Se especula sobre la posible relación entre las toxinas
producidas por cianobacterias, y su concentración a través de la
cadena alimenticia, con la incidencia de enfermedades
neurodegenerativas.
uestras amigas las cianobacterias han ocupado este planeta desde el inicio de los tiempos. Fueron las primeras en producir oxígeno a través de la fotosíntesis. Construyeron los primeros estromatolitos y crearon las condiciones para la evolución de otros seres vivos más complejos. Pero si un estudio reciente está en lo cierto no serían tan amigas como a primera vista parece. Algunas de estas bacterias sueltan al medio y a la cadena alimenticia una neurotoxina que puede que esté detrás de ciertos casos de trastornos neurodegenerativos. Un nuevo estudio hace revivir un debate que ya dura 50 años sobre el papel de esta neurotoxina en los procesos neurodegenerativos.
Durante la Segunda una enfermedad neurodegerativa afectó a los
habitantes de la pequeña isla de Guam. Los nativos lo llamaron
lytico-bodig (del español* "paralítico"). Esta enfermedad
tenía características de esclerosis lateral amiotrófica, Parkinson
y Alzheimer. La enfermedad era endémica en la población nativa
(llamados chamorros), no afectaba a la población inmigrante y era
100 veces más frecuente en Guam que en cualquier otro sitio.
Después de descartar las causas genéticas, los científicos
comenzaron la búsqueda de causas medioambientales que hiciera a los
chamorros susceptibles a esta enfermedad. La cocina local fue la
primera sospechosa.
Los chamorros cocinaban unas tortillas hechas de harina de semillas
de cyca, una planta primitiva que a veces se confunde con las
palmeras o helechos y que no está emparentada con ninguno de los
dos. Las semillas eran lavadas meticulosamente para eliminar las
toxinas que contienen, como el compuesto denominado BMAA que es
producido por las cianobacterias que viven en las raíces de la
planta. Los científicos se preguntaban si el BMAA pudiera ser la
causa del trastorno neurodegenerativo, pero las concentraciones de
tal toxina en la comida de los chamorros estaba por debajo del
nivel necesario para dañar las neuronas en humanos o animales.
En 2002 el etnobotánico Paul Cox, del Instituto para la
Etnobotanica en Hawii, y Oliver Sacks, del Albert Einstein College
of Medicine en nueva York (el famoso neurólogo que escribió
"Despertares" o "El hombre que confundió a su mujer
con un sombrero"), introdujeron una nueva teoría según la cual
los chamorros pudieran estar ingiriendo suficiente BMAA como para
dañar las neuronas cerebrales y de médula espinal. Según ellos la
concentración de toxina se vería "bioconcentrada" por
culpa de los murciélagos de la fruta. Estos animales comen cada
noche 2,5 veces su peso corporal en alimento, comida que incluye
semillas de cicadáceas. Y estos murciélagos de la fruta forman
parte de la dieta de los chamorros. Cox y Sack sugerían que la BMAA
podría acumularse en la grasa de los murciélagos con el tiempo.
Como prueba a su hipótesis aportaban datos sobre la disminución de
la incidencia de la enfermedad según la población de murciélagos de
la fruta declinaba en el tiempo.
La caza comercial de los años sesenta hizo que estos murciélagos
virtualmente se extinguieran en una década. A partir de entonces se
importaban murciélagos de Samoa a 35 dólares la pieza, pero las
cicadáceas de Samoa no contienen la toxina y los chamorros no
fueron expuestos a niveles peligrosos de toxina a partir de
entonces. Después de un pico en la incidencia a mediados de los
sesenta, la enfermedad empezó a declinar hasta no afectar a nadie
nacido después de 1960.
La teoría dio paso a diversas investigaciones sobre el papel del
efecto magnificador de la toxina BNAA en los trastornos
neurodegenerativos. Algunos investigadores se plantearon si la
pequeña isla de Guam pudiera ser un modelo que revelara la relación
entre causas ambientales y la generación de trastornos
neurodegenerativos en el resto del mundo. Desde entonces se han
empleado años de esfuerzos para tratar de confirmar o refutar esta
hipótesis. Los creyentes como Cox opinan que la bioconcentración de
BNAA en la cadena alimenticia y su potencial efecto neurológico
debe ser estudiado en interés de la salud pública. Para apoyar su
tesis cita el elevado nivel de BMAA en el cerebro de los chamorros
y en pacientes de Alzheimer canadienses. Los escépticos, como John
Steele, del Guam Memorial Hospital, creen que no hay datos que
apoyen esta tesis y que gastar dinero en investigar esta hipótesis
quizás no sea una buena idea, dejando el verdadero origen de la
enfermedad sin investigar.
En un artículo reciente publicado en PNAS se pone de manifiesto el
efecto magnificador de la cadena alimenticia marina sobre los
niveles de BMAA. Investigadores de la Universidad de Estocolmo
midieron los niveles de BMAA en el plancton, peces y moluscos en el
Báltico después de la proliferación de cianobacterias en ese mar.
Comprobaron que durante estas proliferaciones los niveles de esta
toxina eran seis veces más altos en el plancton que las
cianobacterias y 200 veces mayores en algunos peces.
A diferencia de Guam, la costa del mar Báltico no tiene una alta
incidencia de trastornos o enfermedades neurodegenerativas. Tampoco
se observan daños en el cerebro de los peces pese a que las
concentraciones de toxina es 80 veces mayor que en sus músculos. Al
parecer, y pese a todo, la concentración de esta toxina no es muy
alta y la población humana no debería de preocuparse por ello.
Elijah Stommel, neurólogo en el Dartmouth-Hitchcock Medical Center,
ha estado estudiando la relación entre el efecto de la BMAA
producida por cianobacterias y las enfermedades neurodegenerativas
desde el punto de vista epidemiológico. Ha comprobado que los
pacientes que viven cerca de masas de agua que experimentan
episodios de proliferación de cianobacterias tienen dos veces más
riesgo de padecer esclerosis lateral amiotrófica que el resto.
Pero a Steele le preocupa que estos estudios levanten una alarma
social innecesaria. Según él hay que reevaluar la hipótesis al
completo, empezando por los murciélagos de Guam y hacer nuevas
medidas con cuidado. "Guam es terriblemente importante. Si
podemos resolver el rompecabezas de Guam, quizás podamos ser
capaces de entender mejor la causa y la cura de los procesos
neurodegenerativos en cualquier otro sitio."
* Guam, antes conocida como Guaján, fue territorio español,
gobernado como parte de la Capitanía General de las Filipinas desde
el siglo XVI hasta 1898. A consecuencia de la derrota de España en
la Guerra hispano-estadounidense, fue "cedida" a Estados
Unidos en 1898.
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