Un modelo propone que el origen de los elementos más pesados que el hierro no se da en las explosiones de supernova, sino en procesos en los que están involucradas las estrellas de neutrones. Somos cenizas de estrellas. Muchos de los átomos que componen nuestros cuerpos estuvieron alguna vez en el interior de alguna estrella en donde las reacciones de fusión nucleares los sintetizaron. Una vez esos cuerpos estelares murieron los elementos que los componían fueron diseminados por el espacio. Parte de esa materia fue a parar a otros discos de acreción que formaron nuevas estrellas, planetas e incluso seres vivos.
l Big Bang sólo produjo hidrógeno, helio y pequeñas trazas de elementos ligeros, como el litio de nuestras baterías. Son los elementos primordiales. Las reacciones de fusión de las estrellas pueden sintetizar el resto de los elementos de la tabla periódica, pero no los de número atómico más elevado. El elemento de corte se suele colocar en el hierro, aunque esta frontera es un tanto difusa. La razón es que las reacciones de fusión para producir esos elementos más pesados no producen energía, sino que la consumen. De hecho, la mejor manera de crear esos elementos pesados es por captura de neutrones.
El caso es que, hasta ahora, se decía que esos elementos pesados,
como el oro cuyo brillo tanto nos ciega, el uranio de nuestros
reactores o el platino que cataliza tanta química moderna,
procedían de las propias explosiones de supernovas. Todos hemos
repetido esta popular hipótesis una y otra vez, pero no hay pruebas
que la avalen. De hecho, las simulaciones de modelos de explosiones
de supernova no confirman dicha síntesis.
Ahora, una nueva teoría, coloca el origen de estos elementos en las
estrellas de neutrones. Una estrella de neutrones es el residuo que
dejan algunas estrellas de gran masa una vez explotan en forma de
supernova. Unas simulaciones numéricas realizadas por científicos
del Max Planck han verificado que la materia eyectada en procesos
en los que están involucrados estos cuerpos producen las colisiones
nucleares violentas necesarias como para producir núcleos pesados y
generar los elementos más pesados que el hierro.
La captura de neutrones puede darse en dos tipos de procesos el
"s" y el "r". El primero se debe a neutrones
lentos y se da en el interior de las estrellas en donde la densidad
de neutrones es baja. El segundo usa neutrones rápidos y requiere
altas densidades de neutrones. Es precisamente este proceso
"r" el que permitiría la síntesis de elementos más
pesados que el hierro, pero en dónde se daba ese tipo de proceso
era la pregunta que no estaba contestada. Según Hans-Thomas Janka
la fuente de la mitad de los elementos era un misterio hasta
ahora.
El nuevo escenario que se propone es que cuando dos estrellas de
neutrones forman un sistema binario terminan colisionando al cabo
de unos millones de años. Los astrofísicos estiman que en nuestra
Vía Láctea se da una colisión de dos estrellas de neutrones cada
100.000 años.
Las simulaciones realizadas por estos investigadores involucran
tanto las propias estrellas como el material que las rodea durante
y justo después de la colisión. Según sus resultados las colisiones
nucleares relativistas que se dan durante ese tipo de eventos
permiten la síntesis de 5000 tipos diferentes de núcleos (contando
isótopos) que finalmente decaen hasta núcleos estables.
Cuando este tipo de estrellas colisionan, las fuerzas de marea y de
presión producen chorros de materia extremadamente caliente con una
masa superior en varias veces a la masa de Júpiter. Es durante el
enfriamiento de este plasma cuando se produce la mencionada
síntesis nuclear de elementos pesados. Estos elementos son
reciclados en cadenas nucleares que involucran también fisión de
núcleos superpesados y que finalmente dan lugar a los elementos
pesados que podemos observar. Además, el resultado es prácticamente
insensible a las condiciones iniciales.
Al parecer este escenario permite explicar de una forma natural la
misma distribución de elementos observada tanto en estrellas viejas
como en nuestro propio sistema solar.
Estos investigadores planean ahora mejorar las predicciones de este
modelo mediante el refinamiento de las simulaciones numéricas y así
seguir el proceso con mayor detalle.
Por otro lado, se puede intentar realizar observaciones
astronómicas que detecten fuentes de luz asociadas con la eyección
de materia por parte de estrellas de neutrones en colisión. Debe de
producirse un calentamiento del material producido mediante este
mecanismo cuando los elementos decaen en núcleos más ligeros. Dicho
calentamiento produciría un destello luminoso, que duraría unos
días, comparable al brillo producido por la explosión de una
supernova. Dicha detección confirmaría esta nueva teoría.
También estos días se ha publicado un trabajo sobre el origen
del oro y los elementos pesados en la corteza terrestre. Dicha
presencia es difícil de explicar si estaban ahí desde un principio,
pues durante las primeras fases de formación planetaria los
elementos más pesados tenderían a caer hacia el núcleo de una
Tierra fundida.
Según una nueva idea los elementos más pesados de la corteza fueron
sembrados después, durante el bombardeo de meteoritos que sufrió
nuestro planeta y una vez éste presentaba un aspecto más
sólido.
La teoría está apoyada por un estudio isotópico que permite fechar
el momento en el que ciertas muestras de oro y wolframio fueron
depositadas en lo que hoy es Groenlandia.
Así que, según diversas teorías, los meteoritos serían responsables
de la vida, del agua y del oro sobre la Tierra.
Mucho tiempo después los humanos conquistaron América o viajaron como locos a California o a Alaska, presas de una fiebre sin control. Iban en busca de ese oro que tantas peripecias espaciales ha sufrido. Pero esa es otra historia. Es preferible pensar en los elementos más ligeros que forman su cuerpo, amigo lector, y meditar sobre que una vez formaron parte de un dinosaurio jurásico o un trilobites cámbrico. Nos adornamos con oro pero nuestros cuerpos pueden prescindir de él.
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