Dos resultados recientes intentan explicar por qué la reproducción sexual es tan frecuente y por qué hay algunos casos de reproducción asexual.
iempre se nos ha dicho que la reproducción sexual presenta muchas ventajas sobre otros sistemas de reproducción. La reproducción sexual requiere más tiempo y energía que la asexual, pero es mucho más frecuente entre los organismos vivos, así que debe de proporcionar más beneficios. Al fin y al cabo el sexo es casi ubicuo.
Nos dicen que gracias a ella se produce una mayor variabilidad
genética y así los individuos resultantes pueden enfrentarse a
nuevos problemas, cambios en el entorno y a nuevas y antiguas
enfermedades. También nos dicen que las especies que se reproducen
sexualmente pueden evolucionar más rápidamente, aunque el mecanismo
mediante el cual hay una selección natural de los propios
mecanismos evolutivos está poco claro (¿evolucionan los propios
mecanismos evolutivos?).
Por otro lado, algunos científicos menos ortodoxos, como Lynn
Margulis, ya propusieron hace tiempo que, en realidad, la
reproducción sexual se da porque los organismos que la usan están
atrapados en ella por ser pluricelulares y que cuando tienen una
oportunidad prescinden de ella.
Ahora veremos dos casos sobre este tema que han aparecido
recientemente en la literatura científica.
Según Maurine Neiman del UI College of Liberal Arts and Sciences los organismos vivos tienen buenas razones para usar la reproducción sexual. En un artículo publicado en Molecular Biology and Evolution (el artículo aparece en portada), ella y sus colaboradores examinan la teoría de la reproducción sexual.
El estudio se centra en la reproducción de variedades del caracol
de agua dulce de Nueva Zelanda Potamopyrgus antipodarum, que poseen
tanto reproducción sexual como asexual según a la variedad en
particular a la que pertenezca. En concreto, analizaron el genoma
mitocondrial (las mitocondrias se heredan siempre por vía materna
en caso de reproducción sexual) de estos caracoles, encontrando que
la reproducción sexual había conseguido acumular la mitad de
mutaciones dañinas en sus genomas que la reproducción asexual.
Éste es el primer estudio en comparar la acumulación de mutaciones
en una especie cuyos individuos coexisten tanto en reproducción
asexual como sexual. Neiman sostiene que esto constituye la primera
prueba directa de que la reproducción sexual ayuda a evitar la
acumulación de mutaciones perjudiciales.
Neiman planea continuar su investigación sobre evolución para
aclarar las ventajas que ofrece la reproducción sexual y una mejor
comprensión del valor de la conservación de la diversidad genética
dentro de las poblaciones, especies y comunidades ecológicas.
Por otro lado, los rotíferos de la clase Bdelloidea no han usado
la reproducción sexual durante 30 millones de años (algunas fuentes
dicen que durante 40 millones de años o más). Según las supuestas
ventajas de la reproducción sexual, estos animales microscópicos
pluricelulares de agua dulce deberían haber desaparecido hace
tiempo.
Estos invertebrados emplean un sistema curioso para librarse de los
patógenos: se dejan secar y llevar por el viento, una vez que
entran de nuevo en contacto con el agua dulce vuelven a la vida. En
NeoFronteras ya publicamos unos resultados interesantísimos sobre
transferencia horizontal de genes en estos invertebrados hace un
tiempo.
Paul Sherman y Chris Wilson, ambos de Cornell University, han realizado experimentos sobre los animalillos mencionados, publicando los resultados en Science (aparece también en portada).
Estos rotíferos han confundido a los científicos durante mucho
tiempo, pues son animales completamente asexuales. Deberían de
haber sido víctimas de parásitos y patógenos hace mucho tiempo,
pero en su lugar han proliferado en 450 especies distintas. Estos
animales se reproducen por clonación y, en teoría, conservan las
misma carga genética generación tras generación, salvo por el
efecto de las mutaciones ocasionales (o de la transferencia
horizontal de genes). Recordemos que la reproducción sexual, al
tener copias de los genes del padre y de la madre, efectúa una
nueva combinación genética para la descendencia. Se cree que este
"barajado" de genes proporciona una defensa frente a
parásitos y patógenos.
Quizás el hecho de que estos animalillos se dejen desecar y llevar
por el viento a otros lugares compense la supuesta escasa
variabilidad genética y resuelva el misterio.
Wilson infectó a propósito poblaciones de rotíferos con un hongo
letal y encontró que todos morían al cabo de unas pocas semanas.
Entonces desecó otras poblaciones infectadas y los mantuvo en ese
estado durante diversos periodos de tiempos. Descubrió que cuanto
más tiempo habían permanecido desecados más éxito tuvieron a la
hora de volver a la vida libres de infección una vez les
proporcionó agua.
En una segunda tanda de experimentos Wilson dispuso de rotíferos
deshidratados e infectados por el mismo hongo en una cámara de
viento. Pudo comprobar que los rotíferos fueron capaces de
dispersarse y establecer nuevas poblaciones libres del hongo
asesino. Después de siete días de viajar en el viento se conseguían
tantos rotíferos libres del hongo como 3 semanas de deshidratación
sin viento.
Por tanto, la desecación y el viaje con el viento proporcionaba la
oportunidad de prosperar sin las presencia de esa infección,
permitiendo la aparición de poblaciones sanas.
Según Sherman estos animales están esencialmente jugando un juego
evolutivo de escondite en el espacio y en el tiempo. Pueden dejarse
llevar por el viento para así colonizar parches de hábitat libres
de parásitos donde se puedan reproducir rápidamente (gracias a su
reproducción asexual) y partir de nuevo a otros lugares antes de
que el parásito los ataque. Esto les permite evadir a sus enemigos
sin la necesidad de reproducción sexual, empleando un mecanismo que
ningún otro animal puede usar.
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fss
holissssssssss que hacessss???????
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no tienen nada que haser