Esta Investigación ha aparecido en la revista "Journal of Neuroscience". Órgano permite dar continuidad, suavidad y armonía a los movimientos.
n equipo de investigadores de la Universidad Pablo de Olavide (UPO) de Sevilla (sur de España) y de la de Santiago de Cuba ha demostrado que el cerebelo, además de coordinar los movimientos, refuerza el aprendizaje de éstos.
Este estudio aparecerá publicado mañana en la revista "Journal of Neuroscience" en un artículo de la División de Neurociencias de la Universidad Pablo de Olavide y de la Universidad de Santiago de Cuba, informó hoy la UPO en un comunicado.
El equipo de investigadores está formado por Raudel Sánchez Campusano, de la Universidad de Santiago en Cuba, y por Agnès Gruart i Massó y José María Delgado García, de la División de Neurociencias de la Universidad Pablo de Olavide.
Los hallazgos de estos investigadores sugieren que el cerebelo participa tanto en la generación de respuestas motoras reflejas como en las que se acaban de aprender.
El cerebelo ayuda fundamentalmente a automatizar los movimientos conforme se van aprendiendo (por ejemplo, aprender a conducir o a tocar el piano), a fin de que no sea preciso prestar una especial atención para su correcta realización.
Este órgano es el centro nervioso que permite dar continuidad, suavidad y armonía a los movimientos, y se trata de una estructura neuronal situada detrás del cerebro, en la porción posterior de la cabeza, justo debajo del hueso occipital.
Cuando el cerebelo se lesiona aparecen defectos pronunciados en el mantenimiento de la postura, en el movimiento e incluso en el habla y en determinados procesos cognitivos.
La perfección en los movimientos se debe a un buen funcionamiento del cerebelo, que coordina las órdenes motoras procedentes de la corteza cerebral.
De acuerdo con los datos de este trabajo, los investigadores proponen que el cerebelo tiene un papel eminentemente "reforzador" que ayudaría a realizar los movimientos aprendidos, pero no a su generación.
Los comandos motores aprendidos se originarían en un lugar diferente, probablemente en la corteza cerebral motora.
Según la UPO, una importante conclusión de este estudio es que, una vez que se ha aprendido a realizar un movimiento con la mayor perfección posible, no es posible detectar en la actividad del cerebelo ningún rastro de lo aprendido.
Esto quiere decir que, si se compara el cerebelo de una persona que sabe conducir con el de una que no sabe, no se podrá notar ninguna diferencia, ya que el cerebelo sólo es funcionalmente diferente en la persona que está aprendiendo a conducir justo en el momento en que practica.
Este estudio ha supuesto más de cinco años de trabajo experimental y se han empleado sofisticados métodos de registro de la actividad cerebral y complejos procedimientos de análisis matemático.
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