Según un estudio la felicidad depende de pequeñas cosas como el altruismo, la familia, ir a la iglesia, mantener un peso adecuado y tener una pareja alegre.
lifford Stern, el personaje interpretado por Woody Allen en "Delitos y Faltas" realiza un documental sobre el profesor Levy, un supuesto sabio desconocido que parece tener respuesta a los grandes interrogantes de la vida, mientras que Clifford tiene que hacer trabajos que no le gustan para poder sobrevivir. Según este profesor ficticio todos nosotros tenemos que enfrentarnos en nuestras vidas a decisiones agónicas, decisiones morales. "Pero nos definimos a nosotros mismos por las elecciones que hemos tomado. Somos, de hecho, la suma de todas nuestras decisiones. Los eventos se desarrollan tan impredeciblemente, tan injustamente que la felicidad humana no parece estar incluida en el diseño de la creación. Es solamente nosotros, con nuestra capacidad de amar, los que dotamos de sentido a un universo indiferente. Y aún así, la mayoría de los seres humanos parece tener la habilidad de seguir intentando e incluso tratando de encontrar la felicidad en las pequeñas cosas, como su familia, su trabajo y en la esperanza de que futuras generaciones puedan entenderlo mejor."
Obviamente el profesor Levy no tiene todas las respuestas que nos
gustaría tener. La ciencia tampoco. Puede que incluso las novelas o
películas sean mejores modelos de la realidad humana que la ciencia
a la hora de explicar algo tan intangible como "la
felicidad". Si queremos estudiar la felicidad desde el punto
de vista científico puede que no nos quede más remedio que realizar
encuestas a la gente y ver que decisiones o factores han sido
decisivos en sus vidas a la hora de alcanzar cierta felicidad.
Bruce Headey, profesor en la Universidad de Melburne, y su equipo
de colaboradores han realizado precisamente esto mismo. Estos
investigadores empezaron entrevistando a 3000 personas al año, pero
han terminado entrevistando a 60.000 anualmente al final del
periodo de 25 años que ha durado hasta ahora el estudio.
Llegan a la conclusión de que la elección de una pareja apropiada,
ir o no a la iglesia y la estima que se tenga del propio cuerpo son
determinantes a la hora de alcanzar la felicidad. Este resultado
desafía la teoría aceptada hasta ahora según la cual la felicidad
estaría predeterminada por lo genes.
Según esta teoría la felicidad a largo plazo de los individuos
tiende a estabilizarse porque depende principalmente de factores
genéticos. Esta idea se basa en parte en estudios sobre gemelos que
muestran que si son genéticamente idénticos tienen niveles más
similares de satisfacción respecto a la vida comparados con gemelos
que no sean idénticos. Estos estudios sugieren además que aunque el
nivel de felicidad puede ocasionalmente cambiar bruscamente debido
a eventos importantes que puedan aparecer en la vida, se retorna
siempre a los niveles previos de felicidad al cabo de dos años o
menos.
Sin embargo, según este nuevo estudio, ciertos cambios en el estilo
de vida dan lugar a cambios significativos a largo plazo en la
felicidad, en lugar de provocar solamente cambios temporales según
la teoría antes explicada.
Una de las mayores influencias sobre la felicidad de las
personas es el nivel de neuroticismo de la pareja sentimental.
El neuroticismo es un término psicológico correspondiente a un
rasgo psicológico que define una parte de la personalidad. Los que
puntúan alto en los test sobre este rasgo tienen inestabilidad
emocional, inseguridad, tasas altas de ansiedad, estado continuo de
preocupación y tensión, con tendencia a la culpabilidad y
generalmente poseen una sintomatología psicosomática.
Según este estudio, aquellas personas cuyas parejas puntúan alto en
este rasgo son más propensas a ser infelices y permanecen infelices
durante el tiempo que dure su relación.
Otros factores importantes respecto a la felicidad según este
estudio son el altruismo y la familia. Las personas que en las
entrevistas tenían como prioridad en la vida mantener
comportamientos altruistas eran recompensadas con un aumento de la
satisfacción vital a largo plazo. Lo mismo se podía decir de
aquellos que mantenían metas familiares.
Por el contrario, aquellos que priorizaban la carrera profesional o
el éxito material experimentaban el efecto contrario.
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Mantener un compromiso religioso parece también aumentar la
felicidad. Las personas que van a la iglesia regularmente parecen
ser más felices que la gente no religiosa.
El peso de la persona es también un factor importante relacionado
con la felicidad, especialmente en el caso de las mujeres. Las
mujeres con sobrepeso eran significativamente menos felices que las
que tenían un peso adecuado. Los hombres excesivamente delgados
puntuaron ligeramente por debajo en términos de satisfacción vital
que los hombres con un peso sano. Sin embargo, el sobrepeso no
parece afectar a la felicidad de los hombres.
Según este grupo de investigadores los hallazgos puede que también
sean aplicables a otras poblaciones, pues en otro estudio aún sin
publicar sobre Reino Unido y Australia dicen haber encontrado
patrones similares.
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Así que si quiere ser feliz ya sabe la receta: conviva con una
persona alegre y positiva, manténgase en un peso ideal, vaya a la
iglesia con regularidad, colabore con los demás altruistamente,
ayude a la familia y no se centre demasiado en su carrera o en el
dinero.
Si nos fijamos en lo anterior es poco más o menos lo que decía el
profesor Levy, aunque a él no le ayudó mucho saber esta receta,
pues hacia el final de la película se suicida. El sabio dejó, eso
sí, una nota no demasiado profunda como último pensamiento:
"He saltado por la ventana".
Quizás el asunto de la felicidad sea más complicado que todo esto,
o puede que no todo en la vida dependa de la felicidad. Puede que
si todos fuéramos completamente felices no habría ni siquiera
novelas o películas. Nadie crea si es completamente feliz, pues
está muy ocupado siendo feliz.
Alguien verdaderamente inteligente busca la felicidad, pero puede
que deje de serlo en el mismo momento que la encuentre. Aunque lo
más probable es que nunca la halle.
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