El vacío, al menos en Física, no es la nada. Incluso un vacío vaciado de espacio-tiempo no es la nada, al menos para algunas ideas conceptuales de gravedad cuántica. Desde hace más o menos un siglo los físicos han estado colocando cosas en el vacío, a veces de manera afortuna y otras veces no tanto, como en el caso del éter. La ya muy conocida por los lectores de NeoFronteras energía oscura no es más que otro ente que hemos añadido al vacío y todavía está por ver si al final realmente existe.
ero la Mecánica Cuántica predice efectos del vacío que se han
medido experimentalmente. Uno de ellos es el efecto Casimir, que
dice que dos placas metálicas separadas a muy poca distancia en el
vacío deben de experimentar una fuerza de atracción.
Este efecto se debe a que los modos de vibración de los fotones
virtuales entre ellas están mucho más limitados que los modos de
vibración de los fotones virtuales del exterior. Aquí
"virtual" significa que mientras lo permita el principio
de incertidumbre de Heisenberg pueden aparecer por un instante un
par de partícula-antipartícula que luego desaparecen. El efecto
Casimir se logró medir hace años y no hace falta decir que es muy
débil. Sin embargo, este concepto es un viejo conocido de los
antiguos marineros, cuando se dieron cuenta que si se colocaban dos
veleros en paralelo muy juntos el oleaje hacía que al final
chocaran entre sí. Hace tiempo se logró medir el efecto Casimir en
el laboratorio.
Desde hace unos años se trabaja por conseguir el efecto Casimir
repulsivo y para lograr esta meta se han propuesto diversas
soluciones [1][2]. La
idea es lograr una repulsión entre dos objetos que haga que uno
levite sobre el otro gracias a estas fluctuaciones del vacío. Una
de las soluciones que se propusieron en su día fue el uso de
metamateriales que se insertarían en el espacio entre los dos
objetos. Recordemos que los metamateriales son objetos
nanoestructurados que tienen un índice de refracción negativo. No
existen en la naturaleza y hay que fabricarlos artificialmente. Son
los que están permitiendo, por ejemplo, crear las "capas de
invisibilidad".
Hace poco Stanislav Maslovski y Mário Silveirinha de la Universidad
de Coimbra (Portugal) propusieron conseguir el efecto Casimir
inverso sin necesidad de introducir ningún metamaterial [4]. En lugar de ello habría un substrato sobre el que
levitaría una placa metálica perforada. Pero la superficie de ese
substrato estaría cubierta de bastoncitos de 40 nanometros de ancho
de plata al modo de las velas sobre una tarta. Los agujeros de la
placa estarían geométricamente dispuestos del mismo modo que los
bastones. Con esta configuración la placa sería repelida por el
substrato debido a las fluctuaciones del vacío.
Pero el efecto Casimir convencional se debe a las fluctuaciones de punto cero, justo al cero absoluto, pero el campo electromagnético experimenta un aumento de las fluctuaciones térmicas a más altas temperaturas. En 1955 Evgeny Lifshitz predijo que estas fluctuaciones térmicas debían de tener un efecto similar sobre la presión de radiación dando lugar a una fuerza de Casimir térmica.
Ahora Alexander Sushkov y sus colaboradores de la Universidad de
Yale han conseguido medir el efecto Casimir térmico por primera vez
[4][5]. Para ello en lugar de usar dos placas
paralelas han usado una esfera y una placa recubiertas de oro. La
elección se debe a que es mucho más fácil alinear una esfera y una
placa que dos placas paralelas perfectamente alineadas. La placa
estaba montada sobre un péndulo de torsión para así medir la fuerza
hacia la esfera.
Una vez corregidos los efectos residuales de las fuerzas
electrostáticas, estos investigadores encontraron que la fuerza de
Casimir de punto cero dominaba a distancias menores de 3 micras,
como era de esperar, pero en lugar de decaer con el cubo del
inverso de la distancia decaía mucho más lentamente, concretamente
con el cuadrado de la distancia. Este resultado concuerda con la
existencia de una fuerza de Casimir térmica.
Ahora estos investigadores están repitiendo este experimento para
otros materiales incluyendo semiconductores.
Pero el vacío tiene, al parece, otros efectos igualmente
interesantes que se podrían comprobar experimentalmente. Uno
esperaría que una esfera en rotación en el vacío nunca dejaría de
hacerlo debido a la ausencia de rozamiento o fricción, pero según
Alejandro Manjavacas y F. Javier García de Abajo, del Consejo
Superior de Investigaciones Científica (España), la esfera
terminaría deteniéndose debido a los efectos del vacío cuántico
[6]. Lo más interesante es que el efecto podría
darse en los granos interestelares y que también podría ser
detectable en el laboratorio.
Los fotones virtuales del vacío interaccionarían con el cuerpo en
rotación de distinta manera dependiendo del sentido de giro y como
resultado de esta interacción la velocidad de rotación disminuiría
gradualmente. La energía perdida sería emitida como fotones reales
que podrían ser detectables.
La intensidad del efecto depende del tamaño del objeto y su
naturaleza. Materiales metálicos como el oro, que evitan la
absorción de fotones, experimentarían un efecto nulo o casi nulo.
Cuerpos en rotación masivos y grandes (con gran momento angular)
tampoco experimentaría el efecto de manera apreciable. La
temperatura también tendría su efecto y mayor temperatura mayor
sería la fricción con el vacío.
Las partículas pequeñas y baja densidad, como los granos
interestelares, sí notaría el efecto de manera rápida. A
temperatura ambiente un típico grano interestelar de grafito de 100
nanometros necesitaría unos 10 años para pararse por fricción con
el vacío, que serían sólo 90 días a 700 grados centígrados, pero
necesitaría 2,7 millones de años en el frío espacio
interestelar.
Aunque los requerimientos para realizar un experimento de
laboratorio que mida este efecto son muy altos es de esperar que un
experimento de este tipo se pueda realizar en un futuro.
Y es que el vacío no es la nada y tiene su influencia sobre el
mundo material. Seguro que nos depara más sorpresas en el
futuro.
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Ver al respecto el artículo "Cero, vacío y nada" en el Blog Simbiotica. Saludos:
Alejandro Álvarez