El genoma de Acropora digitifera puede ayudar a entender por qué el coral es tan sensible a los cambios en el medio ambiente y además apunta a que este animal se separó del resto hace 500 millones de años.
i todo sigue como hasta ahora todos los arrecifes de coral del mundo habrán desaparecido dentro de unos veinte años. La acidificación, la subida de la temperatura del mar, las malas artes de pesca, la contaminación y otros factores están acabando con ellos. Desde el punto de vista ecológico un arrecife coralino es el análogo en el mar en biodiversidad a las selvas de tierra firme. Así que en unos veinte años uno de los ecosistemas más ricos y bellos de la Tierra habrá desaparecido para siempre. No habrá más "cousteaus" ni aficionados ni profesionales que puedan contemplarlos (ni en TV ni en directo), ni gente local que pueda beneficiarse de la pesca o del turismo.
Bajo este punto de vista toda información sobre los corales puede
ser fundamental a la hora de evitar el desastre. Precisamente ahora
se ha publicado la secuenciación del genoma completo del coral, en
concreto de la especie Acropora digitifera. Esta tarea la
han realizado expertos del Instituto para la Ciencia y tecnología
de Okinawa en Japón.
El coral está sufriendo las consecuencias de los efectos que el ser
humano está provocando en su entorno. Así por ejemplo, en 1998 los
corales de Okinawa y de otras partes del mundo sufrieron un proceso
de blanqueamiento que provocó la muerte de los pólipos. Aunque
conocer el genoma del coral no va a permitir saber inmediatamente
las causas del blanqueamiento ni a evitarlo, puede facilitar su
estudio.
En este instituto de investigación japonés han usado la última
generación de secuenciadoras para descodificar el genoma de
Acropora digitifera, que consta de 23688 genes
codificadores de proteínas. Gracias a esta secuenciación han
averiguado varios aspectos muy interesantes de este animal.
Comparando este genoma con los de otros cnidarios (hidras, anémonas
y medusas) han podido inferir que el origen del coral se dio hace
500 millones de años, mucho antes de lo que se creía y 250 millones
antes que los fósiles más antiguos encontrados hasta ahora. El
coral divergió en ese momento del antepasado de la anémona
Nematostella vectensis.
Entre los hallazgos más relevantes se puede citar que carece de la
enzima para sintetizar el aminoácido cisteína, por lo que tiene que
recurrir a un simbionte microscópico que vive en el interior de sus
células para poder hacerse con este aminoácido esencial, en
concreto de dinoflagelados del género Symbiodinium. Pese a
que esta endosimbiosis parece muy antigua, no se han hallado
señales de transferencia horizontal de genes. Esta dependencia del
simbionte podría ser una de las razones por las que el coral es tan
sensible al cambio climático.
También han encontrado en el genoma genes que expresan aminoácidos
similares a la micosporina que son compuestos que brindan
protección a la radiación ultravioleta. Esto es lógico si se piensa
que los corales habitan en ambientes en los que son expuestos a una
fuerte irradiación solar .
El análisis de este genoma ha permitido además saber que su
sistema inmunitario es significativamente más complejo que los
otros miembros de cnidaria (hidras, anémonas y medusas), que no
tienen al simbionte Symbiodinium en su seno. Esto
significaría que los genes de Acropora digitifera juegan
papeles múltiples en simbiosis o colonialidad.
Por último, varios genes encontrados juegan papeles en la
calcificación y algunos de ellos son exclusivos del coral.
Todo este repertorio de hallazgos indica claramente que el genoma
del coral proporciona una plataforma para comprender las bases
moleculares y respuestas a los cambios del medio ambiente.
"Empezamos esta investigación desde cero hace unos tres años…
El hecho de que esta investigación se haya realizado en Okinawa,
una isla rodeada de bellos arrecifes de coral, hace este trabajo
incluso más especial", afirma Noriyuki Satoh, líder del
proyecto.
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