Por un lado tenemos la relatividad General (RG) y por otro la Mecánica Cuántica (MC). Ambas han sido tremenda exitosas a la hora de predecir el comportamiento de fenómenos físicos y las aplicamos según nuestras necesidades. Si se trata de planetas, galaxias o el Universo (gran escala) mismo aplicamos la primera, si se trata de objetos pequeños como átomos, moléculas o electrones (pequeña escala) aplicamos la segunda. Los efectos cuánticos no se manifiestan cuando ampliamos el tamaño de los sistemas y éstos pasan a comportarse clásicamente.
¿Y que se vería en este caso? Básicamente se vería una figura de
interferencia de la partícula interfiriendo consigo misma. Pero
debido a la existencia del campo gravitatorio habría un desfase
entre las funciones de onda de los distintos caminos (un
desplazamiento del patrón interferencia) y además ese patrón sería
más débil.
Normalmente este desfase suele aparecer en sistemas en los que se
da el efecto Aharonov-Bohm en donde el espacio-tiempo es plano pero
en donde hay un potencial efectivo (generalmente el potencial
vector electromagnético), pero aquí aparece sin que haya tal
potencial debido a que el espacio-tiempo no es plano, sino curvado
debido a la presencia de un masa (la Tierra) que produce un campo
gravitatorio que a su vez induce una decoherencia cuántica.
Los investigadores proponen que con un interferómetro atómico se
podría ver el efecto, incluso aunque no se alcance una
ortogonalidad total entre relojes.
Magdalena Zych, líder del artículo donde se expone la idea, dice
que el experimento requiere tanto Relatividad General como Mecánica
Cuántica y esta interacción entre teorías no ha sido comprobada en
experimentos aún. Por tanto, es la primera propuesta para un
experimento que permite comprobar la noción de tiempo de la RG en
conjunción de la complementariedad cuántica.
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