencias Científicas.
ientíficos del Instituto Médico
Howard Hughes, de la Universidad estadounidense de Johns Hopkins, y
de la Universidad de California en Santa Bárbara, han conseguido
que ratones de laboratorio adquieran una aptitud inexistente en su
especie: ver en colores.
Según explica dicho instituto en un extenso
comunicado, los cerebros de ratones alterados genéticamente
fueron capaces de procesar de manera eficiente la información
sensorial que provenía de fotorreceptores nuevos de sus ojos.
Gracias a ellos, los animales pudieron distinguir entre diversas
luces de colores para capturar una gota de leche de soja que sólo
salía de un dispensador colocado en una de estas luces.
Los ratones, como la mayoría de los mamíferos exceptuando los
primates, sólo perciben una gama de colores limitada, al igual que
lo hacen las personas que padecen acromatopsia, enfermedad genética
y congénita ligada en humanos al cromosoma X y que impide
distinguir más colores que el blanco y el negro.
Cambio en la percepción
La inserción de un solo cromosoma humano en los cromosomas de los
roedores del experimento cambió en ellos la percepción visual,
permitiendo que distinguieran otros colores.
Esta transformación fue constatada en una serie de pruebas de
visión del color, diseñadas para demostrar que los animales
distinguían un espectro más amplio de ondas de luz. Los resultados
señalan que el cerebro de los mamíferos posee una flexibilidad que
permite una mejora casi instantánea en la complejidad de la visión
de los colores, afirman en dicho comunicado los autores del
estudio, Gerald Jacobs y Jeremy Nathans.
La evolución de la visión de los colores ha sido un tema de estudio
intensivo durante más de tres décadas. Esta nueva investigación es
la más definitiva hasta el momento en aclarar los primeros pasos
que llevaron a la aparición de la tricromacia: variedad de visión
de los colores que se encuentra hoy en la mayoría de los primates,
incluidos los seres humanos.
Según Nathans, "lo que estamos observando en estos ratones es
el mismo evento evolutivo que sucedió en uno de los ancestros
distantes de todos los primates y que en última instancia llevó a
la visión de color tricromática que ahora disfrutamos".
Origen de la tricromacia
La tricromacia depende de tres tipos de células fotorreceptoras de
la retina que absorben preferentemente luces en distintas
longitudes de onda. Se las conoce como células conos y cada tipo
contiene una clase particular de proteína sensor que absorbe
luz.
Las células conos (S), que son sensibles a la longitud de onda
corta, son las más sensibles a las luces azules. Las células conos
(M), que son sensibles a la longitud de onda mediana, son las más
sensibles a las luces verdes. Los conos (L) que son sensibles a la
longitud de onda larga, son los más sensibles a las luces
rojas.
Cuando la luz impacta la retina y activa las células conos, el
cerebro compara las respuestas de los fotorreceptores S, M y L, y
la evaluación que el cerebro realiza de sus niveles relativos de
activación es lo que percibimos como color.
La mayoría de los mamíferos son dicrómatas, ya que sólo poseen
pigmentos de conos S y M. Por consiguiente, sólo pueden distinguir
una fracción de las longitudes de onda que distinguen los seres
humanos. John Mollon, de la universidad británica de Cambridge, ha
sugerido que la evolución de la tricromacia habría permitido que
los primates discriminen entre la fruta inmadura, que es
típicamente verde, y las frutas rojas y anaranjadas maduras.
De modo recíproco, los colores de las frutas maduras podrían haber
coevolucionado con la tricromacia primate, dado que los animales
capaces de reconocer y comer las frutas maduras habrían ayudado a
las plantas al diseminar sus semillas.
Introducción genética clave
La combinación de los trabajos de Nathans y Jacobs ha sugerido que
el tipo de visión tricromática de los colores que poseen los monos
del Nuevo Mundo también podría ser el precursor evolutivo de la
forma existente entre los primates del Viejo Mundo (africanos),
entre los que se encuentran los seres humanos.
En el estudio actual, los investigadores se propusieron repetir lo
que la mayoría de los científicos había considerado el paso crucial
en la evolución de la visión de color tricromática de primates: la
introducción del gen receptor L. Su objetivo era determinar si ese
único gen podía alterar la percepción sensorial de un animal.
En 2003, Nathans y Jacobs, junto con Markus Meister, de la
universidad de Harvard, presentaron sus estudios iniciales en
ratones diseñados genéticamente que llevaban el gen receptor L en
lugar del gen receptor M.
Dado que estos genes se encuentran en el cromosoma X, están sujetos
a un proceso conocido como inactivación del cromosoma X. En
mamíferos, cada célula femenina tiene dos cromosomas X, mientras
que cada célula masculina tiene un solo cromosoma X.
La inactivación de X sólo ocurre en las hembras y resulta en el
silenciamiento de la mayoría de los genes en uno de los cromosomas
X en cada célula. Dado que las distintas células eligen silenciar
uno u otro cromosoma X, los ratones hembras, diseñados para tener
una copia de cada uno de los genes receptores M y L, expresan el
receptor M en algunas células conos y el receptor L en otras
células conos.
Estos dos tipos distintos de conos están mezclados entre sí a lo
largo de la superficie de la retina. Este mecanismo basado en la
inactivación de X para producir receptores M y L en distintas
células conos es el mismo que Jacobs había identificado
anteriormente en primates del Nuevo Mundo. Para el estudio actual,
el equipo seleccionó ratones que poseían proporciones
aproximadamente iguales de células conos M y L, y comparó su visión
con la de ratones normales.
Implicaciones
El grupo de Jacobs en la UCSB desarrolló pruebas de comportamiento
para determinar si los ratones hembras podían discriminar entre
luces de colores comparando la activación relativa de células conos
M y L. Los investigadores realizaron decenas de miles de pruebas en
las cuales dos longitudes de onda o intensidades de luz distintas
se exhibieron sobre tres paneles de prueba. Cuando los ratones
identificaron correctamente qué panel era distinto de los otros
dos, recibieron una gota de leche de soja como recompensa.
Los ratones alterados genéticamente demostraron su nueva capacidad
visual eligiendo el panel correcto en un 80 por ciento de los
ensayos. Por el contrario, los ratones normales sólo realizaron la
elección correcta un tercio de las veces, que es el resultado que
se obtendría aleatoriamente distinguiendo entre los tres paneles.
Según los científicos, sus resultados tienen implicaciones no sólo
para la evolución de la visión de color, sino que también para la
evolución de los sistemas sensoriales en general.
Experimentos anteriores con los sistemas visuales, olfativos
(olor), y gustativos (gusto) han sugerido que el introducir un
receptor sensorial nuevo puede ampliar el rango de percepción
sensorial de un animal, alterando su comportamiento y actividad
nerviosa. Jacobs hizo notar que el nuevo estudio es el primero en
demostrar que estos cambios genéticos simples pueden tener efectos
aún más profundos.
Nueva dimensión de la experiencia
"Simplemente cambiando las proteínas del receptor, no sólo se
puede extender la gama de información que un animal podría ser
capaz de detectar, sino que también si el sistema nervioso tiene la
plasticidad que hemos visto en estos ratones, se puede extraer una
nueva dimensión de experiencia", explica.
Según publican los autores del estudio en un artículo aparecido en
la revista Science, "nuestra observación de que el cerebro del
ratón puede utilizar esta información para hacer discriminaciones
espectrales implica que alteraciones en genes receptores podrían
tener un valor selectivo inmediato no sólo porque amplían la gama o
los tipos de estímulos que puedan ser detectados sino porque
también permiten que un sistema nervioso plástico discrimine entre
estímulos nuevos y existentes".
"Cambios genéticos adicionales que redefinan el circuito
neuronal en etapas posteriores para extraer información sensorial
de forma más eficiente podrían entonces continuar a lo largo de
muchas generaciones", afirman los investigadores.
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y eso se puede aplicar a los humanos? que pasa si les ponen genes `para el oido como del buho o el perro