Un volcán islandés (Eyjafjallajökull) expulsa un poco de ceniza durante unos días y el tráfico aéreo europeo se paraliza, produciendo cuantiosas pérdidas económicas y numerosos trastornos a los viajeros. Pero, ¿y si volcanes similares a éste estuvieran expulsando gases y otros materiales durante más tiempo, como por ejemplo un millón de años? Esto ya sucedió en el pasado y el estudio de este tipo de fenómenos y sus consecuencias para la vida en la Tierra nos pone en la verdadera perspectiva en la que se encuentra el ser humano: ocupamos una brevísima ventana de tiempo geológico. Dos estudios recientes nos hablan de la actividad volcánica del pasado y de cómo afectó a la vida en la Tierra de aquel entonces. También son importantes a la hora saber cómo pueden afectar las emisiones contaminantes humanas a la Tierra y a nosotros mismos.
uevas pruebas encontradas en rocas calizas chinas sugieren que una actividad volcánica masiva expulsó tanto dióxido de carbono durante un millón de años que produjo la mayor extinción masiva sobre la Tierra. Naturalmente hablamos de la extinción que se produjo al final del Pérmico, hace 250 millones de años. Este dióxido de carbono acidificó el agua oceánica de tal modo que el 90% de las especies marinas se extinguieron, así como un 75% de las especies terrestres.
En aquella época los océanos eran ricos en vida, con corales,
algas, almejas, caracoles proliferando por doquier, algo que se
puede apreciar muy bien en las rocas calizas de la época y gracias
a que estos seres fosilizan bastante bien. Después hay un cambio
abrupto en el registro fósil y prácticamente sólo queda un mundo
dominado por bacterias.
Según el autor principal del estudio, Jonathan Payne, de Stanford
University, el calcio que se encuentra en las calizas de provincia
china de Guizhou puede ayudar a responder la pregunta que los
científicos han estado debatiendo durante décadas: ¿qué produjo
esta extinción masiva?
Se han propuesto diversas respuesta a esta pregunta que incluyen la
típica del meteorito, bajos niveles de oxígeno en el agua y el
vulcanismo. Sin embargo, ha sido difícil destacar una de ellas.
Payne y sus colaboradores pensaban que los isótopos de carbono
apuntaban al origen volcánico de la extinción, pero no podían
distinguir definitivamente esta posibilidad de las demás en el
registro geológico.
Hace dos años se dieron cuenta que el calcio de las rocas calizas
podía ser la respuesta al problema, porque los distintos isótopos
de este elemento podían hacer destacar una de las posibilidades en
el escenario de extinción. Así que estudiaron la razón entre la
cantidad de isótopos pesados de calcio frente a ligeros en rocas de
ese periodo. Pudieron inferir que en esa época se produjo un cambio
químico y determinar su origen. Concretamente se produjo una
acidificación del agua marina que encaja con la firma dejada por el
dióxido de carbono liberado por volcanes. Según los autores del
estudio los volcanes culpables de esta extinción probablemente
serían los que en aquella época entraron en erupción en lo que hoy
es Siberia.
Calculan que las erupciones duraron hasta un millón de años,
liberando de 13.000 a 43.000 gigatoneladas de carbono a la
atmósfera. Si el ser humano quemara todas las reservas de
combustible fósil (algo a lo que parece estamos dispuestos)
liberaría unas 5000 gigatoneladas.
Durante estas erupciones grandes cantidades de dióxido de carbono y
roca fundida se abrieron paso a través de la corteza terrestre
quemando las rocas calizas y liberando dióxido de carbono a la
atmósfera. Esto hizo que el agua del océano y de la lluvia fuera
más ácida, disolviendo más calcio en el océano.
Según Payne, aunque la humanidad no puede liberar tanta cantidad de
dióxido de carbono como los volcanes siberianos de aquella época lo
podemos hacer a un ritmo más rápido. El caso de la extinción del
Permico se debe ver como el peor escenario posible al que podríamos
enfrentarnos si seguimos quemando combustibles fósiles y aumentando
la acidez oceánica. "No necesariamente terminaremos en un
mundo que se parezca al que surgió después de la extinción del
Pérmico, pero ese evento resalta el hecho de que las cosas van muy,
muy mal", añade Payne.
El National Resource Council informó recientemente que la química
del océano está cambiando más rápido de lo que lo ha hecho en los
últimos cientos de miles de años debido al dióxido de carbono
liberado por la actividad humana y que finalmente acidifica el agua
oceánica.
Diversos estudios han mostrado que el aumento de acidez oceánica
disminuye la actividad fotosintética, la absorción de nutrientes y
altera el crecimiento y reproducción de los organismos marinos.
Además de seguir estudiando estas rocas chinas, el equipo de
investigadores estudiará otras en Turquía central, sur de Japón y
este de China.
Pero no hace falta retrotraerse hasta hace 250 millones de años. Hace 55 millones de años la temperatura del planeta subió 5 grados y permaneció así durante 170.000 años. Miles de especies marinas desaparecieron entonces, aunque esto coincidió con la diversificación de las plantas y el dominio de los mamíferos. Según unos científicos, este hecho también se debió a una serie de erupciones, esta vez submarinas, que saturaron la atmósfera con billones de toneladas de metano, un potente gas de efecto invernadero.
Los investigadores han estado buscando durante mucho tiempo la
causa del cambio climático denominado Máximo Térmico del
Paleoceno-Eoceno (PETM en sus siglas en inglés). Hace 5 años una
posible respuesta a este misterio apareció en los testigos
obtenidos por perforación y los datos sísmicos del mar de
Noruega.
Estos testigos y datos sísmicos indicaban que una vez hubo cráteres
de 700 km de ancho en el fondo del océano. Esto sugería que el área
había experimentado una actividad volcánica nunca vista en la
historia humana. Además, los cráteres estaban en una región que
contiene grandes reservas de metano.
Henrik Svensen, de la Universidad de Oslo, y sus colaboradores
estudiaron los cristales de zircón encontrados en los sedimentos
marinos obtenidos en esas perforaciones. Analizando las
proporciones de isótopos de uranio y plomo concluyeron que los
sedimentos tenían 55 millones de años, es decir, se formaron justo
cuando empezó el Máximo Térmico del Paleoceno-Eoceno.
Según este grupo de investigadores el magma de los cráteres calentó
los sedimentos que había por encima, liberándose grandes cantidades
de metano. Este gas burbujeó hasta llegar a la atmósfera en donde
permaneció durante 200.000 años, produciendo un potente efecto
invernadero.
El resultado, aunque convence a expertos del campo como Matthew
Huber de Purdue University, no convence a otros, como Alan Jay
Kaufman, de University of Maryland. Según éste último, el estudio
apunta a que las erupciones coincidieron en el tiempo con el PETM,
pero que no se demuestra una relación causa-efecto. Así por
ejemplo, no se cuantifica el metano liberado.
Recordemos que uno de los miedos de los climatólogos es que el
aumento de temperatura producido por el calentamiento global libere
de manera irreversible metano en grandes cantidades procedentes del
permafrost y de los claratos oceánicos.
El efecto de la acidificación oceánica también es un grave problema
actual para el que no se ha propuesto ninguna solución, ni siquiera
de geoingeniería global. Es el producto de nuestras emisiones de
dióxido de carbono.
Estamos comprando distintos y muchos números a una lotería cuyo
"premio" supondría el fin del mundo tal y como lo
conocemos. De momento no estamos haciendo nada para evitar que nos
toque "el gordo" y ni siquiera tomamos nota de los
eventos del pasado que nos informan de lo que puede pasar si
continuamos en nuestra actual trayectoria suicida.
Un argumento erróneo que se suele utilizar en estos casos es
suponer que puede haber extinciones (al fin y al cabo se supone que
el ser humano tiene más derechos que cualquier otra especie) sin
que afecte al ser humano, pero esto no es así. La realidad es que
necesitamos la biodiversidad más que nunca en un planeta de seis
mil millones de personas que serán nueve mil millones en 2050, como
recordaba recientemente Achim Steiner, director ejecutivo del
Programa de Medio Ambiente de la ONU. La biodiversidad permite el
funcionamiento de los ecosistemas de los cuales nosotros dependemos
para obtener comida y agua. El ser humano forma parte de los
ecosistemas y no podemos sustraernos a ellos.
Perdemos ya biodiversidad a un ritmo nunca visto antes sin
necesidad de castástrofes volcánicas o de una acidificación
océanica o cambio climático pronunciados. Los niveles de extinción
de especies pueden llegar a ser ya mil veces superiores a lo que se
consideraría normal. Las emisiones antropogénicas sólo empeorarán
la situación.
Si quieres recibir cada semana las noticias más interesantes suscríbete a nuestro boletín.


Como matar dos problemas con un solo tiro
Si desarrollamos una tecnología para inyectar cantidades gigantes de agua a los volcanes obtenemos vapor de esa energía, hacemos funcionar turbinas de vapor enfriamos el volcán y ahorramos combustible fósil.
Esto se hace a muy pequeña escala tendría que intentarse a nivel de inversión de una plataforma petrolera los numero seguro darán.
Es mas facil usar petroleo estamos como el cuento de la cigarra y la hormiga.
La lava se puede controlar creo que fue en noruega que la desviaron usando grandes cantidades de agua de mar.
Ya estarían en Yellowstone que tienen cerquita el magma y temen que explote enfriandolo y aprovechando esa energía. O eso pone nerviosas a las petroleras???