Supongamos que llega un día en el que podemos comprar un automóvil eléctrico a un precio normal y queremos hacer un viaje largo. Si la tecnología de baterías es la habitual el viaje terminaría siendo eterno, pues necesitaríamos horas para cargar dichas baterías, incluso si hubiera puntos donde esto se pudiera hacer (de momento no hay). También se nos facilitaría la vida si los dispositivos electrónicos móviles que tenemos se cargarán rápido, pues se les suele acabar la carga en el momento más inoportuno.
Estos investigadores usaron cátodos construidos de la manera
mencionada en baterías de ión-litio y en baterías de hidruro de
níquel para comprobar el rendimiento del sistema. Descubrieron que
se cargaban entre 10 y 100 veces más rápido de lo habitual y su
capacidad aumentaba entre un 10% y un 20%.
Todos los procesos implicados se pueden usar en la industria actual
y no habría problema en incorporar pronto estos cátodos en baterías
comerciales. Creen que no habrá problema en escalar el sistema
hasta mayores tamaños.
Sin embargo, todavía no se sabe durante cuanto tiempo se pueden
mantener estas cualidades tan buenas, ni cuantos ciclos de carga
puede aguantar.
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