Siempre hemos querido saber nuestro lugar en el Universo. Saber si somos únicos o no, si somos un mero accidente en la historia cósmica o si el Universo bulle de vida por doquier. El único sitio del Cosmos que conocemos que hay vida es la Tierra. A partir de este único ejemplo conocido extrapolamos y suponemos que la vida se debe de dar en planetas de tipo rocoso como el nuestro. En el sistema solar contamos con varios ejemplos de planetas de tipo terrestre o rocoso: Mercurio, Venus, La Tierra y Marte.
La atmósfera de las enanas blancas consta principalmente de
hidrógeno y helio (como casi cualquier otra estrella), pero además
contiene trazas de otros elementos como calcio o magnesio. Las
observaciones indican que este tipo de estrellas se contaminan por
una lluvia gradual de polvo exterior. Su marca infrarroja puede ser
detectado por el Spitzer.
Según los datos obtenidos un 1% o un 3% de estas estrellas se han
contaminado de esta manera con polvo procedente de cuerpos rocosos
similares a los asteroides. Se cree que los asteroides son los
"ladrillos" a partir de los cuales se formaron los
planetas de tipo terrestre. Esto indicaría, según estos
investigadores, que si hay polvo, hay asteroides y, por tanto,
quizás planetas.
La hipótesis sobre la que se trabaja es que el polvo procedería de
una región dentro del límite de Roche de la estrella (como sucede
en Saturno), en donde las fuerzas de marea impedirían que se
formaran grandes objetos. El disco estaría producido por planetas
menores (asteroides) perturbados por las fuerzas de marea. Para
poder pasar tan cerca de la enana blanca un asteroide debe de ver
alterada su órbita por el encuentro con algún planeta que de
momento no se puede observar y que formaría parte del antiguo
sistema solar de la estrella original. Este planeta le daría el
empujón necesario como para que el asteroide pasase por esa
región.
Como las enanas blancas descienden de estrellas de la secuencia
principal como el Sol esto implicaría que del 1% al 3% de las
estrellas en esa secuencia deberían de tener planetas de tipo
terrestre orbitando a su alrededor. Algunos de ellos quizás estén
en la zona habitable en donde el agua puede permanecer líquida en
su superficie, condición que se cree necesaria para la vida.
En este caso se puede saber la composición de los asteroides
implicados en el proceso a través del análisis del espectro de la
estrella. Las enanas blancas, per se, no tienen cantidades
significativas de elementos pesados, por lo que los elementos
detectados proceden de fuera. Estudiar su espectro es estudiar la
composición de los asteroides y por tanto la composición de los
hipotéticos planetas.
Según Fariri y sus colaboradores, estudiar enanas blancas puede ser
un buen método para buscas planetas por varios motivos. El
principal es que estas estrellas no son tan brillantes, brillo que
no eclipsaría el procedente de los planetas que hubiera a su
alrededor.
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