Aunque desde estas páginas lo cubrimos menos últimamente, los
esfuerzos por conseguir baterías que permitan el uso casero de las
energías alternativas o el automóvil eléctrico no paran. Como ya
sabemos, los secretos sobre el motor eléctrico no existen y su
rendimiento está muy por encima del motor de explosión interna.
Además la construcción del primero sobre el segundo es mucho más
barata y sencilla, además de más barato de mantener. Así que lo que
encare hasta límites estratosféricos al coche eléctrico son sus
baterías. En la actualidad el precio de estos vehículos está a la
altura de los mejores autos de lujos. Hay que añadir a todo eso
algo que sabe cualquier usuario de ordenador portátil y es que al
cabo de un tiempo la batería de litio se muere y hay
cambiarla.
Quizás la solución al problema de las baterías sea su sustitución por supercondensadores. Un condensador puede almacenar carga eléctrica de forma "viva" y no gracias a reacciones químicas. Tiene la ventaja de una carga inmediata y de aguantar un número de ciclos de carga ilimitado. El problema es que a igualdad de peso los supercondensadores almacenan menos carga que una batería convencional.
Esto podría cambiar a raíz de un resultado reciente basado en el
grafeno (tan de moda gracias a los premios Nobel. Han conseguido un
condensador basado en este material capaz de proporcionar 85,6
Wh/kg a temperatura ambiente y 180 Wh/kg a 80 grados centígrados.
Estos valores son plusmarca mundial para supercondensadores basados
en nanomateriales de carbono. El grafeno es una monocapa flexible
de carbono en celdas hexagonales que conduce muy bien la
electricidad. En este condensador se usó además un compuesto de
acetileno, un producto químico denominado PTFE y el electrolito
Celguard-3501.
Recordemos que la capacidad de un condensador depende en gran
medida del área de las placas. En este caso, al usar grafeno se
tiene una buena relación de superficie/peso. Una capa de grafeno
ocupa una superficie de 2675 metros cuadrados por gramo.
La capacidad de almacenamiento del prototipo es comparable a la de
las baterías de hidruros de níquel, pero permite su carga en
segundos o minutos. Según Bor Jang, uno de los científicos de
Nanotek Instruments implicados en el desarrollo, se podría usar
este tipo de tecnología en teléfonos móviles, cámaras digitales,
etc.
Estos científicos siguen intentando aumentar la capacidad de este
tipo de condensador con la meta de conseguir un sistema que supere
a la mejor batería de iones de litio (a igualdad de peso).
Aunque hay muchos equipos tratando de conseguir supercondensadores
basados en grafeno los dispositivos obtenidos hasta la fecha no
llegan, ni de lejos, a los valores de capacidad teóricos de 550 F/g
(faradios por gramo). Pese a la buena relación área/peso, los
condensadores de grafeno no alcanzan el límite teórico debido a que
las distintas capas de grafeno se pegan unas a otras. En este caso
de trata de evitar este problema curvando las distintas capas.
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Pero si el sistema de grafeno nos parece poco exótico quizás sí nos sorprenda otro resultado logrado por Reza Ghodssi y su equipo de la Universidad de Maryland. Estos investigadores tratan de aprovechar las propiedades de autorreplicación y autoemsamblado de los virus para conseguir mejores baterías y pilas de combustible.
En este caso han usado, en concreto, virus del mosaico del tabaco
(TMV) que bajo el microscopio electrónico tienen la forma de
espagueti. Este virus ataca las plantas de tabaco, tomate,
pimientos y otras plantas. En el laboratorio han conseguido usar
las características de este virus para construir pequeños
componentes para las baterías de litio del futuro.
Los investigadores implicados pueden modificar genéticamente estos
virus para que se peguen perpendicularmente a la superficie
metálica de los electrodos de una batería o hacer que se arreglen
en patrones intrincados pero ordenados. Luego pueden recubrir el
resultado con una película conductora (los virus en sí son malos
conductores de la electricidad), generalmente consistente en
níquel. Se trata, como en otros casos, de aumentar la superficie
para poco espacio y peso que facilite las reacciones químicas de la
batería. Añadiendo el electrolito se finalizaría la confección de
la misma. Durante el proceso de manufactura los virus quedan
inutilizados.
Como resultado de este aumento de superficie consiguen aumentar la
capacidad de las baterías y facilitar su recarga. Según afirman,
con este sistema se puede aumentar en 10 veces la capacidad de las
baterías de ión litio.
Los investigadores creen que podría usarse este tipo de baterías en
dispositivos ultrapequeños como sensores y similares. Esta
afirmación hace pensar en las dificultades de conseguir grandes
volúmenes de baterías, pero según los investigadores el uso de TMV
en la fabricación de baterías se puede escalar hasta la producción
industrial. Afirman que el proceso es simple, barato y renovable.
En promedio, una hectárea de tabaco puede producir más de una
tonelada de hojas que pueden proporcionar dos kilos de virus. En
todo caso, es el mejor destino que uno puede imaginar para las
hojas del tabaco.
Además, el uso de virus no estaría limitado a las baterías, estos
investigadores ya trabajan en la detección de explosivos basándose
en la gran superficie proporcionada con este método.
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