Nuestra especie pertenece a este planeta, a este maravilloso punto azul pálido. Somos el producto de miles de años evolución biológica y en ningún sitio nos encontraremos más cómodos que aquí. Sólo necesitamos no destruir este mundo con nuestra estulticia y egoismo. Pero soñamos con que un día podamos viajar a otros planetas y lugares del sistema solar. En un ataque de hiperoptimismo algunos incluso sueñan con que en algún momento podamos viajar a las estrellas.
Hace 23 siglos se disponía poco más que el conteo de pasos para
medir distancias. Pero ya se habían inventado las Matemáticas y,
además de la Aritmética, se disponía de la Geometría. En esa época
Eratóstenes midió los pasos entre lo que es la actual Asuán en
Egipto y Alejandría (u ordenó a alguien para que lo hiciera o copió
el dato oficial disponible). Durante el solsticio de verano el Sol
proyecta sombras verticales en Asuán a mediodía, así que los rayos
del sol son verticales y, en época, Eratóstenes podía medir al
ángulo relativo del Sol en Alejandría durante el solsticio de
verano midiendo la sombra proyectada por un palo (usó probablemente
en realidad un cuadrante solar o algo similar).
Eratóstenes sabía que la Tierra era redonda, como cualquier persona
instruida de la época, y se propuso medir el tamaño de este mundo
usando esos datos, su intelecto y un poco de geometría. Si la
unidad de medida fue el estadio egipcio (no se está seguro de este
punto, pues pudo ser el estadio griego el usado) el matemático,
astrónomo y geógrafo logró medir un valor para la circunferencia
terrestre de 39.614,4 km frente a los 40.008 km reales, valor que
arroja menos de un 2% de error. A la hora de calcular la distancia
a la Luna fue menos afortunado y calculó que había 123.280 km en
lugar de los 384.400 km reales. Para la distancia Tierra-Sol obtuvo
139.996.500 km frente a los 149.597.870 km reales. Aunque en estos
casos las órbitas elípticas no arrojan una distancia fija en el
tiempo.
De todos modos, el error que cometió fue muy pequeño dada la
existencia casi nula de tecnología de precisión en esa época.
Durante siglos la única manera que había de medir distancias era usando la geometría, en concreto la trigonometría. A base de ángulos y distancias de referencia ya medidas se podían levantar mapas de las líneas de costa de los continentes conocidos. Las distancias a los otros cuerpos del sistema solar no mejoraron mucho, sobre todo porque el sistema geocéntrico usado durante un tiempo era un modelo equivocado y no se disponía de tecnología suficiente. La invención del telescopio y de instrumentos de precisión ópticos para medir ángulos facilitó mucho la tarea, pero había que esperar a eventos especiales, como el tránsito de Mercurio o Venus, para conseguir mejor precisión o medir una nueva distancia. Las leyes de Kepler permitieron dar un paso más allá: medida la distancia de un planeta al Sol teníamos la distancia de todos los planetas al Sol. Además se tomó la Unidad Astronómica (UA) como unidad de medida en el Sistema Solar, que es la distancia que hay entre la Tierra y el Sol: 149.597.870 km.
Ahora ya podemos medir directamente la distancia a la Luna
mediante un sistema láser y gracias a los reflectores dejados allí
por el proyecto Apolo. Con ese sistema se pueden medir directamente
cambios en esa distancia minúsculos en comparación a la distancia
que total.
También podemos enviar una señal de radar y medir directamente la
distancia hasta Venus y partir de ahí calcular con bastante
precisión la distancia de los demás planetas al Sol. Por primera
vez tenemos una idea precisa del tamaño del Sistema Solar. A
Eratóstenes seguro que le hubiera gustado saber todo esto. Este es
el primer paso para medir distancias en el Universo sin necesidad
de usar una cinta métrica física.
Conocer la distancia a las estrellas cercanas es un poco más
complicado, no hay manera de enviar un reflector láser a alguna de
ellas, ni manera de recibir un eco de radar que enviemos. Pero
podemos usar la Trigonometría. Ya sabemos cómo calcular una Unidad
Astronómica, así que podemos observar el Universo con una
diferencia de medio año y ver si cambia.
Algo como el paralaje lo podemos experimentar fácilmente con
nuestro propio cuerpo. Aleje un brazo de su cara con el pulgar
hacia arriba y observe el pulgar frente a un paisaje de fondo como
referencia. Si guiña el ojo derecho e izquierdo alternativamente
verá que la posición relativa del pulgar cambia respecto al paisaje
aunque no mueva el brazo. Cambia porque la perspectiva desde la que
observamos cambia. Incluso aunque el paisaje no esté en el infinito
puede hacerse una muy buena idea de la distancia a la que se
encuentra el pulgar.
Ahora imagine que cada uno de sus ojos representa la Tierra, que la
distancia entre ojos es dos UA y que el pulgar es una estrella
cercana frente a un fondo de estrellas "fijas". Basta
tomar dos fotos separadas 6 meses para ver el cambio de posición de
una estrella cercana y medir su distancia. La unidad que en este
caso se suele utilizar es el parsec, que se define como la
distancia a la que una estrella mantiene un ángulo de un segundo de
arco bajo una línea de base de 1 UA. Un parsec son 3,6 años luz (el
año luz es la típica unidad divulgativa).
Ya tenemos la manera de medir distancias a las estrellas cercanas,
sólo hemos necesitado una calibración basada en el método previo y
un poco de trigonometría.
Medir la distancia a estrellas más lejanas es más complicado,
pues no hay manera de usar el paralaje en este caso. Pero podemos
seguir valiéndonos de la geometría.
La luz que emite un cuerpo se reparte en la superficie de la esfera
imaginaria que lo rodea. A mayor distancia del cuerpo emisor mayor
superficie sobre la que se reparte la luz sobre ella. Como la
superficie va con el cuadrado de la distancia podemos afirmar que
la luz recibida de un cuerpo es inversamente proporcional al
cuadrado de la distancia que nos separa de él. Si sabemos cuánta
luz emite y medimos la luz que recibimos, entonces sabremos la
distancia que media entre nosotros y ese objeto. Esta ley es
geométrica y, por tanto, universal. Puede aplicarse a cualquier
cosa que emita luz, sea una estrella, una galaxia o una
bombilla.
El problema es que casi nunca sabemos la cantidad real de luz
emitida por un objeto astronómico. Las estrellas son muy distintas
unas de otras y tienen distintos tamaños y luminosidades
diferentes. No digamos si es un conjunto de estrellas como una
galaxia o un cúmulo globular. Así que el santo grial de la
astronomía es encontrar candelas estándar de brillo intrínseco
conocido.
Pero el espectro de una estrella nos puede dar información sobre
cómo es la estrella en cuestión y estimar su luminosidad. Es lo que
se llama paralaje espectral (otro nombre poco afortunado), que
permite medir distancia entre 100 y 10.000 parsecs.
Es ahora cuando algunos tipos específicos de estrellas nos pueden
echar una mano. Las cefeidas variables son unas estrellas
especiales, pues varían de brillo periódicamente. Su nombre
proviene de δ cefei que es la estrella prototipo de esta clase.
A principios del siglo XX Henrietta Leavitt descubrió que en este
tipo de estrellas seguían una curios ley: a mayor brillo mayor era
el periodo de variación (o menor la frecuencia a la que variaba).
Esto se debe a que este tipo de estrellas aumentan y disminuyen su
tamaño periódicamente.
Ya tenemos una candela estándar, basta medir cómo de rápido cambia
el brillo de una de estas estrellas para saber el brillo intrínseco
de la misma y midiendo la luz recibida aquí podemos saber la
distancia a la que se encuentra ella y el objeto que la
albergue.
Podemos usar esta "cinta métrica astronómica" para
cefeidas variables situadas entre 10.000 parsecs y 15 Megaparsecs
(Mp), aunque todo depende del telescopio que estemos usando.
Las cefeidas variables nos abrieron las puertas a medir distancias
galácticas e incluso permitieron a Hubble medir la distancia a la
galaxia de Andrómeda una vez pudo aislar alguna de ellas en nuestra
galaxia vecina, encontrando que estaba a más de 2 millones de años
luz de nosotros.
Recientemente observaciones del telescopio Spitzer indican que un
25% de las cefeidas pueden estar rodeadas por una nebulosa que
altere su brillo y que, por tanto, el calibrado de este sistema
esté mal en algunos casos, así que los astrónomos deberían tenerlo
en cuenta a la hora de usarlas para medir distancias.
Pero los astrónomos no quisieron conformarse con medir
distancias en nuestra galaxia o medir distancias a galaxias
cercanas. Quisieron conocer distancias a las galaxias que se
encontraban más lejos.
Otra "cinta métrica astronómica" es la relación
Tully-Fisher. Esta relación usa una propiedad en la que la
velocidad de rotación de las galaxias espirales está relacionada
con su luminosidad (otra candela estándar). Este sistema permite
medir distancias hasta de 200 Megaparsecs.
Para la misma gama de distancias tenemos nada más y nada menos
que a las supernovas de tipo Ia. Según los modelos con los que se
cuenta, este tipo de fenómenos se da en sistema dobles en los que
hay una enana blanca con l amasa adecuada y una gigante roja. En
determinadas configuración es posible que la enana blanca robe
material a la gigante roja y se forme un disco de acreción a su
alrededor. El material puede caer con la suficiente rapidez (de
otro modo se daría un fenómeno de nova) sobre la superficie de la
enana blanca de tal modo que la enana alcanza el límite de masa
Chandrasekhar, la estrella colapsa de golpe y esto permite la
fusión del carbono en el núcleo. Esta ignición se da de golpe y se
propaga por toda la estrella, que estalla explosivamente. Como el
límite de Chandrasekhar es fijo, la explosión se da de una manera
muy similar en distintos casos para este tipo de estrellas . ¡Ya
tenemos otra candela estándar!.
Además, el brillo de las explosiones de supernovas de tipo Ia es
muy intenso (puede ser varias veces superior a la galaxia que la
acoge) así que es visible a distancias cosmológicas. Encima la
evolución de ese brillo sigue una curva temporal también estándar
y, por tanto, este tipo de explosiones puede ser reconocido con
facilidad. Gracias a este tipo de supernovas se descubrió que el
Universo se expande a un ritmo acelerado, resultado que ha llevado
a pensar en la existencia de la famosa energía oscura y que ha
proporcionado a los autores de este descubrimiento el premio Nobel
de Física este año.
La capacidad de usar este método en Cosmología depende de lo bueno
que sea el telescopio. Un telescopio en órbita dedicado a este tipo
de medidas podría medir explosiones más lejanas, lo que nos
permitiría rechazar o apoyar las teorías que tratan de explicar la
expansión acelerada.
Para medir mayores distancias dependemos del corrimiento al rojo
cosmológico. Cuanta mayor es la distancia a la que se encuentra el
objeto mayor es el corrimiento hacia la parte roja del espectro de
determinadas líneas espectrales. Esto fue descubierto por Hubble y
se puede asumir que la relación entre uno y otro es de
proporcionalidad. Este método no está basado en ninguna candela
estándar.
Recordemos, una vez más, que este corrimiento al rojo no es
Doppler, ni está asociado al movimiento de una galaxia en el
espacio, sino que se debe a que el espacio que hay entre nosotros y
esa galaxia se expande por motivos cosmológicos.
La manera más sencilla de medir este tipo de distancias es sabiendo
la constante de Hubble que es la constante de proporcionalidad que
relaciona distancia y "velocidad de recesión". En
trabajos recientes aquí mencionados, se ha conseguido medir la
constante de Hubble con un error menor del 5%, dando un valor de
67.0 ± 3,2 km/s por Megaparsec.
Los astrónomos, de todos modos, no suelen dar las distancias a
galaxias o quasars lejanos, sino que proporcionan
solamente el corrimiento al rojo, que es independiente del modelo
cosmológico usado. El objeto galáctico UDFy-38135539 es uno de los
más lejanos conocidos y se estima para él un corrimiento al rojo de
z=8.6. Cuando la luz de ese objeto fue emitida, el Universo contaba
solamente con unos pocos cientos de millones de años.
Ahora anuncian la propuesta de una nueva candela estándar,
noticia que nos ha servido como excusa para contar todo lo
anterior.
Según un grupo de astrónomos australianos y daneses, el nuevo
sistema permitiría medir distancias mayores que con la técnica de
supernovas de tipo Ia y está basado en los núcleos de galaxias
activas (NGA). Los métodos basados en candelas estándar, como el de
las supernovas de tipo Ia, no son muy precisos más allá de
z=1.7.
Se cree que en los NGA hay un agujero negro supermasivo que es el
responsable de sus emisiones de energía. En los últimos años se ha
ganado mucho conocimiento sobre este tipo de sistemas y se conoce
bastante bien la relación entre la luminosidad y tamaño de de este
tipo de objetos. Era sólo cuestión de tiempo que alguien se diera
cuenta de que se puede usar como candela estándar para medir
distancias. Aunque la luminosidad del disco de acreción varía, se
conoce bien la física del gas ionizado que lo rodea y el
corrimiento Doppler de la luz emitida por la materia implicada.
Comparando la luz emitida por el disco y la luz reemitida por la
región que lo rodea se puede calcular el radio de esa región y su
luminosidad. Esto nos da otra candela estándar.
Darach Watson dice haber aplicado este método para medir la
distancia a 38 galaxias con este tipo de núcleo hasta z=4, que es
bastante más que z=1.7. El tiempo dirá si este método es preciso o
si se popularizará entre la comunidad astronómica.
En todo caso, cualquier método moderno de los vistos aquí para medir distancias cosmológicas son menos precisos (con mayor error relativo) que el que usó Eratóstenes para medir el tamaño de la Tierra, sobre todo si usó estadios egipcios (157,5 m) como unidad de medida.
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